Szymon Brzoska / IMAXTREE

El traje de oficina, crónica de una muerte anunciada

¿Cuándo fue la última vez que compraste ropa específicamente para ir al trabajo?

Paola Lei | Woman.es

Ropa insulsa, aburrida, políticamente correcta, austeros trajes sastre, camisas blancas clásicas, zapatos sosos, ni altos ni bajos, de un aburrido término medio. Ropa que nunca te pondrías para salir con amigos o para ir de fiesta. Una ropa necesaria que no te hacía ninguna ilusión: ropa de oficina.

Szymon Brzoska / IMAXTREE

Si algo ha cambiado en las últimas dos décadas son los puestos de trabajo. Antes el trabajo tenía una localización geográfica, un lugar físico, tenías un teléfono al lado y si te movías de tu sitio seguramente te llamarían por teléfono. Había mil y una manera de saber que no estabas donde tenías que estar. Tu jefe estaba frente a ti y podía mirarte de arriba abajo y calibrar tu vestimenta. La gente sabía exactamente qué debía vestir para no dar el cante.

Fotograma de la película 'Armas de mujer' (1988) dirigida por Mike Nichols e interpretada por Harrison Ford, Melanie Griffith y Sigourney Weaver. | D.R.

Pero las cosas han cambiado. La figura del freelance ha copado las empresas. Se da por hecho que todo el mundo tiene un teléfono con Internet, así que tu jornada laboral puede continuar en la cama mientras estás en pijama o en pelota. La economía se ha globalizado y hemos empezado a viajar por trabajo con una frecuencia y a una velocidad inusitada. La estirada y correcta ropa de oficina empezó a caducar ante el nuevo capitalismo. Los tacones no se aguantan 24 horas y en los bolsos pequeños no caben el ordenador ni el tupper.

Margaret Thatcher en Downing Street. | Tim Graham / GETTY

La nueva economía trajo empresas que fardaban de transparentes, con códigos más informales, vocación de transversalidad y las jerarquías desdibujadas. Y todo esto no tardó en reflejarse en la ropa de oficina que dejó de ser un uniforme para relajarse y admitir códigos más flexibles y prendas que como las zapatillas de deporte nunca habían pertenecido al ámbito empresarial.

Si en los años 70, 80 y 90 la iconografía de la mujer profesional llevaba falda lápiz, tacones y blazer estructurado (Margareth Tacher en Downing Street, Melanie Griffit en 'Armas de mujer' (1988) o la abogada de Boston Ally McBeal), el nuevo siglo llegó con mucha confusión al respecto. Claramente ese uniforme ya no funcionaba pero no estaba claro con qué podría desplazarse. El primer paso tímido fue el casual Friday, una norma que empezaron a adoptar las grandes empresas y los bancos con  dress code muy estrictos que permitía a sus empleados ir a trabajar el último día de la semana en vaqueros, ¡Menuda concesión! A partir de ahí todo fue a más y hoy vivimos en una zona de confusión en la que se ha desdibujado el concepto ropa de oficina.

Las zapatillas blancas se llevan con traje de chaqueta, y además de la comodidad, mandan un mensaje de que su portador está bien informado acerca de los últimos giros de la moda. La sudadera se convirtió en un atributo de los jóvenes empresarios tecnológicos, millonarios antes de los 30, y el vaquero y la camiseta negra en el uniforme de genios como Steve Job. El recambio generacional trajo otra gama de pantones y entraron los colores brillantes a las grises oficinas, así como los tatuajes y los piercings.

- Veamos los cambios principales que hemos adoptado en el trabajo:

1. Hacerse grande con zapato plano. Lo de ir a trabajar con tacones está obsoleto. Unas zapatillas bien elegidas tienen un efecto mucho mayor. Sacar de contexto ese calzado de gimnasio y combinarlo con un outfit más formal te convertirá en una persona estilosa. Algo más interesante que ser una jefa rancia o un empleado correcto. En Japón, donde las mujeres tienen que ir a trabajar con tacones sí o sí, se está librando una batalla para liberar a las mujeres de la dictadura del estileto con la campaña #Kutoo. Solo hay que tener en cuenta que las zapatillas no se adaptan a la clásica falda a la rodilla que se consideraba ropa de oficina a no ser que seas modelo y midas más de 1.70. Las zapatillas van mejor con faldas midi o con pantalones que enseñen el tobillo.

Fátima

2. Más colores y estampados. Se ha abierto la veda y ya no hay “colores de oficina”. Se permite mezclar piezas, estampados, texturas y colores. Ahora tenemos Instagram para copiar looks y estar bien informados de las tendencias. A no ser que trabajes en un sitio muy conservador solo conseguirás elogios a tu buen gusto y a tu audacia. Te verán como un activo joven, atrevido y a quien no le importa arriesgar. La ropa, no lo olvidemos, dice más de nosotros de lo que estamos dispuestos a admitir.

3. Usa las tendencias pero con cabeza. Hablando de Instagram. Ahora estamos en las semanas de la moda más importantes del mundo y es imposible no estar informada de las tendencias si sigues a las personas correctas en las redes sociales. Lleva las tendencias sin miedo a la oficina, pero ten en cuenta que si este otoño se llevan las plumas –que se llevan- quizás no sea lo más ideal para pasar a despachar con tu jefe. Mucho mejor las americanas con hombreras o el estilo neoburgués de los 70 que ha traído de vuelta Hedi Slimane en Celine.

Celine - París - Mujer - Otoño-Invierno 2019-2020 69 | IMAXtree.com / IMAXTREE

4. Prepara una entrada y una salida triunfal. Esto es: invierte en un buen abrigo y en un buen bolso (tirando a grande), lo lleves con lo que lo lleves. Las piezas “statement”, como dicen los expertos de la moda harán por ti mucho más que cualquier presentación o intento de name-dropping (por cierto, abandona este mal hábito que es de pésimo gusto). Te encontrarás a mucha gente a la salida o a la entrada del trabajo o en el aeropuerto o en la salida del bar. Prepárate bien para esos encuentros fortuitos, son más determinantes de lo que parecen.

El resto (y es más de la mitad) es ACTITUD. Compórtate como alguien bien vestido. Probablemente lo seas. En 2019 nadie sabe exactamente qué es eso.