En lo alto del ranking de 2018, junto a las deportivas de Balenciaga y el cinturón de Gucci, es la primera pieza de segunda mano en el ranking de las más buscadas de Lyst. | Robert Schoehuys

La segunda mano de lujo se dispara

Es la salida a la encrucijada actual entre el deseo de individualidad, conciencia ecológica y novedad. La segunda mano de lujo se dispara.

Laura García del Río | Woman.es

Se confirmaba con Kim Kardashian rompiendo internet al subir una foto de su archifamoso trasero enfundado en una falda de licra y un tanga de Gucci de la era Tom Ford. Del verano de 1997, para ser exactos. Aquel post con 2.259.650 “me gusta” y 14.094 comentarios –muchos preguntando dónde hacerse con uno igual– validaba un fenómeno que ya llega hasta el cajón de la ropa interior: el mercado de artículos de lujo de segunda mano. O «previamente amados», como se afanan en recatalogarlos webs y vendedores en un giro léxico marketiniano.

No es gratuito que lidere la lista y lo llamemos eterno: según los analistas de BagHunter su valor sube un 14,2 % al año, convirtiéndolo en mejor inversión que la bolsa y el oro. | Robert Schoehuys

Los números avalan el fin de una reticencia que hasta ahora había relegado este sector a un inexplorado segundo plano: a día de hoy la reventa genera 17.554 millones de euros, al cambio actual, de los que la moda se lleva el 49 %. Y mientras el crecimiento del retail de primera mano de aquí a 2022 se queda en un pasable 2%, el del de segunda se pone en el 15%, señala el último estudio de ThreadUp, una de las mayores plataformas del circuito. «En diez años los armarios tendrán más de estas prendas que de cadenas de moda rápida», confirma Ana Recasens, CEO y fundadora de Netawear, uno de los primeros portales de compraventa de ropa y accesorios premium en nuestro país. «Las costumbres y los hábitos del consumidor están cambiando», se reafirma la empresaria. Y rápido. Si en 2016 fueron 35 millones, en 2017 las compradoras de artículos “usados” ya eran 44 millones en todo el mundo. No somos un caso aparte: siete de cada diez españoles adquirieron o vendieron objetos de segunda mano ese año, aseguran desde la enseña. Es la consecuencia directa de lo que en la Escuela de Negocios de Harvard han llamado “comportamiento secundario”.

«La reedición del mítico bolso de la firma ha sacado de los armarios los diseños de Galliano de los 2000», dice Recasens. Piezas cuyo valor de reventa ha aumentado un 89 % en The RealReal. | Robert Schoehuys

«Algo hacia lo que los consumidores llevan tiempo gravitando en muchos aspectos pero que hasta ahora había estado notablemente ausente en el espacio de los bienes de lujo», explica Charles Gorra, cofundador de Rebag. Templo digital para los devotos del bolso, hace unos meses la enseña abrió su segunda tienda de cemento y ladrillo en el SoHo neoyorquino –entre Fendi, Ferrari y el restaurante de Armani– con un Birkin de cocodrilo himalayo en el escaparate que, con una etiqueta de 70.000 dólares, ya se ha vendido.

Un negocio de ida y vuelta

Los seis billones de dólares que ha alcanzado este año la compraventa de alta gama son prueba de un cambio de actitud que no siempre tiene que ver con una cuestión económica: el 67 % de los usuarios de ThreadUp gana más de 100.000 dólares al año; el 13 % llega al millón. En la era de la moda rápida y la novedad constante, «industria y público se replantean cómo la moda se produce y consume», expone Ceanne Fernandes-Wong, directora de marketing y vicepresidenta de EMEA en Vestiaire Collective. «Hay un factor de conciencia medioambiental, pero también un deseo de individualidad. Los compradores buscan piezas vintage que ya no están a la venta y objetos de deseo del momento, mezclándolos para crear un look personal y actual.»

«Los clásicos como Chanel y Louboutin se mantienen. Pero la deportiva no baja el ritmo y la triple S de Demna Gvasalia funciona particularmente bien», dice Fernandez-Wong. | Robert Schoehuys

Se ha visto en el bolso Saddle de Dior, el más buscado en Lyst desde que la firma lo revisitó en la pasarela en febrero. En cualquier diseño con la doble “F” original de Fendi, al hilo de una logomanía que no decae. En el nuevo Gucci de Alessandro Michelle, que con un crecimiento del 62 % por primera vez le toma la delantera a Chanel y Vuitton en el portal The RealReal. Y en el último caso viral: apenas unos días después de que Hedi Slimane presentara su primera colección para la casa, este septiembre, la demanda de piezas del Céline –aún con tilde– de Phoebe Philo se disparó un 700 % en eBay y un 275 % en Vestiaire Collective. Hasta Hermès, que ya contaba con su Birkin, en constante revaloración desde hace tres décadas, se sube al carro aupado por los millennials: las adquisiciones entre los consumidores de 18 a 34 años han aumentado un 71 %. La segunda mano es un primer punto de contacto con el lujo para una clientela, especialmente la más joven, que no puede –y a menudo tampoco quiere– asumir los precios originales.

«Es, junto al Birkin, lo que más y mejor se vende», afirma Liébana. Que su valor en el mercado tradicional haya subido un 70 % en siete años certifica la etiqueta de “inversión”. | Robert Schoehuys

«Pero también ha cambiado la forma en que la gente compra en las tiendas tradicionales. El 80 % de nuestros usuarios emplea lo que gana con una venta para reinvertir en el mercado primario», apunta Rati Levesque, director comercial de The RealReal, que el primer lunes de octubre –oficializado en EE.UU. como Día Nacional de la Compraventa– anunció su alianza con Stella McCartney para promover un sector que se posiciona como el antídoto a la (insostenible) dinámica consumista actual apostando por la economía circular: por cada artículo de McCartney que un usuario venda en la plataforma, recibirá 100 euros para gastar en las tiendas de la inglesa. «Los compradores, sobre todo los más jóvenes, se están alejando de la idea tradicional de posesión en favor del uso», señala Fernandes-Wong. La milénica es la generación más preocupada por la responsabilidad social y medioambiental, pero también la más impulsiva: suelen deshacerse de una prenda después de usarla cinco veces. La segunda mano solventa la disyuntiva. «Ha cambiado la forma de consumir», dice Agustín Liébana, que tras 20 años como director de la boutique de Hermès en Madrid ha abierto Vestiaire Vintage, una de las primeras tiendas físicas en responder al fenómeno. «Si les ofrezco la posibilidad de grabar sus iniciales en un bolso, muchas clientas la declinan. “Si no, luego no puedo venderlo”, me dicen.»

El tiempo juega a su favor: son los grandes aventajados en el joyero, dicen en TheRealReal. Un sector donde lo clásico y la historia siguen marcando el pulso. | Robert Schoehuys

 

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