Estampados en Gucci. | D.R.

¡Vas hecha un cuadro!: cuando el arte se sube a la pasarela

De las fotos de Warhol a los lienzos de Rousseau. El vestidor se convierte en una sala de exposiciones: una alianza al servicio de la expresión personal.

Laura García del Río | Woman.es

No es la primera vez que arte y moda estrechan lazos. La suya es una relación que viene de largo y, como en todas, hay etapas frías y otras de frenesí. 2018 es uno de esos momentos de efervescencia en los que las muestras de afecto se suceden. En la pasarela, con la tela como lienzo o pintadas en la fachada de un edificio en pleno centro de Nueva York, como hizo Gucci para celebrar un idilio con el ilustrador Ignasi Monreal que se ha proyectado en las campañas de la firma y, ahora, en una edición limitada y numerada de camisetas y sudaderas. 

Obras de arte en Coach. | D.R. / IMAXTREE

No son los únicos. Coach ha usado la obra de Keith Haring en una colección especial y Marni ha trabajado con el artista estadounidense David Salle para adaptar su obra en una serie de piezas únicas. Las colecciones de p-v son una sala de exposiciones. Rei Kawakubo plasmó los lienzos de Giuseppe Arcimboldo en sus diseños. Undercover usó autorretratos de Cindy Sherman. Prada, las viñetas de ocho dibujantes, todas mujeres, en lo que se trazó como un alegato feminista ilustrado. Y Dior hizo lo propio con los dibujos de Niki de Saint Phalle en un desfile que abrió Sasha Pivovarova con un top en el que se leía “¿Por qué no ha habido más grandes artistas mujeres?” Pero el cabeza de cartel fue Andy Warhol, que hizo doblete. Mientras sus icónicos retratos en cuatricomía (los mismos que Gianni Versace usó en 1991) coloreaban una colección de remakes con los que Donatella homenajeaba a su hermano, Raf Simons usó la serie “Death and Disaster” en su segunda entrega para Calvin Klein. Y el idilio se alarga a la próxima temporada.

Dior sube a la pasarela el trabajo de artistas femeninas. | D.R. / IMAXTREE

Si este verano Delpozo se inspiraba en la serie “Swimming Pools”, de la fotógrafa eslovaca Maria Svarbova, en invierno los estampados se basan en las pinceladas de la francesa Inès Longevial. Kenzo también mira a la pintura: “Il Sogno”, de Henri Rousseau (que el propio Takada, fundador de la firma, reprodujo en las paredes de su primera tienda en París en 1970) fue el hilo conductor de su desfile. Y mientras Michael Kors desvelaba una colaboración con el ilustrador David Downton, Moschino se aliaba con el artista pop Ben Frost para teñir una cápsula que lanzó el mismo día del desfile. "Trabajar con artistas da un lustre intelectual en una industria a menudo tachada de frívola. La realidad es que los creativos rara vez se encierran en la burbuja de su propia disciplina, sino que beben de las ideas a su alrededor", dice la consultora Kim Winser. Se considere o no arte por derecho propio, la moda es, precisamente por esa conexión con la cultura, un signo incontestable de los tiempos.

Esculturas de Alexander Girard en Akris. | Daniele Oberrauch / IMAXTREE

Y si el vestido Mondrian de Saint Laurent reflejó la influencia del cubismo en los 70, lo que nos desvela este resurgir del arte en la pasarela es el deseo de individualidad. Una reivindicación visual muy sugerente para la (auto) exhibición a la que llama Instagram. "Las redes sociales motivan al individuo a practicar la autoexpresión", dice Ian King, profesor en la Universidad de Arte de Londres. "Estos estampados traen una nueva dimensión al vestidor, potencian la expresión personal de la ropa", defiende la editora Camielle Lawson-Livingstone. La misma que buscaba Gianni Versace cuando estampó la obra de Warhol en su colección hace 27 años. "Esa es la clave, decidir qué eres y qué quieres expresar con la forma en la que vistes", dijo entonces. Al fin y al cabo, la ropa solo es el marco.