D.R.

Zahara: "Nunca pensé que iba a contar en mis canciones que han abusado de mí"

Con su nuevo disco ‘Puta’, la cantante se ha abierto en canal en una especie de 'MeToo' musical que la ha desbordado con mensajes de apoyo. Expone sus vivencias ante el abuso, el ‘bullying’ o el miedo de volver sola a casa de noche. Situaciones que tantas hemos vivido en primera persona.

Paka Díaz | Woman.es

Cuando Zahara (Úbeda, 37 años) aparece en la pantalla de Zoom para la entrevista con Woman, descubrimos que las dos llevamos un jersey rojo. “Perfecto, porque es el color de ‘Puta’, mi nuevo disco. En la gira, vamos a ir todos de rojo”, dice la cantante risueña. Una gira que asegura que será “como una gran fiesta”. Su nuevo trabajo, ‘Puta’, así lo merece. Esta especie de MeToo musical en el que la cantante se ha desnudado emocionalmente, se ha convertido ya en un exitazo en las redes sociales, aunque no se presenta oficialmente hasta el 30 de abril.

Con este disco, 'Puta', Zahara completa una trilogía que comenzó en 2015 con 'Santa' y luego con 'Astronauta'. Este es el trabajo en el que más capas ha conseguido quitarse. Su primer single, 'Merichane', con una letra que pone los pelos de punta y un vídeo espectacular, se convirtió en una bomba. Es fascinante escuchar las letras que ha escrito, sentir el dolor, pero también el acompañamiento. Porque Zahara no está sola.

Las redes se llenaron de mensajes de mujeres que, como ella, no ha sabido decir que no por miedo o por vergüenza, mujeres que se han puesto las llaves entre los dedos a modo de frágil arma al volver a sola de noche, muertas de miedo. La cantante ha sabido representarnos a todas con este disco maravilla, que también nos hace soñar con una nueva-vieja-normalidad pero que, sobre todo, es un canto a la libertad de las mujeres. 'Dolores', su último single antes de la presentación oficial, una canción dedicada a su abuela Isabel y a todas las mujeres de su familia, ya lo dice: 'Tú eras más libre que todos los hombres, insufribles y arrogantes'.

La artista ha preparado una preciosa caja de terciopelo, una boxset edición limitada que contiene el Cd 'Puta', más otro de regalo, fotos, un encendedor y hasta un pequeño manual de autoayuda en tres pasos, además de otros escritos que ayudan a comprender mejor la dimensión de este trabajo. Además, y como un guiño a todas, viene con una banda de satén con la palabra puta escrita en oro, como la que la cantante lleva en las fotografías de promoción de este disco.

Un paso más en la carrera de la artista jienense que no se ha detenido nunca, que cosecha gloria allá donde va y que firmó una de las canciones más bellas de la historia del 'indie' español, 'Pregúntale al polvo'. Incluso presentó un programa en Movistar + y ha sido profesora en la edición 'OT 2020' de Operación Triunfo, donde se encargó de impartir lecciones de Cultura Musical. Pero, sin duda, su mayor éxito se muestra en las letras de este último disco, en su verdad, su honestidad y, aunque ella se resista a usar esa palabra, su valentía.

"Cuando le puse el disco al equipo de Altafonte, que es quien lo distribuye, había siete personas y dos de ellas eran mujeres, y al acabar. Al acabar, ellas dos se acercaron a mí y me dijeron, ‘qué guay, Zahara, porque es verdad que es duro, pero hay algo ahí de revolver cosas, pero cuando acaba te sientes acompañada, no te sientes mal’. Que maravilla sentir que algo que me ha ayudado también está ayudando a más gente", explica la cantante. Magnífica conversadora, en la entrevista para Woman, Zahara demuestra que es una mujer sabia. Por muchas cosas.

¿Qué ha supuesto tu nuevo álbum ‘PUTA’, para ti?

Para mí ha sido como una catarsis, bastante liberadora. No era algo que pretendiera hacer, no tenía el objetivo de sanarme a través de la música, pero es algo que ha sucedido, por suerte. La música tiene este poder sanador, tanto para el que la hace como para el que la escucha. Pero no fue premeditado. Me puse a hacer canciones porque el confinamiento me llevó a ese estado de oscuridad que muchos vivimos y solo conseguí salir de ahí haciendo canciones compulsivamente. Al hacerlas, sentía esta liberación que iba a más, ahora al compartirlas está pasando esto que es todavía más bestia, me estoy sintiendo al fin libre de culpas. Hago las canciones, voy a mi terapia, trabajo todo esto pero la parte más sanadora se produce al compartirlo. Y vaya, me lo cuentan antes y no me lo creo.

