«Mi padre un día me dice “hija, es que eres más guapa en la tele que en persona.” Le contesté, “papá, eso que me lo digan por la calle, pero tú que eres mi padre…”», explica Inma entre risas. Viste jersey oversize Lebor Gabala. | Rubén martín

Inma Cuesta: "Me he ganado el respeto"

Es actriz con mayúsculas, de las que demuestran con hechos lo que dicen con palabras. Le preocupa mucho más hacer bien su trabajo que ser la más guapa de la alfombra roja. Inma, que interpreta a la fea criada de Ava Gardner en “Arde Madrid”, se identifica con la campaña de Adolfo Dominguez a la que pone voz y rostro: #no soy perfecta, soy única.

Marta Bonilla |Woman.es

Ni con bigote y peinada por su enemigo ha conseguido Paco León dejar a Inma Cuesta (Valencia, 1980) tan fea como quería en “Arde Madrid” (Movistar+). De la cara tan guapa que tiene. Aunque la actriz asegure entre risas que sí lo ha logrado: «La caracterización era muy importante para interpretar a Ana Mari, la sirvienta de Ava Gardner. Es coja, mayor que yo, había que trabajar la forma de hablar, el peinado... Ha sido una labor muy de fuera adentro. Me he puesto absolutamente en manos de Paco y hemos volado juntos de maravilla. Tiene un talento descomunal, una capacidad de juego impresionante es arriesgado, divertido... Me ha regalado el personaje más complejo y apasionante de mi carrera», asegura Inma, cuya baraja de papeles a lo largo de su más de una década como actriz no carece de personalidades complejas y variadas.

Busca siempre personajes que la lleven al límite, que le remuevan las entrañas y que la obliguen a tirarse a la piscina, como la desgarradora Hortensia de “La voz dormida”, que espera en la cárcel el nacimiento de su hija y la sentencia de muerte; como “La novia”, que desencadena toda la tragedia pasional en la adaptación de “Bodas de sangre” de García Lorca que dirigió Paula Ortiz o como la payasa y despistada Ruth de “Tres bodas de más”, en la que Inma demostró que tenía una vis cómica –«hacer comedia es lo más difícil»– a la altura de las reinas del género. Estas tres películas le han valido nominaciones a mejor actriz en los Premios Goya y han marcado una carrera en la que se alternan papeles secundarios en pelis casi de culto como “Blancanieves” con protagonistas en series como “Águila Roja”, que congregaba siete millones de espectadores; y en la que se alternan trabajos con directores noveles a otros con los que cualquier actriz sueña, como Almodóvar o el oscarizado Asghar Farhadi en “Todos los saben”, junto a Penélope Cruz y Javier Bardem.

Desde luego, lo tuyo es la antítesis del encasillamiento. No es fruto de la casualidad...

No, claro, soy afortunada; es tan importante la inteligencia como la intuición a la hora de elegir. Y de tener claro dónde quieres ir. Soy exhaustiva a la hora de leer guiones, intentar no repetir papeles, decir que no en la medida de mis posibilidades, saber desaparecer y que te echen de menos... Me gusta ese juego de mover fichas. La intuición también es importantísima y, por suerte, tengo mucha. Si mi representante me ve dudar con un trabajo, dice «olvídalo». Y hay otra cosa fundamental: yo no quiero ser una actriz de la que digan qué guapa, qué fea o qué estilo tiene y que no haya nada más. Para mí, lo interesante es el compromiso que cada una tiene con su trabajo y eso lo llevo por bandera. Pienso que me he ganado ese respeto.

¿Cómo te metes en los personajes?

Me apasiona el trabajo previo, porque es como una cirugía de las emociones. Te ayudan a entender a los demás y a ti misma. Los hay que te zarandean por dentro, te obligan a abrir puertas que tenías cerradas y no querías abrir. Me pasó en “La voz dormida” y en “La novia”, porque tocas los entresijos del amor, desamor, cosas que a una le han pasado... Además, esta película me trasladó a mi infancia, cuando intrerpretaba monólogos de “Bodas de sangre” en mi habitación.

Porque tú no has querido ser otra cosa que actriz.

A veces decía que quería ser pintora porque me encantaba dibujar –todavía lo hago–, pero siempre actriz. Por suerte, mi vocación fue clarísima. Era muy estudiosa y llegó una edad en que planteé a mis padres «estudio, sí, pero lo que yo quiera». Me licencié en Arte Dramático en la Universidad de Córdoba.

¿Qué recuerdos tienes de tus comienzos?

