Carolina Espinoza, presidenta de la plataforma "Servicio doméstico activo" | Sedoac

Carolina Elías: “Nos gustaría escuchar al movimiento feminista decir ‘yo estoy cuidando a la que cuida’.

En la semana de entrevistas del 8M, hoy hablamos de feminismo, precariedad laboral y de la situación de las mujeres migrantes con Carolina Elías, la presidenta de la asociación Servicio Doméstico Activo (SEDOAC) que lucha porque se reconozca el trabajo remunerado del hogar y los cuidados en igualdad con el resto de trabajadores.

Woman.es | Paka Díaz

Cada año, cuando llega el 8M, cientos de miles de mujeres salen a las calles a manifestarse. Para las mujeres de SEDOAC, Servicio Doméstico Activo, una asociación de mujeres empleadas de hogar y de los cuidados, es algo más complicado. Si son internas, y salvo que el 8M caiga en domingo como este año, la mayoría no puede ir. El resto, se las ve y desea para lograr ir. Carolina Elías, presidenta de la asociación Servicio Doméstico Activo (SEDOAC), una organización que lleva más de una década lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar y los cuidados visibilizando la discriminación y violencias a la que se exponen las mujeres migrantes en este sector laboral en España. Elías puntualiza que “muchas veces hay empleadoras jefas ‘feministas’ que te dicen, ‘María, vete a la marcha del 8M, pero eso sí, déjame hecha toda la casa y la comida para mañana que a mi no me da tiempo’. No son todas, eh. También las hay que te tratan con respeto como a una trabajadora”. Precisamente respeto es la primera exigencia de esta organización que denuncia la desigualdad de las trabajadoras del hogar y los cuidados.

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Como decía esta semana en Twitter la periodista Ana Bernal Triviño, autora del libro 'No manipuléis el feminismo. Una defensa contra los bulos machistas’ además de debatir sobre los techos de cristal, este 8M ”hablemos de los suelos pegajosos. Porque de ahí venimos y ahí está la mayoría de mujeres”. Se trata de no olvidar a las compañeras que en el sector de las empleadas del hogar y los cuidados hacen una labor fundamental y necesitan una equiparación de sus derechos laborales, para que sea verdad que el feminismo pone a los cuidados en el foco. Como dice Carmen Elías, se puede demostrar si, además de este 8M, el 29 de marzo las feministas salen a las calles con ellas: “El 30 de marzo es el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, pero este año hemos decidido celebrarlo el 29, que es domingo y es un día en que las empleadas del hogar internas tienen libre. La quedada es en la Puerta del Sol de Madrid, a las doce del mediodía. Nos gustaría escuchar al movimiento feminista decir ‘yo estoy cuidando a la que cuida’, del mismo modo que nosotras hemos salido a la calle por las luchas de todas, sea La Manada o Juana Rivas”.

Carolina, ¿por qué decidiste venir a España?

Soy salvadoreña de origen. En el Salvador estudié Derecho y justo hace diez años que vivo en España. Me presenté en mi país a una beca para un máster en Género de la Universidad Complutense de Madrid y tuve el privilegio de conseguirla. Así llegué a España. Luego regresé, pero volví para hacer un doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género en la Universidad Autónoma de Madrid. Entonces decidí que quería hacer vida en España y empecé a buscar trabajo, pero el único nicho que encontré fue el de empleada de hogar y los cuidados. Cuando empecé a trabajar tuve que dejar mi tesis doctoral por falta de tiempo.

¿Cómo llegaste a presidenta de SEDOAC? 

Primero conocí a la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España. Yo ya traía esa vena asociativa porque en El Salvador trabajaba con asociaciones de mujeres. Con mi vena activista empecé a colaborar con la Red y ahí conocí a SEDOAC, en 2014 me propusieron que fuera la presidenta y ahí continuamos adelante en la lucha por las trabajadoras del hogar.

¿Qué se siente al no poder tener acceso a trabajos acordes con tus estudios por razones burocráticas?

