La bioquímica estadounidense Jennifer A. Doudna. | Alexander Heinl / GTRES

#8M: Jennifer A. Doudna, Premio Nobel de Química: “A estas alturas no nos debería sorprender que dos mujeres lideren un proyecto científico de Nobel, pero aún ocurre”

Ganadora del Nobel de Química 2020 junto a Emmanuelle Charpentier –la sexta y séptima mujeres en conseguirlo–, por descubrir la herramienta de edición genética CRISPR, que podría revolucionar el mundo tal y como lo conocemos.

Paka Díaz | Woman.es

En 2020, las científicas Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier hicieron historia al convertirse en la sexta y séptima mujeres en conseguir el preciado -y masculinizado- Premio Nobel de Química. Lo hicieron gracias a haber descubierto, junto a los equipos que ambas lideraban, la tecnología de edición genética CRISPR, una avanzado sistema de corta y pega del ADN que podría revolucionar el mundo.

Para explicarlo, la bioquímica norteamericana Jennifer Doudna ha escrito ‘Una grieta en la creación’ (Alianza), junto al científico de su equipo, Samuel Sternberg. Hasta George Lucas, el creador de ‘La guerra de las galaxias’, recomienda su lectura ya que “el futuro está en nuestras manos como nunca y ningún libro explica tan bien lo que está en juego”. El libro fascina porque cuenta la aventura de Doudna, Charpentier y sus equipos hasta descubrir una especie de tijera molecular de precisión con la que poder reescribir el ADN. En él cuenta el proceso de investigación que dio lugar a la tecnología CRISPR con la que la Academia destacó que se puede ‘reescribir el código de la vida’.

Jennifer A. Doudna posa tras recibir el Premio Nobel de Química.  | Jeff Chiu / GTRES

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Esta tecnología puede suponer una revolución que podría salvar millones de vidas y mejorar el mundo como jamás hubiéramos llegado a soñar, pero que también podría destruirlo tal y como lo conocemos. Mosquitos que no transmiten la malarias, cosechas de alimentos libres de plagas o evitar algunas enfermedades raras gracias al corta-pega genético son algunas de las posibilidades. Aunque también hay líneas de investigación que se antojan superficiales e, incluso, crueles, como la de micro-cerdos con tamaño de cachorro de perro como mascotas y otras que podrían resultar peligrosas y arriesgadas, como la edición del código genético de embriones.

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“Es importante recordar que aunque CRISPR tiene un enorme potencial para mejorar el mundo y nuestra existencia, también puede tener consecuencias inesperadas que hay que prevenir”, advierte Doudna que ha fundado la empresa de biotecnología Mammoth Biosciences para impulsar la investigación y el desarrollo de sistemas CRISPR, incluso una prueba para detectar el coronavirus. Hablamos con ella de esta revolucionaria tecnología y de su pasión por la ciencia y por apostar por la diversidad en los equipos de investigación.

En 2020 ha ganado el Premio Nobel de Química, junto a la científica francesa Emmanuelle Charpentier, extraordinario logro al ser la sexta y séptima mujer en conseguirlo. ¿Qué le parece que dos equipos liderados por mujeres hayan llegado tan lejos?

Me siento muy orgullosa de formar parte de esa comunidad. Creo que a estas alturas no nos debería sorprender que dos mujeres lideren un proyecto científico así, pero entiendo que es algo que aún ocurre. Para mí es un honor poder trabajar con tantos científicos jóvenes y, especialmente, con científicas, para animarlas en sus carreras, para motivarlas a que vayan a más y que así haya cada vez un mayor número de mujeres en puestos relevantes en el mundo científico.

Jennifer A. Doudna, en una ceremonia en Berkeley tras recibir el Premio Nobel de Química 2020. | Jeff Chiu / GTRES

Usted y Emmanuelle Charpentier fueron las primeros en publicar la evidencia de que el sistema CRISPR podía utilizarse para editar el ADN, pero a día de hoy prosigue la guerra de patentes para ver quién fue primero. ¿Quiénes son las madres o los padres de esta tecnología?

