Propuestas de moda de Jil Sander. | Gregory Scaffidi / IMAXTREE

Las nuevas siluetas de la moda no tienen miedo al volumen

Las costuras se relajan y la tela gana metraje. El auge de una nueva silueta, sin miedo al volumen, es la prerrogativa de un mercado que quiere alejarse de ataduras y estereotipos de género.

Laura G. Del Río | Woman.es

La idea era evocar «una sensibilidad punk», explicaba el diseñador. Pero en las redes, la colección de Thom Browne se leyó como una objetificación completamente desintonizada con los tiempos. «Nos cuesta ver la necesidad de poner mujeres literalmente atadas y amordazadas en la pasarela en este preciso momento», se leía en @diet_prada. No fue el único desfile en su radar. Popular por sacar los colores a la industria, la cuenta también tuvo palabras para los cuerpos ceñidos y los vestidos casi inexistentes de un Celine bajo la batuta de Hedi Slimane. «Un recordatorio para mantenernos cínicos», comentó.

Espoleó la animosidad que el desfile fuese el día siguiente a la vista del juicio por acoso sexual contra el (aun así) juez del Tribunal Supremo de Trump, Brett Kavanaugh. «Era una coyuntura inoportuna para arrasar con la filosofía de diseño femenina de una firma que, durante una década bajo Phoebe Philo, destacó por no equiparar el poder de una mujer a su sexualidad», esgrimía Jess Cartner-Morley, editora de moda de “The Guardian”. «El punto de vista femenino está pasado de moda», notaba. Sarcasmo explícito. Que la semana del debut de Slimane –«el funeral de Celine», ironizan en las redes– la búsqueda de piezas de la era Philo subiera un 275 % en Vestiaire Collective y la cuenta @oldceline amasara 200 mil seguidores es señal de que una gran parte del público no quiere solo ropa ajustada y escueta, sino romper con los encasillamientos y los estereotipos de género.

Un nuevo lenguaje femenino

«Tal vez hace falta una mujer al frente de una enseña como esta para entender que, al menos ahora, ellas necesitan Celine más que nunca», planteaba la editora Landon Peoples en Refinery29. Lo ha hecho en Dior. Tras las camisetas feministas de su taquillero estreno, la última propuesta de la que es la primera directora creativa (con ‘a’) de la Maison, Maria Grazia Chiuri, quiere reconvertir las trincheras de una feminidad a la antigua usanza bajo el paraguas de un nuevo orden social. «En un momento revolucionario, una gran casa como Dior tiene que ser consciente de lo que está ocurriendo a su alrededor.» Ella lo ha hecho con un pas de deux. «La tradición clásica del ballet no habla del cuerpo real de la mujer. Como él, en el pasado la moda quería controlarla y constreñir su cuerpo. Coreógrafas como Isadora Duncan y Pina Bausch rompieron esas reglas. Yo he mantenido las formas tradicionales de Dior, pero he quitado los corsés. Es un nuevo tiempo, en el que la moda debería apoyar a la mujer, no controlarla», defendía la italiana.

Street Style de Tbilisi Fashion Week. | Christian Vierig / GETTY

El alegato por la feminidad libre de ataduras de Chiuri es un movimiento coordinado en las pasarelas y en la calle. «Hay periodos que significan una ruptura o punto de inflexión social –las décadas de 1920 y 1930, finales de los 60 y los años 70, y ahora, a principios del siglo XXI– en que queremos dejar de ser esclavos de los vestidos entallados», señala Silvia Ventosa, comisaria de “El cuerpo vestido. Siluetas y moda (1550-2015)”, exposición que abrió en 2008 y se ha convertido en permanente del Museu del Disseny de Barcelona. Cuestiona si hay un cambio en cómo se apoya a la mujer desde la moda, pero sí ve el giro de tornas como algo inherente a esta industria: «Por un lado, pretende introducir modificaciones constantes para adaptarse a cánones de belleza siempre cambiantes, y por otro aporta soluciones cada vez más cómodas, donde se pretende superar la imagen erotizada de la mujer. En todo caso es cierto que la obsesión por la cintura estrecha como símbolo de belleza femenina parece que ha pasado a la historia», sostiene.

Street Style durante Paris Fashion Week. | Edward Berthelot / GETTY

«Nos movemos hacia una silueta más amplia», secunda Lidewij Edelkoort, fundadora de la agencia de pronóstico de tendencias Trend Union. La experta ve la corriente en dos direcciones: el romanticismo de tejidos etéreos y siluetas fluidas –a la vista en Dior, Ferretti y McCartney–, y una mentalidad cosmopolita que habla de movimiento y confort –puesta en práctica en los caftanes de Tory Burch, en las mangas kimono de Jil Sander y Awake y en los monos de Lemaire–.

