Sofía Fernández viste a la nueva lady

Valora tanto su libertad creativa que rechazaría una propuesta de ¡Miuccia Prada! Ya hace lo que quiere: piezas exquisitas, originales y muy femeninas que sientan como un guante.

Esther Aguado

Nunca hizo otra cosa. Ya de niña, vestía a las Nancys con sus propios diseños, así que a los catorce años, Sofía intentó dejar los estudios para probar como creadora: presentó su primera colección... Pero sus padres, que tenían un pequeño taller de costura en A Coruña –trabajaron con Amancio Ortega antes de que creara Inditex–, insistieron en que fuera a la universidad a estudiar Periodismo (se le daba bien escribir). «No cogía ni apuntes, me pasaba toda la clase dibujando... Una chica del taller me hacía los patrones y, después, vendía mi ropa a las vecinas.» Tras aprobar la selectividad, compaginó los estudios de diseño con la empresa familiar. Sofía siempre ha visto la moda desde una perspectiva muy realista –poco glamour y muchísimo esfuerzo–, por eso tiene el doble de mérito. «El diseño no se aprende en ninguna escuela: solo teniendo la suerte de trabajar con gente generosa que te enseñe lo que sabe. La técnica es fundamental para reconocer si tu idea es realizable y con qué tejido puede llevarse a cabo.» Hizo prácticas en Caramelo y trabajó tres años en Alba Conde. «Aprendí tanto... Era buena, trabajaba mucho y muy rápido, y empecé a querer crecer... Llega un momento en el que te frustras si no puedes hacer lo que quieres y mejorar las cosas. Pero es un paso necesario; sin la experiencia de estos dos trabajos, jamás hubiera podido montar mi propia empresa.»
La independencia como prioridad
La firma Sofía Fernández nació en 2002. Le puso su nombre para darle gusto a su padre, que andaba loco por perpetuar el apellido. «¿Mi lema? Pasión en el trabajo y calidad en el producto. El que monta una empresa y no lo hace con cariño, no sale adelante. Me he pegado unos golpes terribles –sobre todo, con los representantes; es difícil encontrar gente que sepa vender tu producto–, pero han sido mis decisiones y estoy orgullosa.» Sofía asegura que no lee revistas de moda porque le influyen y quitan frescura a su trabajo: «Es mejor ir a mi bola, así consigo cosas diferentes. La base es el tejido: una mezcla de calidad y originalidad que sugiera algo, siempre en colores alegres.» A esta gallega, una virtuosa en los acabados, le cuesta trabajo entender las extravagancias de la moda –«lo que quiero es que mis diseños sienten bien, que la mujer se vea guapa, espectacular»–, aunque ya le ha picado el gusanillo de la pasarela: «Antes nunca me llamó la atención, pero ahora necesito la aventura de hacer cosas más arriesgadas. Y algo de publicidad tampoco vendría mal (risas).» Sin embargo, tiene claro que no vendería su alma al diablo: «No ficharía ni por Prada, a no ser que lo necesitara para comer. No soy ambiciosa: nunca podría renunciar a mi libertad.»
Su éxito le da la razón: abrió su tienda en A Coruña hace cuatro años y ya vende en toda España –sobre todo, en Andalucía y Valencia– y en Suramérica. Ha sacado una segunda línea, más joven y urbana, Sophie y... ¿Su próximo paso? Los accesorios.

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