Quizá cada uno debería de tener la suya propia (risas). Es complicado saber qué va a pasar, pero la parte positiva es que no creo que eso interfiera en su desarrollo. Lo que está claro es que esta tecnología va a dejar una gran huella en la sociedad y espero que sea muy beneficiosa.

De todo el proceso de investigación, ¿cuál fue el momento más emocionante para usted?

Creo que fue el tiempo en el que colaboramos con Emmanuelle Charpentier y su equipo. Aquel trabajo supuso sentar los mecanismos básicos de la tecnología CRISPR para poder manipular el ADN. Hacer ese descubrimiento juntas fue muy emocionante.

Su libro ‘Una grieta en la creación’ cuenta todo ese fascinante proceso. ¿Por qué decidió escribirlo?

Quería acercar a los lectores el proceso de investigación que dio lugar a la tecnología CRISPR, y tuve la gran fortuna de hacerlo con Samuel Sternberg, que se cogió un año para poderlo escribir y tocar todos los temas que queríamos cubrir.

Una cosa extraordinaria de su libro es que hace comprender la tecnología CRISPR con sencillez. ¿Crees que es crucial acercar la ciencia a la ciudadanía?

Sí, considero que es fundamental acercar la ciencia a la ciudadanía. Quizá un resultado positivo de la pandemia que estamos viviendo es lograr esa cercanía, conseguir una mayor proximidad entre la ciencia y los científicos con la mayoría de la población. Que se entienda que la ciencia es fundamental para nuestras vidas.

¿Es esa la razón por la que decidió lanzarse como divulgadora científica?

Absolutamente. Estar involucrada desde el principio en la investigación de la tecnología CRISPR me ha permitido entender la amplia variedad de posibilidades que tiene, pero también los retos y riesgos que supone. Para mi es un compromiso personal estar ahí y participar y fomentar el debate público al respecto.

¿Cree que el CRISPR puede ayudarnos contra el coronavirus?

Sí que puede. Hay un par de líneas de investigación que de hecho nos están ayudando a comprender mejor cómo es y podríamos aprovechar el sistema CRISPR para modificar el genoma del virus y alterar genes relacionados con su virulencia, para que quedara desarmado y pasara a ser inofensivo. Otra opción en la que estamos trabajo es el desarrollo de un test de diagnóstico, similar al de embarazo y cuyo resultado esté en unos 40 minutos.

En el libro también menciona que le preocupa que la información errónea sobre CRISPR, como sucedió con los transgénicos, pueda ralentizar su progreso. ¿Qué sería importante que la población considerara al respecto?

Ese es uno de los grandes retos. Cualquier nueva tecnología requiere mucha información para entenderla y comprender cómo funciona. No es algo único limitado a la tecnología CRISPR, estamos viendo la misma necesidad, por ejemplo, en cuanto a Inteligencia Artificial. Pero, aunque es cierto que es complicado explicárselo a personas que no son expertas en el sector, sin embargo es esencial que lo entiendan, aunque se de manera básica. Esa es una de las principales razones por las que he escrito ‘Una grieta en la creación’, como una manera de explicar, de forma sencilla pero muy detallada, qué es la tecnología CRISPR. Lo he hecho sobre todo para que la población general pueda entender y reflexionar sobre ello con conocimiento de causa. Pero, desde luego, entiendo que es un enorme desafío.

Parece que el desarrollo de CRISPR le provocó sueños e incluso pesadillas; en el libro incluso cuenta uno en el que veía a Hitler con cara de cerdo. ¿Cuáles son sus mayores preocupaciones con respecto al uso ético o no ético de la edición genética? ¿Qué medidas o estándares éticos deberían proponerse?

Yo empezaría por destacar las conclusiones del Comisión Internacional sobre el Uso Clínico de la Edición del Genoma en la Línea Germinal Humana. Se ha presentado un informe muy detallado, hecho de forma muy cuidadosa con recomendaciones muy interesantes en el que animan a promover la transparencia y una vigilancia internacional. Además, creo que es muy importante limitar la edición genética de los embriones humanos.

¿Qué cree que significan los genes para nosotros, para la Humanidad?

