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El teléfono móvil, el nuevo chupete pero más dañino

El 70% de los niños españoles comen ante una pantalla. ¿Has contado las horas que pasan tus hijos mirando un dispositivo digital? Quizá las mismas que unas jornada reducida laboral. Las consecuencias posibles: problemas de aprendizaje, afectivos y psicomotrices. 

Paka Díaz |Woman.es

Antes de empezar a leer, piensa en las horas reales que tus hijos pasan ante un teléfono móvil, ordenador y/o tablet. Todas, incluyendo esas en las que lo usas para que coman, estén entretenidos, jueguen o estudien. Quizá sean más de las que pensabas, quizá incluso alcancen la de una jornada laboral reducida: 20 horas. No sería imposible ya que uno de cada tres niños pasa de media tres horas diarias conectado a internet, según UNIR. En concreto, los niños españoles pasan de media dos horas y 14 minutos al día jugando con el teléfono móvil, mientras que no llegan a las dos horas diarias de juegos al aire libre. Los expertos advierten de que el uso de dispositivos tecnológicos en menores de entre uno y tres años puede afectar a su aprendizaje, pero también a sus capacidades emocionales y sociales, ya que dificulta el desarrollo de las capacidades afectivas, y psicomotrices. 

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Lo cierto es que los dispositivos tecnológicos se han convertido en el nuevo chupete, una niñera tecnológica que utilizan muchos padres y madres para conseguir que los menores ‘no den la lata’. Algunos estudios indican que incluso los menores de tres años están expuestos a ellos mucho más tiempo del recomendado. A los nacidos a partir del años 2010 ya se les conoce como la Generación Alfa: Los niños hiperconectados. Lo cierto es que es muy frecuente ver a menores que no comen si no es con los vídeos de Peppa Pig o similares en YouTube. Un 70% de los niños españoles comen con una pantalla delante, según el V estudio CinfaSalud: 'Percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil', avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Y eso pese a que los pediatras desaconsejan esta práctica que provoca que los pequeños no se alimenten bien y puede conducir a desarrollar trastornos alimenticios.

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El estudio de la agencia de comunicación Hotwire 'Entendiendo a la Generación Alfa: ¿qué tienen que decir los padres?’ ha entrevistado a 1.000 padres y madres españoles, y 8.000 en todo el mundo, para conocer sus percepciones sobre sus hijos e hijas en relación a los dispositivos tecnológicos. Las conclusiones dan que pensar. Un 54% de los progenitores españoles (54%) cree que no serán capaces de relacionarse con sus hijos a partir de los 10 años por el alto conocimiento que ellos poseerán de los dispositivos tecnológicos. Además, uno de cada cuatro padres españoles cree que sus hijos menores de diez años elegirían el teléfono, la televisión o el iPad (25,7%) antes que salir con los amigos (20%) o jugar con sus juguetes (18,4%). Sin embargo, también consideran que es imprescindible para su futuro: el 87% cree que la tecnología beneficiará a sus hijos en sus carreras profesionales. Además, el 58,9% de los padres y madres cree que les ayudará a mejorar la rapidez cognitiva, la coordinación entre el ojo y la mano (50,4%) y la capacidad para resolver problemas (48,5%). ¿Es cierto? 

Los expertos mencionan diversos problemas a los que se pueden enfrentar los menores con el uso prematuro y desmedido de las tecnologías. Entre ellos, problemas del sueño e incluso hiperactividad por la sobreestimulación a la que son sometidos, y que incluye problemas de atención, ya que suelen dedicar menos tiempo a escuchar a los demás porque les cuesta concentrarse ‘fuera de la pantalla'. Además, aumenta el riesgo a crear adicción a las tecnologías porque aún no tienen ni la madurez ni los mecanismos de autocontrol necesarios. 

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“Como en todo, lo importante es la sensatez y establecer límites”, explica el Enrique Echeburua, catedrático de Psicología Clínica y Premio Euskadi de Investigación 2017, asesor de padres 2.0 en adicciones a las nuevas tecnologías. “Lo más importante es la interferencia negativa en la vida cotidiana. O sea, cuando por ejemplo alguien se relaciona menos con otros o abandona sus obligaciones académicas, ya que en lugar de estar estudiando o llevando a cabo una actividad, esta chateando o subiendo fotos o navegando. Al final, el menor que pase demasiado tiempo enganchado a dispositivos digitales acabará por preferir las relaciones digitales a las presenciales, con todo lo que ello implica”, advierte Echeburua. Por, recuerda que por muy importante y sofisticados que sean los mensajes, un emoji nunca podrá sustituir a un beso o una conversación cara a cara en cuanto a riqueza afectiva, por ejemplo. “En definitiva, la hiperconectividad provoca aislamiento social. Niños que tienden a asilarse y crear otra realidad, una imaginaria, y que acaban por perder interés por el contacto cara a cara con amigos, padres etc”. 

