D.R.

Estas zapatillas blancas que YA están en tu armario son el 'it shoe' de la década

Muchas deportivas blancas han triunfado en los últimos 10 años, pero solo estos modelos pueden presumir de ser históricos. 

Paola Lei | Woman.es

Si contamos los años que van de 2010 a 2020 en materia de zapatos y quisiéramos coronar al que ha definido esta década habría que repasar el reinado de los archicopiados 'Rockstud' de Valentino o la inexplicable popularidad de un modelo tan poco funcional como los mocasines con pelo de Gucci. Tampoco habría que olvidar que Carry Bradshaw convirtió los Manolo (Blahnik) en un objeto de deseo global, que Isabel Marant nos subió a unos horribles 'sneakers' con cuña y que las sandalias Birkenstock, antes patrimonio de guiris, alcanzaron cotas de amor y lujo nunca imaginadas.

Cada uno de estos zapatos por sí mismo constituye un clásico y podría contar parte de la historia de estos años. Sin embargo, las zapatillas blancas, de las 'Stan Smith' de Adidas a las 'Cortez' de Nike son el verdadero arquetipo de lo que hemos sido los seres humanos en la última década. Son los más transversales de la historia del calzado; ningún otro ha atravesado con más celeridad las clases sociales, desde la aristocracia británica hasta los suburbios de la clase obrera. Ninguno ha cambiado más comportamientos ni ha supuesto una mayor transgresión en los hábitos de nuestras sociedades consumistas, digitales y post capitalistas.

Melania Trump con un look sporty en tonos granates y azules. | Gtres

El mismo día de marzo de 2011 en que Phoebe Philo, directora creativa de Céline (todavía con tilde) en el momento, cerró su desfile de negro: pantalones, jersey de cuello vuelto y unas 'Stan Smith' blancas (y usadas) me lancé a las calles a hacerme con unas. Soy lo que se llama una 'early adopter', y las encontré todavía baratas en la sección de niños de El Corte Inglés (¡gracias, talla 37!). Pagué 54 euros. Una ganga por unas zapatillas ochenteras que, por obra y gracia del entonces cerebro de Céline, multiplicarían varias veces su precio en un mes.

Phoebe solo estuvo medio minuto en la pasarela, pero fue suficiente. Había nacido una nueva época que algunos llamaron minimalista y otros 'normcore' y que consistía básicamente en usar los vaqueros de tu madre y unas zapatillas blancas. Sin más estridencias ni pretensiones. Por una vez todos queríamos parecer normales y aburridos. ¡Lo que podía conseguir esa mujer!

En 2013 Emmanuelle Alt, editora de la edición francesa de Vogue, las puso en su portada en un editorial fotografiado por Inez & Vionoodh. Giselle Budchen las llevaba con unos calcetines blancos… y nada más. El estatus (y el precio) de las 'Stan Smith' subió varios enteros y el año siguiente en la feria de arte Frieze todos (galeristas, coleccionistas, artistas y gente cool en general) llevaba unas. Los nostálgicos sacaron la suyas del trastero y presumieron de tener unas “de época” y en los exigentes 'front rows' las 'Stan Smith' empezaron a alternar con el tacón de aguja que solía monopolizar la elitista primera fila de las pasarelas. Según los expertos, estas zapatillas con su estética no agresiva eran perfectas para hacer de caballo de Troya, infiltrar el agreste territorio de la moda y expandirse como una plaga silenciosa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

When you suit up in Waterloo 🇬🇧👋🏻 #LoveLondonWeekend #LondonIsOpen

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A los fabricantes de deportivas como Nike, Reebook, Puma y Fila no les pasó inadvertido el 'revival' nostálgico que había sido como un masaje cardiaco para Adidas y empezaron a reeditar modelos históricos: las Converse de Chuck Taylor, las Nike 'Cortez' de Munich 72, las Puma 'Clyde' (1973) o las Reebok de 'Armas de Mujer' (1988). Y de repente a todas ellas les salió un competidor inesperado: las casas de lujo, de Gucci a Valentino, de Balenciaga (con Demna Gvasalia a la cabeza) a Chanel; todas se pusieron a diseñar su 'sneaker' de la temporada.

La zapatilla ha sido la brecha a través de la que las marcas de lujo se han colado en la 'wish list' de la generación Z. Según el informe 'Taking Stock with Teens', los adolescentes han colocado a marcas de lujo como Gucci y Off-White en su 'top 10' de favoritos, junto a Vans o a Adidas. Las colaboraciones de las marcas de lujo con los fabricantes de deportivas ha rejuvenecido a los veteranos del lujo clásico y los ha hecho deseables para los esquivos nuevos consumidores.

Fátima G.

Deportivas las hay caras y baratas, producidas en serie en condiciones de dudosa ética o en ediciones de gran lujo, limitadas y numeradas. Se coleccionan como obras de arte las que surgen de las colaboraciones marcas con estrellas del rap: Jay-Z y 50 Cent con Reebok, Wu-Tang con Fila y Nicky Minaj con Jeremy Scott. Kaney West fue el primero que estampó su firma en unas zapatillas Nike, las Air Yeezy, sin ser deportista y agotó existencias tres veces consecutivas. El mundo del rap y el hip hop redondeó el halo transgresor que las 'sneakers' traían por defecto.

En poco tiempo las zapatillas salieron del gimnasio e invadieron las juntas de accionistas. Dejaron de usarse con ropa casual y deportiva y empezaron a aparecer junto a trajes de chaqueta y vestidos de seda. Y, aunque las hay de muchos colores, son las blancas las que se han ganado la categoría de clásico de la década.

Lo llaman la 'sneakerización' de la sociedad y los observadores del fenómeno consideran que ya no es una tendencia sino una categoría en el mundo de la moda. El año pasado la venta de zapatillas creció un 10% (30.000 millones de euros) mientras que la de bolsos, el supuesto rey de los complementos, solo lo hizo un 7%.

Las zapatillas blancas han protagonizado un gran cambio sociológico: la relajación del 'power dressing', la ropa que nos ponemos para sentirnos poderosos y ganar en autoconfianza. Si antes las mujeres tenían que trepar a unos tacones de diez centímetros, hoy no hay que llegar tan arriba, las deportivas y una buena chaqueta te darán suficiente empaque y dignidad sin sufrir ni torcerte el tobillo. Se reivindica mejor en zapatillas.

Y encima lucen bien en Instagram. Casi mejor si son feas y entran en esa solvente categoría denominada 'ugly shoes' que lo peta en los 'post' de esa red social. Es el triunfo de lo práctico y de lo políticamente incorrecto sobre la formalidad y la rigidez de los códigos clásicos de la moda. Si algo puede definir lo que hemos llevado en los pies durante este década ha sido el coqueteo con la fealdad y la 'chandalización', desde nuestro gusto por las Uggs hasta la pasión por los Crocs. Y si ha ganado por goleada la zapatilla blanca es también por una cuestión práctica: ha conseguido ser aceptada por todos y en todas partes. No hay calzado más democrático y no creo que vuelva a repetirse esta historia.

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