Fundamentalmente creo que el ADN nos hace ser quienes somos. Con el sistema CRISPR eso se puede manipular de forma precisa, lo que supone que tenemos una forma de cambiar la genética de los individuos, hacer cambios en la secuencia de su ADN que provoquen cambios en ellos y en última instancia que varíen incluso la forma en la que experimentan sus vidas. Eso es realmente profundo y ese es el significado de ‘Una grieta en la creación’, el título de nuestro libro. Eso es algo importante sobre lo que debemos pararnos a reflexionar. Se trata de una gran responsabilidad sobre la que debemos pensar seriamente, para garantizar que lo estamos haciendo bien.

¿Es parecido a cuando haces injertos en las plantas para mejorarlas?

Correcto. Y para poder hacerlo tienes que entender dónde hacer el corte. En nuestro caso, cómo editar los genes, qué función hace cada uno de ellos, cómo interactúan… Ese conocimiento está llegando ahora con la tecnología CRISPR y con el de las técnicas que pueden permitir a los científicos realizar esos cambios. Creo que en el futuro, en los próximos cinco o diez años, podremos ver cómo se incrementa y se transforma la tecnología para darnos un mayor conocimiento y mayores posibilidades. Son tan amplias…

En 2015 ganó, con Emmanuelle Charpentier, el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica. ¿Cómo recuerdas la experiencia?

Fue absolutamente maravilloso vivir la ceremonia de los premios, conocer esa parte de España en la que nunca había estado y compartir aquellos momentos con el Rey y la Reina de España. Nunca lo olvidaré.

¿Qué es lo mejor de ser científica?

La mejor parte de ser científica es trabajar con gente maravillosa. He tenido la gran fortuna de conocer a gente increíble gracias a mi trabajo, personas muy creativas e innovadoras de todo el mundo. Una de las cosas que me fascinan de este trabajo es lo internacional que es. En el desarrollo de la tecnología CRISPR han participado científicos de todos los continentes. Me fascina eso y también la posibilidad de alimentar tu curiosidad, contestar a las preguntas que te haces.

¿Cree que el mundo necesita más mujeres científicas?

¡Sí, por supuesto! Creo que la ciencia se beneficia de la diversidad. Cuando tienes más mujeres, por supuesto, y cuando hay equipos formados por personas de diferentes bagajes culturales. Por experiencia sé que los mejores resultados, los más innovadores se consiguen cuando los equipos están formados por personas muy variadas. Trabajo muy duro para asegurarme de que en mi propio equipo de investigación esté representada la mayor diversidad posible.

Usted es una científica brillante y reconocida, pero ¿alguna vez ha sufrido algún tipo de discriminación por su género o ha percibido algún sesgo de género?

Bueno, diría que he sido afortunada porque nunca he sufrido una discriminación grave. Siempre he buscado modelos positivos a los que seguir y los he tenido, tanto masculinos como femeninos, personas de quienes aprender. Por otro lado, creo que tienes que ser muy selectiva con tu entorno y cuando encuentres a personas negativas, que no crean en tus ideas o que te impidan desarrollarte, debes creer en ti misma y seguir con tu camino. Suelo decirle a mis estudiantes que si hubiera escuchado a toda la gente que me decía que estaba equivocada, nunca habría conseguido nada. Por eso suelo recordarles que tienes que confiar en ti misma.

Como bioquímica, ¿cuáles son sus mayores preocupaciones con respecto a las amenazas que enfrenta el mundo?

Creo que está claro que el cambio climático es uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos. No es algo que vaya a pasar en un futuro o dentro de unas décadas, sino que es un problema que está afectándonos ya. Aquí en California estamos enfrentándonos a sus consecuencias, algo que hemos podido comprobar de nuevo con los incendios este verano, y no solo eso, también pasa en otras partes del país y del mundo. Porque este es un problema mundial.

Última pregunta, ¿podemos soñar con ver mamuts vivos de nuevo gracias a la tecnología CRISPR?

Lo dudo mucho, sería genial y nos encantaría que pasara, pero creo que no será posible (risas).