Me vine con una beca a Madrid y como necesitaba dinero, empecé a trabajar en la sección de caballeros de Cortefiel, doblando pantalones. Al año se convocaron las pruebas para el musical de Nacho Cano “Hoy no me puedo levantar”. Se presentaban 3.000 personas, como ahora a los castings de “Operación Triunfo” y el día de la primera prueba estaba malísima pero siempre me recordaré sentada en la puerta de mi casa, diciéndole a mi madre «tengo que ir, mamá, no tengo pruebas... es mi oportunidad». Lo hice, fui pasando pruebas, mientras mis compañeros en la tienda me decían incrédulos «sí, claro, entre tanta gente te van a coger a ti…» ¿Por qué no?

#No soy perfecta, soy única «Me encanta este mensaje de Adolfo Dominguez porque lo maravilloso sería que nos quisiéramos tal como somos. Parece que tenemos que ser perfectas, y eso no es real», dice Inma sobre la campaña del Única Coral, de Adolfo Dominguez (67,50 €), un perfume con la salida fresca de la bergamota, el toque floral de la violeta y el iris y la opulencia de la vainilla. | Rubén Martín

Hablabas antes de tus intuiciones...

No sé si fue eso o que escuché a Nacho comentar «estoy buscando una chica para María», y le dije «creo que me estás buscando a mí». Fue que sí. Aquello cambió mi vida. De ahí a la serie “Amar en tiempos revueltos” y hasta hoy.

¿Eres ambiciosa? ¿Sueñas alto?

Sí, pero de ser cada vez mejor actriz y seguir aprendiendo y elegir trabajos que aporten cosas diferentes... Nunca he tenido como objetivo ser una estrella internacional.

Has cantando en muchas de tus películas. Y en “Todos lo saben”, el tema principal de la cinta. ¿llegará a más?

Eso me decía Javier (Bardem), que debería hacer un disco, pero de momento, no.

¿Cómo fue el rodaje con Bardem y Cruz?

Bien, impresiona hacer de hermana de Penélope y trabajar con Javier, que son lo que son, pero igual que con Eduard Fernández, Elvira Mínguez o Bárbara (Lennie) a la que admiro mucho. Soy poco mitómana, no me impresiono. Cuanto más grande es algo o alguien, más lo normalizo. Me pasó igual la primera vez que me reuní con Pedro Almodóvar. A los dos minutos estábamos hablando de homeopatía.

Inma Cuesta, con traje de chaqueta y raya diplomática de Lebor Gabala. | Rubén Martín

¿Tampoco te impone una alfombra roja?

No, no me pongo nerviosa, aunque me impresione, claro. Sobre todo Cannes. Es un Festival, hay mucha gente, ves a todos los fotógrafos de esmoquin pero pienso, «estoy aquí porque me han llamado, voy a presentar una peli... si me caigo, me levanto y ya, nada es tan importante». Esta actitud me salva de muchas cosas. Estar conectada con la tierra es tan importante hoy en día... y más en esta profesión.

Decías que no te importa ser la más guapa, estilosa, esos rankings que se pelean en las alfombras rojas, ¿es lo que menos te gusta de tu trabajo?

Siento que son algo lejano a mí, que forman parte de mi profesión y tengo que hacerlo pero no es lo importante. He llegado a un punto en que quiero estar guapísima pero cómoda. Igual en los reportajes de revistas. Quiero ser yo y no vestirme con cosas raras, ni llegar sangrando por un tacón a la alfombra roja. Me han aconsejado «deberías ser más fashion»... pero es que no me interesa. Hay una sociedad empeñada en que tenemos que ser todos divinos, sobre todo, las actrices y no es real.

Inma Cuesta nació en Valencia pero muy pronto se trasladó a Arquillos, un pequeño pueblo a 70 km de Jaén, en el que sigue siendo la hija del tapicero. «Ana Mari en “Arde Madrid”, tiene cosas muy mías, muy de pueblo que a Paco le encantaron y las metió», dice Inma, que viste gabardina Adolfo Dominguez. | Rubén Martín/Estilismo: Marta Lasierra

En 2016, un año antes del #Metoo, ya decías «no me gusta la imagen que se da de las mujeres».

Es importante el compromiso de cada una con lo que queremos mostrar de nosotras. Cuando empiezas te sientes insegura hasta que un día te ves con fuerza y dices, ¡se acabó! Me pasó a mí con lo del famoso Photoshop –denunció el retoque excesivo de una de sus fotos–. Prefiero que piensen que soy difícil a que crean que conmigo se puede hacer lo que quieran, como si fuera una marioneta.