Es que ha sido como un MeToo Musical. Con tu primer single, 'Merichane’, nos dejaste impactadas, emocionadas. Pero al mismo tiempo era una sensación de libertad. Has conectado con muchas mujeres porque, de algún modo, nos representas a todas o a casi todas.

Sí. Lo bonito y al mismo tiempo lo triste de todo esto ha sido ver sobre todo a mujeres que se sienten identificadas, aunque también hay hombres que sufren acoso, vejaciones y parternalismo. Yo hablaba con mi mejor amigo de estas cosas que me pasaban y él lo ha vivido muchísimo también. Al final viene del mismo lugar, el machismo, y lo sufrimos todos. Yo sabía que iba a haber mujeres que se sintieran identificadas, porque todas hemos ido con las llaves en la mano como si nos pudieran proteger, o haciendo como que hablamos por teléfono. Yo iba por la calle de noche con el número de la policía marcado en el móvil, por si pasaba algo. Pero no me podía imaginar la repercusión que ha tenido. Todas esas mujeres que me han contactado para contarme sus experiencias, cómo entendían unas frases que solo las comprendes si las has vivido. Todavía no encuentro las palabras para digerirlo.

‘Yo estaba ahí, con las llaves en la mano. Acelerando el paso, fingiendo que hablaba con mi hermano. Yo estaba ahí, dejándome hacer con tal de que acabase de una vez’, dicen algunas de las estrofas de ’Merichane’. ¿Hay mucho de valentía en este disco o era pura necesidad de expresarte, de alzar la voz?

Empieza siendo lo segundo. Un acto de expresión, no diría egoísta porque era muy inconsciente, pero sí de una necesidad vital. Yo no estaba bien, me puse a hacer canciones sin parar porque con el confinamiento y al haberse parado los conciertos, estaba en una especie de nada. Soy una yonki que hace canciones. ¡Dame mi dosis de música, quiero sentir lo de antes! Era mero egoísmo. Es verdad que conforme van terminándose las canciones, ya voy siendo consciente de que se va a convertir en un disco que la gente va a escuchar, que ya no controlaré nada. Gustará o no. Se criticará o me entenderán… Pero no lo siento como valentía. Mi sensación era, ya he llegado aquí, no hay vuelta atrás.

¿Habrías sido capaz de decirlo todo esto, de exponerte de esta manera, si no le hubieras dado la forma de canciones?

No. Si hubiera tenido que decir todo lo que he dicho en una conversación, decírselo a mis padres, decírtelo a ti, nunca lo habría hecho. Me escondo en las canciones, aunque me desnudo en ellas. Es una contradicción que rodea a todo esto. Por eso, cuando saqué ‘Merichane’ no entendía que me dijeran lo de la valentía. Solo entiendo que lo es, cuando hago el ejercicio de mirarlo desde fuera. Tal y como está planteada la sociedad hoy en día, parece que da miedo expresar lo que sientes, que solo podemos compartir la belleza normativa. Para mí era simplemente un acto de necesidad.

Y luego nos vamos a ‘Berlin U5’, tu último single, otra catarsis totalmente distinta para bailar como en los viejos tiempos, felices y libres… ‘Llévame a bailar como si aún fuera real, como si el mundo no se fuera a acabar’, te escuchamos cantar. Si el mundo se fuera a terminar, ¿bailar sería tu opción?

