Falda con bolsillos de Balmain. | Armando Grillo / IMAXTREE

El bolsillo cobra protagonismo

El bolsillo ha sido aliado pragmático, elemento decorativo, privilegio masculino y causa sufragista. En su penúltimo envite, recupera su dimensión política para movilizar un armario que no puede seguir girando en torno a la forma sin función.

Laura G. Del Río | Woman.es

Los 76 bolsillos –uno arriba, uno abajo– del vestido con el que Marine Serre revisitó lo que por su largo y su silueta abogaba por ser un vestido de noche esconden más de lo que parece. «En un clima social que lucha por la inclusividad, los diseñadores son más conscientes de quiénes son las mujeres que al final del día llevarán su ropa. Cualquier cosa hecha solo en aras del diseño no resulta moderna. Serre capta la idea particularmente bien», sostiene Natalie Kingham, directora de compras de MatchesFashion.com. Para Maria Milano, directora de moda femenina de los almacenes Harrods, en Londres, es Valentino. «¿Vestidos de noche con bolsillos? ¡Sí!», exclama la compradora.

Vestido con más de 75 bolsillos, de Marine Serre. | Courtesy of Press Office

Mucho se ha hablado de poner el armario al servicio de la mujer. Y ahora, por fin, la premisa pasa del papel a la realidad con este anexo de tela como valedor. Un elemento que, espetó Christian Dior en 1954, «los hombres los tienen para guardar cosas; las mujeres, para decorar». Una división que se estableció en el siglo XVIII, cuando Josefina de Beauharnais popularizó el corte imperio y las faltriqueras que hasta entonces completaban los vestidos fueron sustituidas por bolsos de mano. Separemos la frase de su contexto sartorial –imposible dibujar la silueta New Look con bolsillos que de verdad sirviesen para albergar algo– y llegamos a la quintaesencia del cisma de géneros que la moda quiere demoler.

Vestido de Fendi con bolsillos XXL. | Matteo Volta / IMAXTREE

De las faldas militares de Alberta Ferretti a las chaquetas compartimentadas de Sacai y los vestidos canguro de Proenza Schouler, tal vez este sea el envite más contundente –y con suerte el definitivo–. Pero no es ni mucho menos la primera vez que este elemento se alza como símbolo político y social de esta lucha. «Una de las supremacías en la ropa de hombre es la adaptación de los bolsillos», escribía Charlotte Perkins Gilman, intelectual y humanista norteamericana, en 1905 en “The New York Times”. El mismo periódico que cinco años más tarde se hacía eco, no sin cierto tono alarmista, del improperio del «traje sufragista, con un total de siete u ocho bolsillos, todos a la vista y fáciles de encontrar incluso para su portador». Tan pertinente llegó a ser este accesorio para la causa que en 1908 se celebró un evento destinado a recaudar fondos para las organizaciones por el derecho a voto bajo el nombre “La vieja dama con cien bolsillos”. Un siglo después, tenemos el vestido de Serre para reivindicar en el armario la igualdad que ellas conquistaron en las urnas.

Guantes con bolsillo, de Chanel. | Chanel

 

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