A la actriz Elisabeth Moss se le acumulan los proyectos.  | Pascal Le Segretain / GETTY

'The square', la aventura sueca de Elisabeth Moss

La protagonista de 'The handmaid's tale' protagoniza este filme sobre la tontería en el mundo del arte.

Ana Cortizo | Woman.es

El gran temor de los protagonistas de las series de éxito (posiblemente, también fue el de  Elisabeth Moss) es convertirse en 'one hit wonders' de la televisión y que, años después, por mucho que se hayan esforzado por elegir papeles de todo el pantone dramático, los fans les sigan saludando por la calle con un “Zas, en toda la boca”, un “Salva a la animadora, salva al mundo” o un “Se acerca el invierno”.

Puede que los otros protagonistas de 'Mad Men' estén lidiando con esa maldición. La verdad, aunque hemos visto aquí y allá a John Hamm y a Christina Hendricks, ninguno ha vuelto a brillar con la intensidad que tenían en la agencia de publicidad Sterling Cooper Draper Pryce. Pero Elisabeth Moss se ha movido con agilidad para dejar atrás a la secretaria/creativa publicitaria Peggy y no le ha podido salir mejor.

Se alió con Jane Campion para encarnar a Robin, la detective australiana de 'Top of the lake', y en plena grabación, cuando le llegó el guión de 'The handmaid's tale', soltó un “fuck” (nota: Moss, por muy ciencióloga que sea, tiene la boca más sucia de Hollywood) porque no tenía más remedio que aceptar un proyecto tan bueno y eso iba a afectar a su concentración.

Elisabeth Moss, caracterizada como Offred en 'The handmaid's tale'. | Hulu

Todos sabemos lo que pasó con aquella distopía puritana y cómo permitió a Moss brillar al fin a la altura que se merecía. Por 'Mad men' y 'Top of the lake' la nominaron al Emmy seis veces y seis veces se quedó en su sitio, aplaudiendo a la ganadora con sonrisa falsamente serena; con 'The handmaid's tale' rompió aquella maldición a lo grande y subió al escenario dos veces, por sus méritos como actriz protagonista y como productora. La segunda, por cierto, se la esperaba tan poco que ya se había quitado los tacones y recogió el premio en zapatillas de andar por casa.

 

They should never have given us uniforms if they didn't want us to be an army...👊🏻😉#emmys #handmaidstale

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Ahora está grabando en Toronto la segunda temporada de 'The handmaid's tale'. Y aunque probablemente los fans nunca le gritarán por la calle “¡Nolite te bastardes carborundorum!” (una de las frases popularizadas por la serie que significa algo así como "Que los bastardos no te jodan") vuelve a estar en el mismo punto, orgullosa de haber creado un personaje tan redondo e intenso y aterrada porque le coma de nuevo el terreno. Por suerte, ya sabemos que lo suyo es salir de situaciones como esta.

Ha rodado para HBO un corto producido por Lena Dunham, 'Tokyo Project', que parece la versión condensada y millennial de 'Lost in translation'. También tiene varias películas pendientes de estreno: 'Mad to be normal', sobre psiquiatría alternativa en los años 60; 'La gaviota', adaptación de la obra teatral de Chejov; y 'Old man and the gun', una de anciano atracador (Robert Redford) que decide dar un último golpe, dirigida por David Lowery, responsable de la maravillosa o espantosa (según a quién preguntes) 'A ghost story'. Además, parece haberle cogido el gusto a estar detrás de las cámaras, porque está produciendo para Hulu (la plataforma de 'The handmaid's tale') un documental sobre la bailarina Tiler Peck.

Pero antes de que todo ese futuro nos alcance, el 10 de noviembre se estrena su gran proyecto sueco: 'The square', una película dirigida por Ruben Östlund que se alzó con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. 'The Square' nos habla de un comisario de arte, Christian, que está a punto de inaugurar una instalación artística que inspire altruismo y solidaridad a los visitantes. Pero cuando es brutalmente atracado, empieza a replantearse el proyecto y...

En fin, no vamos a espoilear ni a hurtarle taquilla a la película. Baste decir que 'The square' es, en última instancia, una sátira sobre el pretencioso mundo del arte. Sí, ya sabemos cómo las gastan los suecos en esto del humor (¿quién no ha reído hasta la inconsciencia leyendo a Strindberg?), así que nos esperamos algo más perturbador que descacharrante.

De momento, la escena más comentada de la cinta es aquella en la que un artista, a modo de 'performance', irrumpe en una cena de gala llena de VIPs imitando a un mono, sin dulcificar ni un poquito el papel y con violentos resultados. El director, entusiasmado por la metáfora simiesca, añadió un bonobo a la película.

Moss (que, por su parte, asegura que el bonobo era “un puto capullo”) encarna a una periodista de lengua afilada. Su confrontación con el protagonista, acerca de acostarse con personas y luego no recordar sus nombres y a propósito de cierto condón usado, está dando mucho que hablar. Y, sobre todo, está permitiendo que los espectadores tengan una imagen de la actriz despojada de vestidos sesenteros o cofias blancas que, esperemos, le permitirá seguir reinventándose una y otra vez.