Sanna Marin, la Primera Ministra más joven del mundo. | JUSSI NUKARI

Sanna Marin, la ‘niña prodigio’ de la política, se ha convertido en la primera ministra de Finlandia

Con 34 años se ha convertido en primera ministra de Finlandia. “Nunca pensé en mi edad o en mi género. Solo pienso en las razones por las que me metí en política", asegura.

Carlos A. Mendía | Woman.es

A los 34 años, la mayoría de millennials sueña con haber conseguido su primer contrato indefinido y cierta estabilidad económica. La finlandesa Sanna Marin aspiraba a mucho más cuando con solo 33 ya era ministra de Transporte y Comunicaciones, además de vicepresidenta del Partido Socialdemócrata Finlandés (SDP). Y lo ha conseguido antes de lo que imaginaba: una crisis política en su país ha provocado la renuncia del hasta ahora primer ministro, Antti Rinne, y ella ha sido elegida por su partido, primero, y por el Parlamento después como la nueva jefa de gobierno. Con 34 años, la más joven del mundo.

“Nunca pensé en mi edad o en mi género. Solo pienso en las razones por las que me metí en política y en aquellas cosas por las que nos hemos ganado la confianza del electorado”, aseguraba Marin poco después de su elección, un hecho recogido en los medios internacionales como un sorprendente fenómeno de precocidad que adquiere más relevancia por tratarse de una mujer. Demasiados techos de cristal rotos en tan poco tiempo.

Sanna Marin, la Primera Ministra finlandesa con su gabinete. | VESA MOILANEN

Tenía que ocurrir en Finlandia, el primer país europeo que permitió el voto femenino (1906) y el único en la actualidad que tiene mujeres al frente de cinco partidos principales. Con Marin, cuatro de ellas están en los 30 años: Li Andersson, de 32, líder de la Alianza de Izquierda; Maria Ohisalo, de 34, lidera la Liga Verde; el Partido del Centro está dirigido por Katri Kulmuni, de 32, y Anna-Maja Henriksson, de 55, preside el Partido Popular Sueco de Finlandia.

Marin, ubicada en el ala más izquierdista y verde del (SDP), cuenta con simpatías incluso entre quienes no la votarían. Su vida podría explicar en qué consiste el carácter tolerante y abierto de esa sociedad nórdica. Hija de madre soltera y lesbiana, hace bandera de su “familia arcoíris” y de una infancia modesta pero feliz. Estudiante mediocre (la calificación es suya), a los 15 años, sin dejar el instituto, consiguió su primer trabajo en una panadería. Había que ayudar a una economía familiar muy frágil que no mejoró mientras ella se sacaba la carrera de Ciencias Administrativas. “Fui la primera graduada universitaria en mi familia y, probablemente, la estudiante más pobre de mi clase”, reconoció en una de sus primeras entrevistas.

La universidad la condujo a la política. Se inició en movimientos sociales y a los 22 años, se afilió a su partido. Con 28 asumió su primera responsabilidad pública como presidenta del Consejo Municipal de Tampere, la tercera mayor ciudad de Finlandia. El resto del camino hasta la jefatura de Gobierno lo ha cubierto a grandes zancadas. Lo que más le incomoda de su nueva etapa es tener que obligar a su marido y a su hijo de un año a mudarse desde su modesta vivienda en Tampere a la residencia oficial de Helsinki.