Carrusel final del desfile de otoño-invierno 2019/2020 de Dolce & Gabbana. | Anton Denisov

Dolce & Gabbana: el show debe continuar

En una escena dominada por la novedad a toda costa, Dolce & Gabbana rompe el esquema. Sastrería, feminidad y elegancia desfilan a la vieja usanza en una colección que, de clásica e idiosincrática, es rompedora.

Laura G. Del Río | Woman.es

"Damas y caballeros, bienvenidos al Metropol”, sonó la voz, en perfecto inglés, del presentador. Absuelto del carnaval de influencers y selfies que venía siendo habitual, el desconcierto sobrevolaba el patio de butacas del teatro donde Domenico Dolce y Stefano Gabbana presentan sus colecciones desde hace 14 años. Pero cuando se abrió el telón y el primer look salió a escena –un abrigo masculino, con pantalón ancho y sombrero, sacado de una escena de Vittorio de Sica–, los mil espectadores allí sentados entraron en situación: empezaba una función donde el espectáculo iba a ser la ropa, sin distracciones. Después llegarían los camisones de satén y marabú; el leopardo, las flores y los tejidos de la sastrería aplicados a cortes ultrafemeninos; las novias, la pedrería y el negro siciliano, tan sexy y dramático como una película de Visconti. Tras varias temporadas a la caza del millennial, el dúo volvía a sus códigos y a lo que mejor saben hacer: ropa bonita que sienta bien a la mujer. Y aunque de lejos todo era familiar, de cerca surgían las sorpresas: tejidos como el PVC, un par de vestidos deconstruidos y la excentricidad de los accesorios –como unos zapatos punk completando un vestido de tul– hacían que la colección, construida en torno a la confección y la elegancia clásicas, no perdiese el hilo de la actualidad. “Es como hacer un viaje al pasado, pero con la mirada puesta en el presente”, nos dicen ahora los diseñadores al revisitar el desfile desde su oficina de Milán.

Mirar al pasado está de moda. Los 70 y los 80 son referencia perenne, la calle sigue resucitando hits de los 90 y hasta Kim Kardashian clava el look de Aaliyah en los 2000. ¿Es una forma de escapar de un presente convulso?

Todo puede ser una fuente de inspiración. La moda es cíclica, toma los códigos del pasado y los sube de nuevo a la pasarela. En ese sentido, es nostálgica, y vuelve al pasado para mirar al presente con mayor lucidez. Tienes que recordar donde empezaste, aferrarte a tus fuertes y particularidades.

El show recreaba los de los tiempos dorados de la costura, con maestro de ceremonias y la novia cerrando. ¿Añoráis la liturgia que la moda representaba entonces?

Mirar al pasado es esencial, todo el mundo lo hace. Pero es importante saber reinterpretarlo. La moda es narrativa. Para nosotros, cada vestido es una frase en una historia que habla de quienes la hacen, en el pasado y en el presente.

Stefano Gabbana (Milán, 1962), esbozando uno de los diseños de la colección en su estudio. | Dolce & Gabbana

En una entrevista en esta misma revista, hace un año, decíais que “un diseñador honesto habla de su vida”. ¿Qué dice esta colección de la vuestra, más allá de vuestras raíces y sensibilidad italianas?

Habla de nuestras pasiones. El arte, la pintura, la fotografía, el cine –en especial el del neorrealismo italiano–, son fuentes de inspiración clave para nosotros. La última parte, dedicada al negro de Sicilia, se refiere al cine en blanco y negro, a mujeres hermosas como Anna Magnani y Sophia Loren, que siempre serán musas para nosotros.

Al periodista Alain Elkann le dijisteis en 2015 que “vuestros amores, en orden cronológico” eran Magnani, Loren, Madonna e Isabella Rossellini”. ¿Deberíamos añadir –o quitar– algún nombre a esa lista?

Todas ellas son mujeres maravillosas, auténticas inspiraciones y amigas que nos han acompañado y siguen a nuestro lado hoy.

De hecho, las habéis subido a vuestra pasarela. El año pasado Rossellini abrió un show en el que, además, vimos a las tres únicas modelos de talla grande que desfilaron en Milán. ¿Comulgáis con el grito de diversidad que resuena hoy?