Para evitarlo, Echeburua recomienda, lo primero, dar ejemplo. “Hay que enseñarles, también en eso. Conviene dejar el móvil, no abusar de las redes sociales, que haya momentos y espacios libres de móviles. Por ejemplo, las comidas y las sobremesas, que nadie se atienda al móvil, ni llamadas siquiera. Si los padres dan ejemplo habrá menos probabilidad de que sus hijos abusen luego”, afirma. Como explicaba a woman.es la cíber gurú Sherry Turkle, muchas veces son los propios niños los que están reclamando a sus progenitores que dejen el móvil. Ella recomienda algo muy simple: escucharles y hacerles caso.

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Otra estrategia que señala es no regalar un smartphone a edades tempranas. “Carece de sentido que sea uno de los regalos en comuniones, con nueve años”, alerta. “Depende de la madurez pero en torno a los doce años ya podría ser recomendable porque el menor empieza a tener su propia identidad de adolescentes y redes de amigos, con los grupos de whatsapp y puede tener sentido que lo tenga, pero siempre bajo una vigilancia a distancia”. Pero, ojo, siempre estando alerta, explica Echeburua que, además, es autor junto a Ana Requesens del libro ‘Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes’: “Que los niños abandonan sus aficiones es un signo de alarma muy importante. Si un niño o niña es aficionado al deporte o a ir al monte y deja de hacerlo, para centrarse en su smartphone puede haber abuso o adicción. Lo mejor en ese caso es acudir a un profesional, un psicólogo por ejemplo. Hablar con el colegio y ver como se manifiesta su rendimiento, no solo escolar sino en el patio del colegio. Si la situación de desborda acudir al psicólogo escolar”, sugiere para evitar un problema en alza. Según Common Sense Media, la mitad de los adolescentes y un cuarto de los padres se reconocen adictos al móvil. Las cifras varían desde el 72% de los adolescentes al 48% de los padres y madres que sienten la necesidad de responder inmediatamente a los mensajes que reciben en sus redes sociales. 

Conviene tener en cuenta que en Silicon Valley, donde más saben sobre el tema, hay una corriente que apuesta por alejar a los menores de las tecnologías. Colegios muy exclusivos en los que no se permiten smartphones ni tablets ni wifi. Nada de pantallas en el dormitorio del menor… Bill Gates directamente prohibió a sus hijos que usaran teléfonos hasta la adolescencia y los hijos de Steve Jobs… ¡no usaban iPad! Su sucesor, Tim Cook, el CEO de Apple, ha dicho en público que no quiere que su sobrino esté en las redes sociales. “No creo en el uso excesivo de la tecnología. La tecnología en educación debe ser aplicada de manera coherente”, aseguró en la presentación de una iniciativa para aprender programación en las escuelas. También Chris Anderson, que fuera director del prestigioso portal especializado en tecnología Wired, ha alzado la voz en contra del uso de tecnología en los menores y ha llegado a comparar el nivel de adicción que generan las pantallas con el crack: “No lo podemos controlar, se dirige directamente a los centros de placer del cerebro en desarrollo. Va más allá de nuestra capacidad de comprensión como padres”. 

Niños jugando al aire libre. | Unsplash

Los chupetes electrónicos o niñeras digitales están ganando la partida con cifras que aumentan según crecen los menores. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), uno de cada cuatro menores de 10 años posee un teléfono móvil. A los 11 ya son casi la mitad (45,2%), a los 12, el 70% y a los 14, el 90%. La edad recomendada por los expertos para tener el primer dispositivo sería a partir de los 12 años, siempre dependiendo de la madurez del niño. Pero, además de los problemas ya mencionados, en su informe ‘Estado mundial de la infancia 2017: niños en un mundo digital’, Unicef advierte que a través de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) los menores se exponen a contenidos inapropiados, al acoso o bullying, a la violación de su privacidad y a personas con mala intenciones. O sea, que la tecnología está bien pero no como chupete electrónico o niñera digital. Acompañar a los menores y dotarles de conocimientos y herramientas para moverse en el mundo digital del que son nativos sigue siendo imprescindible para que puedan desarrollar una vida sana y feliz. 

¿Cuánto tiempo deben estar ante una pantalla los menores?

Entre las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría sobre el uso de dispositivos tecnológicos destaca que no se permita que los menores de 24 meses usen medios digitales, con excepción de video llamadas (chats de video) cuando sea para relacionarse con miembros de su familia. Además, sugieren ver siempre cualquier tipo de pantalla (sea televisión o digital) con ellos para ayudarles en su aprendizaje y que no se convierta en un sustituto afectivo. De 2 a 5 años sería aconsejable que se limitara el uso de pantallas a una hora al día, siempre, de nuevo viéndolas con ellos el máximo tiempo posible. A partir de los seis años, hay que equilibrar el tiempo de juego con dispositivos digitales y el consumo de televisión para que no afecte a su sueño, su actividad física y sus relaciones personales con los demás. Y recuerdan que no se aconseja usarlos antes de irse a la cama para que no afecte a su sueño. Mucho mejor leer o pintar un rato.