GUINDANI STEFANO @SGP

Giorgio Armani: "El balance entre el trabajo y la vida privada, en mi caso, no está equilibrado"

A punto de cumplir 45 años al frente de su firma –una de las pocas independientes en una era de conglomerados– hablamos con Giorgio Armani de su noción del glamour y de la elegancia depurada con la que sienta cátedra.

Carmen Cocina | Woman.es

uede vanagloriarse de haber sido el gran aliado estético de la mujer en su carrera hacia el éxito. En una época en la que ellas comenzaban a reclamar su espacio profesional entre los hombres, Giorgio Armani les allanó el camino con prendas funcionales y elegantes que les permitían medirse codo con codo con sus colegas masculinos. Su querencia por un refinamiento depurado fue la semilla de la que unos años más tarde surgiría el minimalismo que caracterizó los 90. Hoy, cuando la moda se polariza entre el feísmo de barrio y un preciosismo ostentoso, él permanece ajeno a los vaivenes de las tendencias deleitando a su fiel clientela con lo que siempre ha sabido hacer. En el punto medio está la virtud.

Agyness Deyn retratada por Mert & Marcus para la temporada de p-v 2000 de Giorgio Armani. | D.R.

Es el diseñador italiano más relevante de las últimas cuatro décadas, y su nombre representa la culminación de una elegancia sencilla pero femenina. ¿Qué balance hace de todos estos años?

Me enorgullece el trabajo realizado. Sobre todo por ser pionero en crear un look elegante, sofisticado, refinado y cómodo para la mujer. Pero el balance entre el trabajo y la vida privada, en mi caso, no está equilibrado. Soy un apasionado y, desde luego, un perfeccionista, en detrimento del tiempo que he pasado con mi familia y amigos. Lo lamento y sin embargo soy consciente de que he sido fiel a mí mismo.

Desde su propia perspectiva, ¿cuáles han sido los momentos clave de su carrera?

Quizá lo más significativo fue la muerte de mi socio Sergio Galeotti, en 1985, una tragedia personal que también tuvo un fuerte impacto profesional: muchos creían que sería el fin de la marca. Tuve que decidir si detenerme o aprender la faceta empresarial, y elegí la segunda. Entre otros hitos incluiría crear el vestuario de Richard Gere para “American Gigolo” y meter a Jodie Foster en la lista de las mejor vestidas de los Oscar. También conocer la casa de Yves Saint Laurent en Marrakech. De sus dibujos derivó en parte mi estilo. Y he sido el primer diseñador de moda en exponer en el Guggenheim de Nueva York. En el 2000, el museo organizó una retrospectiva de mi carrera y fue un reconocimiento que me llamó la atención, porque destacó mi trabajo ofreciendo un análisis como el que se haría con el de un pintor o un arquitecto.

La campaña de otoño invierno de Giorgio Armani 1992, fotografiada por Peter Lindbergh. | D.R.

Sus 44 años de trabajo significan 44 colecciones de invierno y otras tantas de verano, más las de Armani Privé desde 2005 y, los últimos años, Crucero y Prefall, tanto en Giorgio como en Emporio Armani. ¿Cómo se puede ser tan prolífico y coherente sin dejar de sorprender?

A veces me hago la misma pregunta. Sin embargo la respuesta es simple: me encanta ver cómo mis ideas toman forma. Cualquier creativo puede comprender la emoción de ese proceso. Pero también soy pragmático. Sé que la clave del éxito es el trabajo duro, y eso tiene un precio tanto físico como mental. Hago deporte, una hora al día, y como sano. Sé que para mantenerme al día tengo que cuidarme.

El lanzamiento de su línea de alta costura fue toda una sorpresa. ¿Qué tiene en común Armani Privé con sus otras líneas?

Muchos se preguntaban por qué el Armani milanés, con su elegancia limpia y pragmática, se aventuraba en la frivolidad de la Alta Costura que muchos, como hoy, consideraban en declive. Probablemente no me entendieron. Todo mi trabajo se enfoca en el proceso creativo, sin limitar sus declinaciones. Armani Privé es una forma de liberarme de las constricciones prácticas del prêt-à-porter y cumplir el deseo de un tipo de clienta. Puede parecer una versión más lujosa de mi estética, pero todas parten de una filosofía de sofisticada elegancia.

“Rhapsody in Blue”, su colección de Giorgio Armani para esta temporada, podría resumirse en una canción: “Blue Velvet”. ¿Por qué esta apuesta tan sensual y ornamentada?

Siempre me ha gustado el terciopelo: su brillo, profundidad y lujosa textura. Es raro que una colección Armani no lo tenga. Y era perfecto para esta que, por primera vez, usaba Armani / Silos como telón de fondo. Me gustaba la idea de crear un contraste con los interiores de hormigón.