Desde luego, si el mundo se acabase no creo que yo terminara como los de la película ‘Melancolía’, sabes, todos abrazados y pensando nos entregamos al fin del mundo. Tampoco llamaría a todo el mundo o haría esas cosas que nunca he hecho. Creo que bailar sería una de mis opciones o me tiraría las últimas horas del día follando. Solo que bailar te permite esa libertad y esa entrega que puedes encontrar en el sexo, sin necesidad de estar así de excitado y sobre todo sin tener que estar con nadie. Yo se que pondría la música muy alta y bailaría sin parar. La canción la compuse en en confinamiento, quería que rompiera la temática confesional y más densa del disco, que fuera más ligera, para desengrasar y luego volver. Está en el medio del disco, en todo el drama, llegas a Berlín, bailas y luego vuelve Zahara a seguir contándote sus mierdas (risas). Esta canción dio muchas vueltas hasta que encontré la letra gracias a Guille Guerrero, que es ya mi socio artístico. No sabemos por cuánto tiempo vamos a tener que estar con la mascarillas, la distancia social y todo eso, yo quería hablar de la libertad que teníamos, con un amor salvaje. Mi última fiesta fue en 2019 en Nochevieja en una ‘rave’ en Berlín, gente sudorosa, te tocabas… Recuerdo esa sensación de estar bailando pegada a la peña, y ahora es al contrario, que no me toque nadie. ¿Cómo será volver a eso?

En otro de los temas, dices: ‘Me han enseñado muy bien a intentar ser la mejor y muy poco a  saber qué quiero’. ¿Nos enseñan así desde niñas, qué nos supone eso?

Esa es la primera canción que compuse para este disco y con la que se abre la caja de Pandora de los traumas. Resume muy bien por qué he llegado aquí. Si eres mujer te enseñan desde niña a ser perfecta, en cuanto a tu cuerpo, tu inteligencia, tu saber estar, tu diplomacia, tu no molestar, tus habilidades sociales y en tu casa. Y ahora en el siglo XXI nos sentimos liberadas, pero también tenemos que ser perfectas en nuestra profesión para así justificar estar ahí. Super buenas madres. Esos anuncios de esa mujer que llega a todo y está perfecta siempre, me alucina. Yo ayer llevé al colegio a mi hijo con un moño hecho de cualquier manera, no me había quitado el maquillaje del día anterior y parecía un mapache… Esa necesidad continua integrada en nuestro ADN de ser las mejores en cualquier circunstancia es agotadora. Cuando la pregunta es: ¿realmente yo quiero eso? ¿Por qué tengo que ser la mejor si eso solo me lleva al sufrimiento? Todo el disco es la respuesta a eso. No quiero ser la mejor, estoy hasta el coño de ser la mejor.

¿Crees que eso está de algún modo entroncado con el síndrome de la impostora, te ha pasado a ti eso de no creerte tu valor?

Sí, continuamente tenemos la necesidad de demostrar que nos merecemos donde estamos. Quiero currar más que nadie, que se vea que hago todas las entrevistas y además hago el diseño con Emilio del disco y estoy también en la parte creativa de los vídeos. Tengo la sensación de que no puedo delegar porque tengo que demostrar que yo puedo. Pero por mucho que haga, todo el rato siento que no es suficiente y que no me merezco esto.

¿Cómo se sale de ahí?

Creo que se sale con ayuda psicológica, que solos es muy difícil. Nos creemos todo el rato que tenemos que dar un paso adelante para superar nuestros problemas pero, a veces, lo que tenemos que hacer es dar un paso al lado. Se trata de cambiar el punto de vista, mirar desde otro ángulo. A mí me ayuda mucho pensar en si lo que yo hago lo estuviera haciendo mi mejor amiga. Si la Benito, que es mi mejor amiga, me contara que hace todo lo que yo hago, diría, ‘mi amiga es una genia’. Tenemos muy mal gestionada la autocompasión, es decir vernos a nosotras en un lugar de igualdad y acompañamiento. Siempre nos vemos por debajo, somos las más tontas, las más gordas, las más idiotas, las menos trabajadoras, las peores madres… Hay que cambiar eso. Si te lo cuenta una amiga, jamás la verías como una impostora. Al contrario, le dirías que estás haciendo de más. Al cambiar el punto de vista acabas con el síndrome de la impostora pero viene el siguiente síndrome, que no se me suba demasiado (risas). Es muy difícil, creo. Puedo compartir lo que he vivido para que en el futuro otras mujeres puedan vivir sin todo esto. Ojalá.

‘Te he querido como solo se quiere a un esclavo’, dices en uno de los tema de ‘Puta’. Me da la impresión de que tu nuevo disco dinamita muchos conceptos. Uno de ellos, la concepción clásica del amor. ¿Hay algo de eso?