Me parece muy injusto. Para poder convalidar tu título se necesita tiempo y dinero, algo que no suelen tener las personas migrantes. Hay libertad de mercancías, pero no la hay para los trabajadores formados. Importa más el dinero que el bienestar de las personas. Yo podría haber sido muy útil como abogada experta en género, pero no pude desarrollar mi potencial. Al principio fue bastante frustrante porque me encontraba de rodillas limpiando una alfombra, porque la señora quería que lo hiciese así, o limpiando un váter y recordaba cuando estaba llevando juicios. Tener que realizar un trabajo que es tan importante pero que está tan poco valorado a nivel social, que incluso lo desprecian, creo que eso fue lo más duro para mi. Recuerdo una empleadora que me trataba sin respeto porque su posición económica era superior a la mía, aunque yo tenía más formación académica que ella. Eso era lo que más me dolía. Una vez en el metro de Madrid, cuando aún estaba estudiando, alguien me preguntó de dónde era. Cuando le dije de El Salvador, me preguntó: de qué trabajas, ¿de interna o de externa? Le dije que estaba estudiando pero no me creyó. A las mujeres migrantes nos encasillan e, independientemente de tu formación, te ves abocada a empleos donde no te respetan como trabajadora, no te quieren pagar la seguridad social, ni las vacaciones, ni hacerte contrato…

¿Por qué decidiste quedarte en España?

Por la tranquilidad. Aquí encontré mucha más seguridad que en mi país. El poder pasear, incluso de noche, por la calle sin miedo. Eso es una maravilla. Pero he de decir que he encontrado mejor calidad de vida cuando tras cinco años, dejé de trabajar en el sector del hogar y los cuidados. Una cosa es ser empleada del hogar migrante y otra distinta en cualquier otro sector. A partir de 2017 trabajé en participación ciudadana y ahora como coordinadora de SEDOAC, las compañeras funcionarias me trataban con cordialidad, respeto y reconocimiento. Eso es lo que necesitamos, también, igual, las trabajadoras del hogar.

¿Crees que no se valora en lo suficiente el trabajo del hogar y de los cuidados?

Lamentablemente no, ni en la sociedad española ni en el resto del mundo. A pesar de ser quizá uno de los trabajos más importantes, porque cuidamos de la vida. Cuidar de lo que más amas, la familia, que es por lo que tanto trabaja la gente. Ese cuidado está en nuestras manos.

SEDOAC denuncia que las trabajadoras del hogar y los cuidados no tienen los mismos derechos que las de otros sectores. ¿En qué se diferencian?

Estamos en un régimen especial en el que no tenemos reconocidos los derechos por prestación por desempleo, cotizamos por tramos no por nuestros salarios reales, lo que afecta a nuestras pensiones. No tenemos ley de prevención de riesgos laborales, se deja en manos del empleador que tengamos mascarillas y guantes para protegernos o que pongamos en riesgo nuestras vidas limpiando cristales en pisos altos… Además existe el despido por desistimiento, sin causas objetivas. Los empleadores solo tienen que alegar pérdida de confianza y estás despedida, con solo 12 días de indemnización por año trabajado. ¿Te imaginas ponerte en nuestro lugar, con estas condiciones laborales? Es el despido más barato y eso te lleva a una inestabilidad laboral y a un miedo tremendos. Tampoco hay inspecciones de trabajo efectivas porque queda a la voluntad del dueño de la casa dejar entrar al inspector y, además, este va a saber que has sido tu quien ha denunciado, con lo cual estarás despedida igualmente.

Si alguien que lea esto tiene contratada a una persona trabajadora del hogar y los cuidados, ¿qué reflexión le pedirías que hiciera?

Simplemente que valore el trabajo que hacemos. No queremos que nos vean como la chica, la chacha o la criada, ni que nos traten como amigas, sino como trabajadoras. Tampoco que piensen que nos están haciendo un favor al darnos un trabajo porque en realidad no es así, es gracias a nuestro trabajo que ellos pueden ir al suyo en el mercado productivo sin preocupaciones, con sus hijos o personas mayores bien cuidados, con su ropa planchada y su casa limpia. Gracias a que hay una mujer, migrante mayoritariamente, a cargo de sus casas. Lo único que le pedimos es que nos vean como una trabajadora, no como parte de la familia, ni la que te ayuda. Soy la que trabaja para que puedas hacer tu vida.

En su reciente visita a España, el relator sobre extrema pobreza de las Naciones Unidas, Philip Alston, dijo haberse quedado “impactado” tras la reunión que tuvo con SEDOAC por el recorte de ayudas al centro de atención a empleadas domésticas en Madrid y su consiguiente cierre. ¿Habéis percibido algún cambio por parte del Ayuntamiento de Madrid?

