Desfile de otoño-invierno 2020/21 de Jacquemus. | Bureau Betak / Zoe Joubert

¿Caerá el telón?

Mientras el mundo de la moda sigue moviéndose a golpe de vídeo, el porvenir del desfile se presenta incierto. Alex de Betak, artífice de algunos de los grandes espectáculos de nuestro tiempo, ve el futuro en la reinvención, volviendo a la creatividad y celebrando la estética tanto como la ética.

Laura García del Río | Woman.es

Ha hecho falta un revulsivo mundial para que la premisa de transformación que hacía tiempo sobrevolaba los desfiles se haya convertido en una necesidad de facto. El crucero, la costura y la semana de la moda de hombre de junio se han cancelado, y todo apunta a que las ediciones femeninas de septiembre correrán igual suerte. Chanel ha anunciado que está estudiando nuevos formatos para sus presentaciones y Saint Laurent ha aprovechado la coyuntura para desvincularse del frenético ritmo impuesto por el calendario tradicional, mientras Armani declaraba que se bajaba de una rueda que, a base de acelerar, estaba acabando con la creatividad y e imponiendo un consumo tan voraz como ilógico. «El mundo en general y el de la moda en particular han llegado a un punto de inflexión. Hay una saturación emocional, mental y física, y el coronavirus ha añadido otra razón más», nos dice Alexandre de Betak al otro lado del teléfono en su casa de París, en pleno confinamiento. Lo optimista de su tono anuncia una lectura positiva entre los nubarrones. «Esta situación articula la oportunidad para evolucionar y buscar nuevas ideas. Era un cambio que tenía que empezar ya por una razón de sostenibilidad, pero el vuelco que va a generar la crisis sanitaria –a todos los niveles: vital, mental y económico–, lo va a acelerar».

El productor Alex de Betak. | Bureau Betak

Director creativo y productor –también hay quien lo llama mago–, de Betak, que llegó a la moda a través de una temprana pasión por la fotografía que le llevó a tener su primer cuarto de revelado a los 12 años y empezó a producir sus primeros eventos junto a Sybilla, es uno de los artífices del desfile como el espectáculo mediático que hoy conocemos. Él es el hombre detrás del Concorde –teñido de rosa, de los asientos al champán– que llevó a los ángeles de Victoria’s Secret hasta Cannes para el show de 2000; de la montaña de 300.000 delfinios que arropó la presentación de p-v 2016 de Dior en el Louvre; y de los 189 kilos de palomitas que cubrieron la pasarela de o-i 2018 de Calvin Klein. Pero de un tiempo a esta parte, su enfoque de lo que entraña su trabajo ha cambiado. No tanto en lo referente a crear un espectáculo efectista, sino en cómo hacerlo sin que pase factura al planeta. Sí, se puede: el desfile de p-v 2020 de Dior fue tan interesante por las propuestas de su diseñadora, Maria Grazia Chiuri, como por el centenar de árboles en la escena y que, una vez cayó el telón, echaron raíces en espacios verdes del centro de París. El de Gabriela Hearst acaparó titulares como el primero con huella de carbono neutra. Y Jacquemus solo necesitó 450 metros de alfombra rosa, una hilera de bancos y los campos de lavanda de la Provenza para catapultar en un 1.343 % la repercusión de la firma en las redes.

Desfile de otoño-invierno 2020/21 de Michael Kors. | Bureau Betak

«Cada vez me era más difícil mirar a otro lado e ignorar la cantidad de dinero, energía y material que se invertía en un evento de diez minutos para tirarlo todo a la basura después», explica el productor. Empezó con pequeñas maniobras. Los fluorescentes que se han convertido en parte de la identidad de Rodarte se han reutilizado desde el primer desfile que hizo para la firma, hace más de una década. En Dior, los bancos han sido los mismos, temporada tras temporada, durante cinco años. Pero su visión para hacer las cosas de otra manera la apuntaló este febrero, en la primera jornada de la última semana de la moda de París, cuando anunció que, desde ese día y con efecto inmediato, todo evento que pase por sus manos se ceñirá a los más estrictos estándares de sostenibilidad. El plan, recogido en diez mandamientos que pasan por reducir las emisiones de CO2 en un 25 %, eliminar los plásticos de un solo uso y adjudicar el 1 % de todos los presupuestos a donaciones para apoyar iniciativas medioambientales, ha convertido a Bureau Betak en la primera empresa de su clase en recibir la certificación ISO 20121. El año que viene espera conseguir el sello B Corp, el Oscar de la sostenibilidad, que en la industria de la moda solo tienen unos cuantos abnegados como Patagonia y Ecoalf. «Esta aventura es algo que tengo en mi agenda desde hace tiempo», explica el francés, que en 2007 puso en marcha un programa de reforestación para neutralizar la huella de carbono de sus eventos al que la crisis económica del año siguiente frenó. «Nos ha costado una década volver a arrancar», dice. Que la recesión que augura el Covid -19 vuelva a ponerlo todo en pausa no es una opción. «Tristemente, la mayor traba de todo esto es el dinero. Pero son muchos los que, como nosotros, han entendido que es una inversión de futuro. Ya no hay marcha atrás. La sostenibilidad ya se ha convertido en un imperativo».