Totalmente. La sensación que he tenido a lo largo de toda mi vida es que a pesar de haberme esforzado mucho, de haber tenido amores muchos y de haberme sentido enamorada, no tiene nada que ver con eso, sí que tengo la sensación de que no he conseguido amar nunca bien, porque yo no me amaba, básicamente. No sabía cómo hacerlo. Recibía amor porque siempre tenía mis conciertos y cuando me subía al escenario era una diosa, la gente me adoraba y quería ser yo. Entonces tenía un chute de amor que no tenía nada que ver con ello, pero se parecía mucho y me hacía sentir bien. Esta carencia la suplía con amores ajenos que son bonitos y buenos pero nunca pueden sustituir al propio. Me he dado cuenta, y este confinamiento me ha mostrado a la cara que sin el amor de los demás yo no sabía gestionar mi felicidad. Me faltaba. Observaba las relaciones de mi vida, todas ellas, y pensaba que siempre he amado de una manera muy exigente con el otro. Siempre he deseado que me quisieran de una manera muy concreta. Cada vez. Pensaba me gustaría que me llamará, que estuviera ahora en mi casa, que cuando colguemos me mande un mensaje… Y si no pasaba ninguna de esas cosas, es que no me quiere. Esa necesidad de que te amen de una manera concreta, siempre exigiéndole al otro, es completamente errónea. Tu tienes que amar al otro como es, no como tú quieres que sea. Mi sensación es que como yo siempre he querido, desde niña, ser diferente para que no me pasaran las cosas que me han pasado, es obvio, tampoco he sabido quererme a mí misma. Yo deseaba ser otra y así, no. Pido perdón a los amores de mi vida porque ahora me doy cuenta de que yo no lo he hecho bien.

¿Y has aprendido a amarte a ti misma? ¿En qué momento estamos?

Creo que el confinamiento en mi caso duró lo suficiente como para destensarme y recolocar todo con tiempo. Me ha obligado a enfrentarme a ello todos los días, a mí. Haber tenido el tiempo para deprimirme, suena terrible, pero me ha ayudado a ir a muerte con mi tristeza. Y, por supuesto, haber tenido apoyo terapéutico, a una profesional a mi lado que ha sabido ayudarme a gestionar esto. Hoy siento que estoy muy en paz conmigo. Me siento muy feliz y una de las pruebas es que he hecho este disco. Hay una frase tontísima de una canción que se llama Médula, que lo resume muy bien: ‘Observa este ejemplar, está defectuoso, lo he intentando cambiar sin ver que así es precioso’. Y me dije lo voy a decir así porque es como lo siento, no voy a acomplejarme por rimar defectuoso con precioso (risas).

Tu disco está lleno de frases así, que son hermosas y a la vez que te hacen sentir mejor, te acompañan, incluso aunque te pongan triste. Suena loco pero, como oyente, lo siento así…

¡Gracias! Creo que le tendré que dar derechos de autor a mi psicóloga porque ella es maravillosa, se llama Paula y es de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida. No podía imaginar una ayuda así. Qué importante que hayas hablado de la parte mental, de la terapia, porque aún hay demasiados tabúes alrededor de eso. Claro, es que creo que ahora que tengo un hijo lo observo y pienso que está totalmente jodido en esta sociedad, que desde que somos pequeños, en cuanto tenemos un problema le quitamos importancia. Si un niño llora por algo, no pasa nada. Si se cae, no pasa nada. Nunca pasa nada. Y no es verdad. Para un niño lo más fuerte que le puede pasar es que se haga daño físico, que tenga hambre o que te eche de menos. Ese es el cien por cien de su drama. No hay mucho más. Así que todo eso es importante para ellos, decirles que no lo es acaba por minimizar sus sentimientos. Intento observar eso cuando me pasa con mi propio hijo. Si le duele algo y grita, qué bien que sea tan libre. ¿Por qué le voy a impedir mostrarlo? Nuestra generación viene de ese no pasa nada, de reprimir y no mostrar lo que sentimos. No seas quejica, ni llorica. Qué obsesión. Creo que si consiguiéramos mostrar más cómo nos sentimos, nos iría mucho mejor a todos y avanzaríamos como sociedad.

Has mencionado a tu hijo. ¿Cómo se lleva la maternidad dentro de la industria musical?