El relator manifestó la misma sorpresa e indignación que teníamos nosotras. Este centro era un espacio de atención especializado e integral para trabajadoras del hogar que en seis meses había atendido a más de 350 mujeres en los servicios de asesoría jurídica sociolaboral y atención psicológica, un espacio donde hacíamos múltiples actividades de información y de formación, aparte de otras de carácter lúdico, por las que han participado más de 2.500 personas, ¿cómo puede ser que el Ayuntamiento no apoyara este centro? Gracias al revuelo que se montó con los medios conseguimos que nos recibieran la junta de distrito de Usera. Nos han dicho que no tienen fondos para nuestro centro, nos ha recomendado que lo pidamos a la banca privada o que nos presentemos a alguna ayuda.

¿Y qué vais a hacer?

Pues continuar guerreando. Nosotras hacemos voluntariado, colaboramos con otras entidades como Alianza por la Solidaridad que van a financiar algunos talleres de formación. También las profesoras de taichí han decidido continuar de manera altruista sus cursos que ayudan muchísimo a las mujeres para relajarse, para sentirse mejor física y psicológicamente. Seguiremos llamando a puertas de grandes empresas e instituciones porque creemos de verdad que las mujeres necesitan este centro de apoyo.

¿Cuáles son las violencias institucionales a las que se tienen que enfrentar las mujeres migrantes?

Un sistema que no favorece el acceso a la justicia para poder reclamar. Hemos visto casos de compañeras que han sufrido abusos sexuales y no han conseguido justicia. Una a la que hicimos acompañamiento, denunció y no la creyó la policía. Al día siguiente de intentar poner la denuncia la llamaron para pedirle sus papeles de residencia. Fue una situación de mucho terror para esta mujer, había sido violada y además tenía el miedo a ser deportada. Al final decidió retornar a su país, violada y sin ninguna reparación. El sistema no funciona para las empleadas del hogar, ni para las mujeres migrantes. La Ley de Extranjería te criminaliza, te obliga a tener tres años de residencia sin poder trabajar dada de alta en la Seguridad Social, por ejemplo, lo que te obliga a trabajar en la economía sumergida, pero además son tres años sin poder ir a ver a tus hijos a tu país de origen.

Eso también es violencia institucional.

Exactamente, porque tu no puedes tener una vida normal con tu familia durante esos tres años, ni siquiera visitarlas. Las internas no pueden traer a sus hijos porque solo libran 36 horas a la semana. ¿Cómo cuidar a sus hijos? No pueden acceder a una guardería. Hemos visto tantos casos de mujeres que han dado a luz aquí pero han tenido que mandar a sus hijos a su país de origen con sus abuelas porque no les podían cuidar… Para mí es una forma de violencia que sea tan complicado reagrupar a tu familia, te lo ponen tan difícil por haber migrado que en realidad te niegan el derecho a tener una familia. Solo somos buenas para cuidar de otras personas, para trabajar haciendo las tareas que nadie más quiere, que ningún español de origen acepta, pero no nos dejan tener nuestra propia familia con nosotras.

¿Qué aportan las mujeres migrantes al Estado español?

Me remito a un estudio que financió la Fundación La Caixa en que decía que gracias a la incorporación de la mujer migrante como mano de obra en el sector de los cuidados, se había logrado frenar durante cinco años la crisis de los cuidados que enfrenta España. Cada vez más en este país hacen falta cuidadores de las personas mayores, si no fuera por las mujeres migrantes no habría quien las cuidara. Además, el ministro [de Seguridad Social, José Luis Escrivá] dijo recientemente que hace falta que vengan 270.000 migrantes para poder pagar las pensiones futuras de los españoles. Se dice que los migrantes hacen mucho uso de la Sanidad, pero no es cierto, las mujeres migrantes vienen a España en la época más sana de la vida de una persona, entre los 20 y los treinta y tantos años. Por cierto, hay empleadores que ni nos dan permiso para ir al médico.

¿Habéis notado algún cambio de trato a raíz de algunos discurso xenófobos de la ultraderecha?

Te soy sincera, el discurso xenófobo siempre ha existido, solo que ahora lo gritan a la cara sin reparo. Por supuesto este discurso xenófobo está haciendo mella y mucho daño.  Creo que la sociedad tiene que tomar conciencia de esto: somos personas y nuestro trabajo es importante.

Por la parte positiva, ¿qué mejoras habéis logrado desde que se inició SEDOAC?