«El volumen interacciona de una forma distinta con el cuerpo. Se trata de “cubrirse” y poner varias capas entre el mundo y tú», explica Marjorie Jolles, profesora de estudios de género en la Universidad Roosevelt, en Chicago. Una idea de protección que no debe conferirse al miedo sino a la determinación. «Más que un caparazón, es un envoltorio», sugería Nicolas Ghesquière tras su desfile para Louis Vuitton. Las mangas globo, los abrigos cocoon y las chaquetas armadas apuntaban a un retrofuturismo enraizado en los 80, una década en la que la ropa femenina empezó a tirar abajo la división de géneros con las hombreras superlativas y el traje como caballos de batalla. «Es la arquitectura de la ropa lo que es “protector”, le da fuerza. El reto es construir esa forma alrededor del cuerpo y crear el movimiento que necesitamos en la ropa», seguía el diseñador.

Look en blanco durante Paris Fashion Week. | Christian Vierig / GETTY

Que nadie se confunda: la intención no es cubrirse para esconderse y pasar de puntillas por el mundo. La nueva silueta quiere hacerse oír, alto y claro, como respuesta a los esquemas tradicionales. Y lo hace desde un prisma femenino, incluso cuando viene formulada por un hombre. «Se trata de estar cómoda, de llevar lo que te hace sentir bien y sexy al mismo tiempo», reivindicaba el diseñador norteamericano Matthew Adams Dolan. Su colección, una reacción al movimiento #MeToo, la fluidez de géneros y la discusión sobre el empoderamiento de la mujer, también explota los trajes oversize y el metraje de la tela. «La idea de lo que es atractivo ha cambiado. La actitud es no pensar en el hombre», apuntala Jolles.

Gabardina de Lemaire. | MatteoScarpellini / IMAXTREE

La última entrega de Celia Valverde, a la que incisivamente llamó #PowderPink, comulga y plantea una visión disruptiva de la feminidad a través de la experimentación con los volúmenes. «Estamos en un punto de liberación en el que no nos importa si una prenda holgada nos hace parecer más o menos esbelta», defiende la joven diseñadora madrileña, dispuesta a forjar una propuesta que anteponga la creatividad sobre los manidos recursos de la sexualidad evidente o la provocación y conforme un lenguaje de sofisticación contemporánea que abraza la idea de la libertad en el arte de vestir.

Propuesta de A.W.A.K.E. | Greg Scaffidi / IMAXTREE

el termómetro de la calle El público no tiene miedo a adoptar las propuestas más desafiantes de la pasarela y romper vínculos con los vestidos de tubo en favor de siluetas espaciosas no es una sinrazón. «El nuevo sexy se arraiga en prendas cómodas en las que te sientas segura moviéndote», dice Sidney Morgan-Petro, analista de mercado de la consultora WGSN. Ninguna prenda toma el pulso a la realidad como el vaquero, y confirma la teoría. «Hace dos años empezamos a ver siluetas más amplias en pantalones y tejanos», señala la experta, apuntando a firmas como Y/Project y Vetements. «Ahora ha pasado del estado inicial de prescriptor a un reclamo de mercado masivo, y seguirá abriéndose paso en el mainstream los próximos años», añade. Augurar la muerte al pitillo sería tan crédulo como osado. La plataforma de búsqueda Lyst lo mantiene en el trono de los cortes más buscados, pero por primera vez tiembla su dictadura. Mientras la demanda del mom jean subía un 109 % en la plataforma y las de pierna recta un 60 %, la analista de mercados Edited anotaba una subida del 32 % en la oferta de siluetas de pata ancha en el último cuarto de 2018. Las tendencias son raudas. La zapatilla se ha reinventado una docena de veces; el tie-dye ha ido y vuelto en un año; y un selfie de Bella Hadid ha hecho agotarse un sombrero de paja de 57 cm de circunferencia. El estampado de hoy, mañana será el de ayer, pero para Morgan-Petro este es el umbral de un punto de inflexión que empezó con el pantalón y ahora se extiende al resto del armario. «El tipo de tendencia que define una era», sostiene. Si a los años 20 los conocemos por sus vestidos columna, a los 50 por las cinturas de avispa y a los 70 por las campanas, la década de 2020 será la de la reinvención de la feminidad a lo grande.

Propuesta de Proenza Schouler. | Matteo Scarpellini / IMAXTREE

 

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