Solo se puede llevar con ayuda. No solo en la industria musical. Siendo madre y divorciada, por una parte tengo cierta independencia cuando está con el padre, que es cuando hago mil cosas, aunque duermo solo cinco horas para aprovechar todo el tiempo. Cuando estoy con mi hijo, para poder tener momentos de conciertos o entrevistas,cuando no pueden mis padres, necesito ayuda profesional. Es complicado porque para eso hace falta dinero. Me hace mucha gracia cuando hablan de conciliación, porque la conciliación es una mierda. La tienes solo si generas el dinero suficiente para dedicarte a trabajar y a que tu hijo esté bien atendido. Parece que da miedo hablar de dinero, pero es así. En mi caso, mi hijo tiene una cuidadora maravillosa que es su mejor amiga, que me ayuda y le cuida cuando yo no puedo. Y obviamente eso tienes que pagarlo porque la sociedad no se encarga de ayudar a las familias a que concilien de verdad. El Estado no se encarga de ayudar a la crianza de nuestros hijos. Esta pandemia ha evidenciado mucho más este problema y que los cuidados, la mayoría de las veces, recaen sobre las mujeres.

¿Qué te parece la situación de las mujeres en la industria musical y, en concreto, en el ‘indie’? ¿Que se espera de las artistas que no se espera de los artistas?

Ahora empieza a cambiar un poco pero, cuando yo empecé, en mis veintes, de mí se esperaba siempre que cantara bien. Ninguna mujer se subía al escenario desganada. No se esperaba que tocáramos ningún instrumento. De hecho, si lo hacías, se te comparaba con un hombre. Oh, tocas como un tío. Ese era el piropo. Esto es así. A día de hoy, de una mujer se sigue esperando que se reinvente continuamente. Justo antes de hablar contigo he visto una entrevista que le hacían a Lola Índigo, que me encanta, y justo hablaba de esto. Contaba que, en un mismo festival ella llevaba cuerpo de baile, pantallas, músicos, una puesta en escena de no se cuántos cambios de vestuario, varias coreografías y hace el pino si hace falta (risas). Pero un compañero con un caché incluso superior al mío, llevando a menos gente que yo a verle, coge un micro y un Dj y punto. Pero de ella se espera más. De nosotras siempre se espera más.

Pero parece que la situación mejora, al menos ya se programa a más mujeres en festivales de música, que hace unos años había una falta de igualdad sonrojante…

Yo tengo la misma sensación, veo que está cambiando en las nuevas generaciones, a ciertos programadores se les cae la cara de vergüenza y empiezan a programar a más mujeres. Yo estoy a favor de la discriminación positiva hasta que se alcance una cierta normalidad. Pero vaya, se podrían montar festivales solo con mujeres. Si te fijas en la música pop, las que están revolucionando el panorama son ellas.

¿Qué importancia tiene que se escuchen vuestras voces, las de las creadoras en todo tipo de artes?

Mucha. Pero pasa que si una mujer escribe un libro es para mujeres, sin embargo si lo escribe un hombre es universal. Como yo, si hago canciones son canciones para chicas. Otra de las cosas que siguen pasando es que siempre se pone el foco en todo lo que nosotras tenemos que hacer. Chicas, hay que empoderarse, tocar instrumentos… Pero ellos solo tienen que seguir ahí. Sería tan importante una revisión de la masculinidad porque el machismo hace algo muy bestia, hasta que no cambien ellos, no va a pasar nada. Ya podemos estar las mujeres haciéndolo todo y rompiendo techos de cristal y todo, que si no hay un hombre que diga, ‘vamos, mujeres, lo estáis haciendo super bien’, no nos van a hacer ni puñetero caso.

Hay datos que dan mucho que pensar. Según la Ong Plan, cuatro de cada cinco chicas jóvenes han sufrido acoso callejero y el 40% de ellas evita volver a pasar por el sitio donde le ocurrió, lo que limita su libertad de movimiento. ¿Nos encierran en jaulas, cómo romperlas?

Aquí es donde creo que es super importante la educación. A mí me pasa que sigo evitando ciertos sitios, a ciertas horas. Lo hablaba con Martí [Perarnau] con el productor del disco. Yo le decía que él nunca ha tenido verdadero miedo de noche, no como lo tenemos nosotras. A lo mejor si estaba borracho y veía un grupo muy grande de pavos te preocupe que te pudieran robar, pero nunca has tenido miedo por ir solo a tu casa cada día, cada noche que vuelves sola a tu casa, si has bebido y es tarde. Si unes las tres cosas, tienes pánico. Entonces, empiezas a cambiar cosas. Cambias los lugares a los que vas, tu manera de vestir, de relacionarte, hasta tu manera de caminar. Yo he llegado a caminar como para que se me viera más grande, y mido 1,60, ¡imagínate! En plan a ver si doy mala onda. O lo contrario, intentar desaparecer por la calle. ¿Por qué? Esto solo cambiará si hay un avance en la educación masculina. No me tienen que enseñar a mí a defenderme, sino a ellos a no violarnos, a no agredirnos, a no insultarnos, a no acosarnos.