SEDOAC lleva ya más de 12 años y una de las cosas más importantes que hemos logrado es el empoderamiento de las trabajadoras del hogar, que conozcan sus derechos. Otra es la visibilidad, antes no se hablaba del sector, estábamos invisibilizadas. Ahora los medios se interesan al fin por nosotras. También de la Universidad nos contactan muchas estudiantes para trabajos de máster o de fin de grado, que quieren estudiar qué pasa con las trabajadoras del hogar desde diferentes perspectivas. Es un gran avance. Pero sobre todo hemos logrado posicionar el tema en el Gobierno, vamos, que hemos logrado tocar las narices a los políticos y arrancar compromisos para ir mejorando nuestra situación. El Gobierno ha anunciado que va a ratificar el Convenio 189 de los trabajadores domésticos de la OIT para que, entre otras cosas, tengamos derecho al paro. Vamos a seguir presionando para que lo hagan ya, no al final de la legislatura. Creo que ya hemos esperado demasiado tiempo, ¿no? En fin, estamos en el camino.

¿Os reconocéis en el feminismo español? ¿Qué os faltaría, si os falta algo?

Nos reconocemos feministas, luchamos por la igualdad y hemos salido cada 8 de marzo reivindicando nuestros derechos. Como hemos salido a gritar contra La Manada o hemos dicho que somos Juana Rivas. Estamos en la lucha con todas. Pero sí creemos que el feminismo tiene una deuda con las trabajadoras del hogar porque si bien es cierto que en el discurso principal habla de poner los cuidados en el centro, no pueden olvidar que tienen que poner también a la que cuida en el centro. Invitamos al movimiento a que haga suyas nuestras reivindicaciones como trabajadoras del hogar. Hemos conseguido algunas. Por ejemplo, conseguimos que en el primer Informe Sombra de la CEDAW se hablara de nuestra situación laboral y se pidiera la ratificación del Convenio 189 de la OIT y eso despertó el interés de alguna especialista de la ONU. Pero no es suficiente. El 30 de marzo es el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, haremos una concentración el 29 de marzo en la Puerta del Sol a las 12 y nos encantaría poder contar con miles de mujeres feministas que vengan a apoyarnos como hacemos nosotras, todas las que podemos, que no siempre nos dan permiso. Nos gustaría escuchar al movimiento feminista decir ‘yo estoy cuidando a la que cuida’.

¿Es suficiente la perspectiva interseccional y antirracista del feminismo en nuestro país?

Creo que toca dar más pasos, hay muchas luchas en el interior, muchas discusiones. Sinceramente creo que se pierde mucho tiempo. Creo que tenemos que aprender a hermanarnos, a ser más sororas entre nosotras. He escuchado a algunas feministas históricas que han dicho que primero logremos el derecho a la igualdad de todas, y luego veamos los de las minorías. Yo creo que no es ese el orden que debemos de seguir. No podremos pretender conseguir la igualdad entre hombres y mujeres si no somos iguales entre nosotras. Entre esas desigualdades está no ver la diversidad racial que hay en la sociedad española. Creemos que tenemos que tener un papel protagónico también y tienen que generar los espacios, ceder esos privilegios de espacios para que hablemos por nosotras mismas y no ellas, cuando no han vivido la discriminación que hemos vivido. Es importantísimo que nos escuchen. Eso supone renunciar a determinados privilegios como mujeres blancas para que nosotras tengamos esos privilegios que empoderan. Creo que se está abriendo, pero cuesta y hay intereses contrapuestos. Son muchas formas de ver, pero creo que lo conseguiremos.

El 8M, ¿podréis salir a manifestaros?

Pues saldremos las que podamos. El 8M, cuando salimos siempre gritamos ‘no estamos todas, faltan las internas’, porque las trabajadoras internas tienen muy poco tiempo para poder salir de su trabajo, o no pueden dejar solar a las personas mayores o dependientes. Este año que es domingo el 8M va a ser mucho mas fácil nuestra participación. Para nosotras era impensable participar de la huelga feminista porque podía ser motivo de despido y tienen mucho miedo las trabajadoras con toda la inestabilidad que hay y el poco trabajo. Muchas veces hay empleadoras jefas ‘feministas’ que te dicen, ‘María, vete a la marcha del 8M, pero eso sí, déjame hecha toda la casa y la comida para mañana que a mi no me da tiempo’. No son todas, eh. También las hay que te tratan con respeto como a una trabajadora.

¿Cuáles son vuestras principales reclamaciones de cara al 8M?

Que las feministas se unan a nuestra lucha y que visibilicen la lucha de las trabajadoras del hogar, que pongan en el centro de verdad los cuidados y las que cuidamos. Y que una vez logremos que el trabajo de cuidados remunerado sea reconocido y bien valorado, va a ser más fácil que logremos que el trabajo de cuidados no remunerado sea también bien valorado. Esto es una lucha de todas.