Nuestras colecciones hablan de autenticidad, belleza y amor. Ninguna de esas cosas tienen edad, talla, origen o cualquier otra etiqueta. Nuestro primer desfile se llamó “Real Women”. Nunca hemos prestado atención a los estándares. Siempre nos ha interesado más traer mujeres auténticas a la pasarela; hermosas, pero desde nuestra punto de vista, sin doblegarnos a ninguna pauta.

Las modelos Varsha Gopalakrishna y Zoe Thaets en el backstage del desfile de otoño-invierno 2019/20 de Dolce & Gabbana. | Ivan Lattuada

Esa prerrogativa de realidad e inclusión es, al menos en su origen, la idea de la que se han nutrido las redes sociales. ¿Qué opináis de estas plataformas: aliado o enemigo?

Las redes tienen un impacto poderoso en la forma de comunicar, en la moda y en cualquier otra industria. Hoy todo es rápido y accesible. Pero eso nunca nos ha hecho desviarnos de nuestro objetivo: crear sueños hechos de tela.

Titulasteis la colección “Eleganza”. ¿Es una respuesta al ‘streetwear’ que se ha filtrado de la calle a la pasarela?

El desfile y su nombre son un homenaje al arte de la sastrería, al hecho a mano, a nuestros códigos. La moda cambia constantemente, pero la elegancia y el estilo son nociones eternas.

Domenico Dolce (Sicilia, 1958), dando las últimas puntadas a un vestido bordado con la consigna “Hecho a mano”. | Dolce & Gabbana

Las palabras “hecho a mano”, bordadas, se leían en un vestido. ¿Era una forma de reivindicar valores que se están perdiendo en una sociedad y una industria cada vez más industrializadas?

Domenico: Crecí en la sastrería de mi padre, rodeado de telas, retales y patrones. Aprendí todo a base de observarle y escucharle. Era un niño cuando hice mi primer vestido. El taller de un sastre es como una casa. Este es un oficio antiguo que se pasa de generación en generación para que no se pierda. S.G: El toque humano es un valor importante para nosotros. Nuestras manos y las de los sastres –que colaboran con nosotros– expresan el amor que le profesamos a nuestro oficio, la atención que ponemos en la construcción de cada prenda.

El año que viene marca el 35 aniversario de la firma. Ya no sois pareja sentimental pero si profesional, y muy próspera. ¿Cuál es el secreto?

Stefano: No podría vivir Domenico. Ni ahora, ni nunca. Parece que fue ayer cuando empezamos. Los primeros años fueron duros. Siete días a la semana en la oficina; nunca librábamos. Compartíamos un objetivo, y el amor y el entusiasmo que siempre ponemos en nuestro trabajo, y que es lo que nos ha traído hasta aquí. A veces discutimos, pero la confrontación es la clave del crecimiento.

Se dice que Domenico es el sastre y Stefano el soñador. ¿Es en el encuentro de vuestras visiones donde nacen las colecciones de Dolce & Gabbana?

Domenico: El estilo Dolce & Gabbana se basa en contrastes y oposiciones. Masculino y femenino, sensualidad y austeridad, preciosismo y sencillez, aristocracia y street style, negro siciliano y mucho color. Así es nuestro mundo.

Una de las últimas versiones de su (superventas) bolso Devotion. | MARCUS TONDO

Un mundo que se ha convertido en una empresa multimillonaria. En 2017, los ingresos llegaron a los 1.100 millones de dólares. Es el Santo Grial de la industria: ¿cómo se conjugan creatividad y negocio?

Stefano: Somos diseñadores ante todo, para nosotros la creatividad es el motor. El negocio no es la primera motivación de nuestro trabajo. Nunca hemos hecho esto por dinero. Reconocemos su importancia, pero para nosotros viene después. Cuando haces algo que es la expresión de tus ideas, tus emociones, tu forma de ser, ya eres afortunado.

¿Cómo veis el porvenir de la marca? ¿Pensáis en sucesores o Dolce & Gabbana termina con vosotros?

No sabemos lo que nos depara el futuro. Preferimos pensar en el ahora. Cada día hacemos frente a nuevos retos y proyectos que nos fascinan, aprendemos algo de nosotros mismo y de la realidad que nos rodea. Mientras sigamos sintiendo pasión por lo que hacemos, seguiremos hacia adelante.

Anton Denisov

 

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