Has dicho que este disco completa una trilogía: En el plano celestial estaba 'Santa', en el estelar 'Astronauta' y en el terrenal tenía que estar ‘Puta’. ¿Te has ido abriendo en ellos?

Siento un hilo conductor en toda mi carrera, porque creo que siempre he sido honesta en mis canciones, pero creo que el proceso de mostrarse como eres es un proceso muy complejo que requiere mucho tiempo, porque son muchas capas las que hemos ido poniendo sobre nosotros. Por eso, aunque en ‘Santa’ sentía que hablaba desde el corazón y desde las vísceras, ahora que ha pasado el tiempo, observo toda la prudencia que había en mí. Veo donde me reprimía o cuando sentía vergüenza de contar según qué cosas, palabras que no podía decir, cosas que no me atrevía a contar… En el momento te crees que eres libre pero no es así. Es como en una situación de maltrato, tú no te sientes maltratada, crees que estás ahí porque quieres. Cuando pasa el tiempo y te vas quitando capas, te das cuenta de que no eras capaz de expresar todo lo que sentías, igual que cuando al fin tienes una relación sana, te das cuenta que la otra era tóxica. La falsa sensación de libertad no nos deja ver lo poco libres que realmente somos.

Y ahora, con este nuevo disco, ¿qué ha cambiado, qué ha evolucionado en ti?

Ahora me he quitado muchas capas de golpe. Como los perros cuando están mojados y se sacuden. De golpe han salido muchas cosas y uso palabras como chapapote, lasaña o castrarlos, que jamas pensé que cantaría. Te digo hasta chapapote que me parece una palabra horrible. Nunca pensé que iba a repetir melodías en mis canciones o contar que de mí han abusado. Contarlo todo y decir, voy a más porque la sensación de libertad también te produce que cuanto más te vas soltando, más feliz te sientes, más eres consciente de que la estás viviendo y más quieres tenerla.

¿Quiénes son tus referentes musicales?

Tengo muchos y van cambiando. Creo que la única manera de estar viva musicalmente es ser consciente de lo que hacen otros, ir escuchando y estar abierta a todo. Hay artistas que se mantienen con los años, como Lana del Rey o Lorde. En este disco la electrónica ha ocupado un lugar importante y de repente artistas como Caribou, que que hace tres años no me interesaba mucho, ahora conecto con él. Thom Yorke y Radiohead siempre han ocupado un lugar en mi cabeza desde que tenía 18 años y vivía en Granada. Pero hay otros que entonces eran mi todo, como Alanis Morrissette, que a día de hoy han dejado de ser relevantes. Ahora estoy escuchando mucho a C Tangana o Sen Senra, hay muchos sonidos interesantísimos por explorar ahí que aún no tengo controlados. Continúo con el radar musical siempre puesto pero, en realidad, si tengo que buscar un referente, sería Thom Yorke. Me parece que es un artista que, da igual la edad que tenga, siempre está buscando, intentando crear algo diferente y nuevo, pero a la par consigue mantener su esencia. Eso es algo a lo que yo aspiro a estar siempre en mi vida, abierta a la búsqueda y a no perderme nunca del todo.

Y por último, ¿cuáles son tus planes más inmediatos?

Ahora viene esta gira, que la estamos montando. Si vienes a ‘La Puta gira’, verás que va a aunar tres conceptos: la parte más pop, la más acústica y la más electrónica. Vamos a ser tres músicos y hay muchas cosas que no hemos hecho antes ninguno de los que estaremos en el escenario. Estamos montando un show muy loco, ojalá podamos presentarlo pronto en público. Va a ser muy guay, como una gran fiesta. Ahora estoy como loca con esto. Lo siguiente es escribir un libro sobre el programa de televisión que hice, el de ‘Una historia, una canción’, donde cuento anécdotas y lo que supuso conocer estos lugares. En realidad, con todo esto tengo suficiente. ¡No me da para más!