Acaba de añadir una línea más al portfolio de su marca, New Normal. ¿Cuál es su razón de ser?

New Normal refuta la necesidad imperativa de la moda de que para ser actuales las cosas deben reinventarse y reemplazarse. Y es particularmente preocupante hoy, cuando la moda debería esforzarse por ser más sostenible. Mi respuesta es un conjunto de prendas con un carácter contemporáneo, pero también atemporal, basado en piezas clásicas de Armani y diseñado para perdurar en el armario.

Una de sus grandes contribuciones, y que ha creado escuela, fue redefinir la sastrería y adaptarla a la silueta femenina. ¿De dónde surgió esa resolución?

Observé a mi hermana Rosanna y a sus amigas, cómo se comportaban e interactuaban con el mundo: tenían una nueva confianza en sí mismas, se les abrían nuevas posibilidades. Imaginé a mujeres ocupando nuevos roles, mujeres que ya no tendrían que bajar la falda para cubrirse las rodillas o desabrocharse una chaqueta demasiado ajustada al sentarse en una reunión de negocios. Necesitaban una nueva confección, y eso es lo que les di: piezas bien hechas, prendas cómodas y fluidas para usar de un modo relajado sin dejar de ser elegantes.

Aparte de su idiosincrático “greige”, tiene predilección por el binomio blanco y negro, el rojo y el azul. ¿A qué se debe?

Me gustan los tonos neutros. En mis diseños evito la ostentación, incluso la de los colores demasiado llamativos. La ropa debe resaltar la personalidad de quien la lleva, sin dominarlo ni disfrazarlo. Eso lleva de forma natural a lo delicado, lo refinado. El rojo y el azul son colores clásicos que funcionan como toque de luz. El azul es una excelente alternativa al negro: conserva su neutralidad pero con el elemento adicional de ser un color en sí mismo. El rojo responde quizás a mi amor por el art déco oriental, una fuente recurrente de inspiración.

Hoy la moda abusa del término “musa”, pero usted tuvo las suyas mucho antes. ¿Qué significa esta palabra para usted?

Para mí, el punto de partida siempre ha sido la observación de la realidad que me rodea. Mi primera musa fue mi madre. Era hermosa y extremadamente elegante, y me enseñó una lección que nunca olvidé: si quería crear belleza, tenía que hacer lo necesario y nada más. También mi hermana Rosanna ha sido una musa para mí: no solo es una bella mujer, es independiente y tiene una astuta ironía. Después de ser modelo y editora, ha trabajado a mi lado durante mucho tiempo, dándome el beneficio de sus fuertes opiniones.

En sus memorias destaca el cine como un ejemplo de glamour que encarnan Greta Garbo, Marlene Dietrich, Cate Blanchett y Juliette Binoche. ¿Cómo definiría usted ese concepto?

Todas poseen belleza física, pero es su habilidad para iluminar la pantalla con su talento lo que las distingue. De niño me encantaba ir al cine. Era una ventana a otro mundo, mi escape de la realidad. Mis sueños se hacían realidad allí, en la sala de proyección. Pero resultó ser mucho más que una pasión juvenil y se convirtió en una mina de oro de imágenes que han moldeado mi estilo. Y esas mujeres son una parte integral de esa historia. Su elegancia es la antítesis de la falta de armonía. Además, todas, pero cada una a su manera, eligieron vestirse de forma poco convencional para ofrecernos una imagen de la belleza menos estereotipada. El glamour es atracción, sensualidad, encanto, un juego basado en ocultar y revelar. La seducción suele asociarse a lo vistoso y llamativo, pero para mí su esencia es el misterio. Con los años he demostrado que lo sexy no es un cuerpo desnudo. Sexy es una sugerencia.

Ese concepto se ha polarizado entre el estilo romántico capitaneado por Alessandro Michele y el sexualizado de Tom Ford o Anthony Vaccarello. ¿Se siente aislado frente a estos extremos?

No, creo en ofrecer una alternativa. Para mí, la moda no es moda a menos que se use. No debe ser un ejercicio de creatividad para las pasarelas. Se trata de crear ropa que la gente quiera usar, con la que se vea bien y se sienta segura de sí misma. Eso es lo que representa Armani, y por lo que la gente ha llevado mi ropa durante tantos años. Mi trabajo no persigue tendencias efímeras que terminan en sí mismas. En su lugar, elijo un estilo atemporal hecho de un glamour sofisticado. Y eso no tiene nada que ver con los extremos.

Ya es un leyenda, pero ¿cómo le gustaría ser recordado?

Como alguien que ha trabajado duro, que ha creado una elegancia ajena a las modas pasajeras y que ha seguido su propio camino con coherencia e integridad.