Chanel / Mikael Jansson

La costura rebelde de Chanel

Virginie Viard cambia el rumbo: su nueva colección de alta costura para la firma deja a un lado la contención para vestir a princesas punk. Irreverentes, sí, pero muy elegantes.

Laura García del Río | Woman.es

De su infancia a sus preferencias en floristería. De sus romances a los objetos que decoraban su apartamento, que permanece tal cual lo dejó, Gabrielle Chanel ha sido fuente inagotable de inspiración para la Maison que fundó en 1910. A veces una de sus frases –guardadas como perlas de sabiduría sartorial en los anales de la historia de la moda– bastaban para dar pie a un colección. Temporada tras temporada, métier tras métier, la casa ha rendido culto a su creadora. Hasta hoy. La costura de o-i 2020/21 de la firma –presentada en formato video, obra de Mikael Jansson, en la primera semana de la moda parisina digital– ha tomado como referencia a Karl Lagerfeld y sus salidas a Le Palace, epicentro parisino de la vida nocturna en los años 70 y 80. O, más concretamente, el look de sus acompañantes de fiesta: Anna Piaggi, Pat Cleveland, Paloma Picasso, Inés de la Fressange, y Diane de Beauvau-Craon. La descripción “princesas punk” de Virginie Viard, actual directora creativa de Chanel, no es ni de lejos metafórica: aristócrata de título y rebelde de espíritu, Beauvau-Craon llevaba el pelo rapado y vaqueros rotos por el placer de burlarse del orden establecido.

Chanel /Mikael Jansson

Viarda imaginaba al kaíser en aquellas fiestas, “acompañador por estas mujeres sofisticadas y muy arregladas; mujeres que también eran excéntricas. Realmente tenía a Karl en mente”, explica Viard. Lo cual puede leerse como la ascensión definitiva del káiser, sentado en el edén a la derecha de Coco. Al fin y a cabo, fue él quien volvió a insuflar vida a Chanel cuando se puso al frente de una firma al borde del olvido en 1983. Y si buen siempre bebió de los códigos de Mademoiselle Gabrielle, hasta para elegir los botones, también es cierto que tuvo su coparticipación en la creación de la Maison que todos conocemos hoy como el bastión de un lujo imperturbable.

Era natural que el káiser influyera en el imaginario creativo de Viard, mano derecha del alemán durante años y heredera de la dirección creativa tras su muerte, en febrero de 2019. Ya lo había nombrado antes en sus referencias creativas, que han bebido en más de una ocasión del mundo del alemán: de los cuadros que le gustaban a los libros que leía. Pero que la francesa eligiese ese capítulo en concreto de la vida del diseñador –unido a la salida de Gabrielle de la ecuación, una primera vez para la firma– hacen de ésta una colección única.

Chanel / Mikael Jansson

Que no engañen las primeras impresiones. Sí, hay tweed, chaqueta rectas con cuello caja y perlas. Incluso un par de collares bizantino como los que Karl sacó en más de un desfile. Pero es la actitud –representada en el peinado mohawk de la modelo Rianne Van Rompaey, intencionadamente emparejado con un traje de pantalón y levita de tweed o con un vestido cuajado de prefería dibujando flores– lo que lo cambia todo. Amén del paso de gigante que la diseñadora ha dado, alejándose de una estética donde la contención parecía empezar a ser su sello, y permitiéndose disfrutar de una cierta cantidad de hedonismo con el que, de paso, saca brillo a la cartera de talleres artesanos de la enseña. Un gran hombro plisado aquí, una manga globo allá, una ristra de botones joyas, un intrincado bordado… Y los zapatos: nunca fueron tan bonitos como ahora. Un buen augurio para la andadura de Viard. 

Chanel / Mikael Jansson

 

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