Desfile de primavera-verano 2020 de Dior. | Bureau Betak

Tal vez el momento en el que se vio que la conciencia ecológica era la estrella protagonista de la función fue cuando Chanel explicó –con un post de Instagram, como dicta la comunicación actual– que hasta el último grano de las 266 toneladas de arena de la playa que había desplegado para su desfile de p-v 2019 sería reutilizado en la construcción, el agua reprocesada por el sistema de alcantarillado de París y los asientos de madera, reciclados, como ya había hecho, aunque sin tanto eco mediático, con la casa que acogió el desfile de costura de p-v 2016. Incluso el ciclorama se guardó para eventos futuros. Desde entonces, la compensación de emisiones de carbono y el upcycling se han convertido en parte del lenguaje vernáculo del desfile. Pero la crisis sanitaria ha subido el listón. Sostenible o no, ¿cuán necesario es congregar a miles de personas traídas desde las cuatro esquinas del mundo para ver seamos sinceros, la ropa es lo de menos? “Las pasarelas se han convertido en una herramienta de comunicación importante, pero su público no es tanto el 0,1 % que lo ve en vivo como el otro 99,9 % que lo ve a través de las redes», explica el francés. Y de las 700 toneladas de CO2 que genera un desfile de gran escala, 500 derivan de los viajes de los invitados. Hasta ahora, el impacto mediático justificaba cada milla. Pero el reordenamiento de las prioridades ha cambiado las tornas. «Ya no es suficiente. La gente no lo va a aceptar. No quiero decir que el coronavirus tenga que ver con la sostenibilidad, pero tras una situación como esta, el público va a exigir una ética», sostiene Alexander de Betak.

Desfile de otoño-invierno 2020/21 de Rodarte. | Bureau Betak

La presión social, reconoce, es un aliciente. Pero tiene doble filo. «Hoy por hoy, las redes son la razón de ser de cualquier evento. Y su importancia va a ir a más. Pero como canales de difusión, no solo informan, también critican, y por eso es importante educar». La transparencia es clave para el empresario, que lejos del secretismo habitual de esta industria no duda en compartir números. Al caso: las 40 toneladas que puede llegar a generar un desfile a gran escala, y que han conseguido reducir a seis con sistemas de recogida y reutilización que añaden un extra de 20.000 euros a la factura. «Habrá quien lo vea como una gota de agua en el océano si el resto de las prácticas de una firma no son sostenibles. Incluso quien lo considere una forma muy barata de comprarse una conciencia. Yo veo la otra cara de la moneda. Creo que hacer conscientes a las marcas de sus capacidades para hacer las cosas mejor les llevará a ampliar esa premisa a todo lo demás». Convertido en el eje argumental de una maquinaria que genera un billón de euros y 300 millones de puestos de trabajo, «el desfile no va a desaparecer. Pero van a surgir otras fórmulas», puntúa. Empezamos a verlas en el modelo virtual de Rusia y la digitalización de la fashion week londinense. Incluso en la salida de Saint Laurent del calendario oficial para instaurar sus propios ritmos y formatos. «La moda se ha encerrado en una sistematización que hoy el mundo no quiere, por muchas razones. Ecológicas, para empezar, pero también porque cada firma y audiencia es diferente. Para mantener el interés del público las marcas tienen que reinventarse, y eso va a llevar a una liberalización de esas normas. Soy el primer partidario de romper los esquemas para reformularlos y reconfigurarlos».

Montaje del desfile de o-i 2020/21 de Jacquemus. | Bureau Betak

 

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