Manuela Carmena y Eva Leira, fotografiadas en el hotel Pestana Plaza Mayor. La política viste blazer Marina Rinaldi y camisa Marella; la directora de casting, con traje Maje y camisa Jijil. | JOSERRASANTAMARIA

Manuela Carmena y su hija, Eva Leira; Ricardo y Chino Darín; Karlos y Joseba Arguiñano nos demuestran que criar a un hijo nunca es tarea fácil

Ahora que se acercan las fiestas, juntamos a algunos de los binomios menos conocidos por el público: madres y padres orgullosos e hijas e hijos libres que siguen sus pasos... o no. Manuela Carmena y su hija, Eva Leira; Ricardo y Chino Darín; Siri Hustvedt y Sophie Auster, y Karlos y Joseba Arguiñano nos demuestran que a ellos les ha salido bien la jugada.

Ester Aguado|Woman.es

Habías oído el dicho popular: «Cría a tus hijos y sabrás cuánto debes a tu padres»? ¿O la frase del poeta inglés John Wilmot: «Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría»? Criar a un hijo nunca es tarea fácil, pero a los seis progenitores que hemos entrevistado para este reportaje les ha salido bien la jugada. Entre ellos se palpa el cariño y el respeto, ese concepto de familia tan latino y asentado a base de complicidad y de una libertad bien entendida. Además, están de estreno: unos, de película; otros, de disco o libro... incluso de programa de tele. Aquí todos tienen algo que contar.

- Manuela Carmena y Eva Leira

Están contentas. Nadie antes les había propuesto hacer un reportaje juntas y les hace ilusión. La ex alcaldesa de Madrid presenta libro dedicado a los jóvenes (“A los que vienen”, Aguilar), además de preparar otro de cuentos y seguir al frente de su empresa social, Zapatelas (Malasaña, 39). ¡Ah! Y espera crear pronto una fundación para mejorar la ética en la política. Su hija Eva es una de las directoras de casting más valoradas de nuestro país. Junto a su socia, Yolanda Serrano, escoge a los actores más adecuados para cada papel. Éxitos de taquilla como “Celda 211”, “La isla mínima”, “Ocho apellidos catalanes” o las series “La casa de papel”, “Élite” (Netflix) o “Patria” (HBO) han salido de su oficina, fundada en 2002. Y ya suman más de 50 películas... Ahora, en este mundo óptimo de devoradores de ficción, sueña con hacer un gran proyecto latino, que incluya a muchos países iberoamericanos y España al mismo tiempo, en igualdad.

¿Qué tipo de relación tenéis?

Eva: Maravillosa. Confianza total, amistad total, apoyo incondicional. Nos hemos llevado bien siempre. Suena a rollo, pero somos una familia de cuatro y nos queremos mucho.

Manuela: Eva siempre ha tenido un espíritu muy crítico, ya de adolescente. Recuerdo que yo cuidaba mucho la alimentación para que no engordaran y ella me decía: ¡pero si la que tiene un culo de palmera eres tú! (risas).

¿Qué es lo mejor y lo peor de la otra?

Eva: Mi madre tiene una generosidad desbordante y es la persona más creativa y original que conozco.

Manuela: ¡Incluso cuando voy al supermercado, siempre compro lo más raro...! Eva, de pequeña, lo que quería cenar era la típica sopa de fideos que había en casa de sus amigos... pero es que a mí, lo normal, ¡no me sale!

Eva: ¿Lo peor? La absoluta hiperactividad, que puede llegar a ser agotadora. De pequeños, nos decía: “¿qué estáis haciendo?” y tú le contestabas: “ver la tele” y ella te decía: “¿solo?”

Manuela: Lo mejor de mi hija es su capacidad para ver el alma de la gente, de los actores... la mueve el conocimiento del ser humano. Lo único malo es que es un pelín hipocondríaca.

Cuando tu madre se metió en política, ¿qué pensaste?

Eva: ¡Qué horror! Siempre he huido de la popularidad de los actores y al final, me han dado dos tazas (risas).

Manuela: Somos de hablarlo todo. Si quieres que tus hijos te cuenten cosas, se las tienes que contar tú a ellos. Mi marido y yo les hablábamos de nuestros trabajos (él es arquitecto, como mi hijo), de los conflictos que me encontraba en el juzgado y llegó un momento en el que ella me dijo: mamá, no me cuentes más, resuélvelo tú como puedas (risas). Le agobiaban tantos conflictos del mundo adulto... A veces, hasta nos encontrábamos presos que se me habían fugado. Eso nos pasó en El Escorial, yendo de compras.

¿Os parecéis mucho?

Eva: Yo soy más realista... ella es muy soñadora, una persona adelantada a su tiempo todo el rato. Mi madre siempre ha sido diferente a las demás y muy divertida. Ahora que soy madre, me comparo con ella y ¡me veo carca total!

Carmena: Bueno, ella tuvo su época punk, con unas crestas... pero nunca le dije nada, aunque me parecía que dedicaba demasiado tiempo a ponerse fea. Pero era más de estética que de actitud. El valor esencial de mi casa ha sido el trabajo. Como decía mi padre, se podía ser cualquier cosa, menos vago. Aunque en los estudios nunca exigí el sobresaliente. Y como abuela, pues sigo la misma línea... mi nieto dice que le gusta que siempre diga que sí. Me gusta estar con ellos.

Eduard Fernández y su hija Greta, fotografiados en el restaurante Noi de Madrid. Él lleva traje y camisa Marciano y ella, vestido Essentiel Antwerp y blazer Sandro. Juntos estrenan en el cine“La hija de un ladrón” (29 noviembre). | Oscar Arribas

Eduard y Greta Fernández

Es la primera vez que trabajan juntos, aunque Greta apareció con ocho años en una película de Cesc Gay que protagonizaba Eduard. La oportunidad surgió cuando a ella le ofrecieron “La hija de un ladrón” (29 noviembre), de Belén Funes. Para interpretar el papel de padre, Greta propuso al suyo después de leer en el guion esta frase: «No puedo olvidar a mi padre, lo llevo escrito en la cara». Pensó: ¿quién mejor para hacerlo que mi propio padre? Nos parecemos tanto...

¿Os hacía ilusión u os daba algo de miedo rodar cara a cara?

Eduard: Teníamos una cierta expectativa de qué pasaría, si nos llevaríamos bien o mal, de si afectaría a nuestra relación el hecho de rodar peleas... y no pasó nada de particular. No tuvo ningún morbo. Salvo que me jodí un tendón.

Greta: A mí no me dio ningún miedo. Sentía que si salía mal, no estaba tanto en mi mano. Y si me puse algo nerviosa por estar delante de mi papá, enseguida se diluyó entre tanta gente, porque mi personaje tiene tantos frentes... Rodar mi primer papel protagonista resultó agotador.

¿Qué clase de padre/hija sois?

Eduard: Intento ser cercano, alguien que apoya, aconseja y dice los noes que tocan. No soy su colega, pero tenemos una relación bonita y próxima. Es lo más importante de mi vida.

Greta: Siempre he sido mimosa, extravertida... aunque ahora he cambiado. Tenemos una relación de amigos, aunque él lo niegue (risas). Siempre nos lo hemos contado casi todo. Mis padres son muy abiertos de mente y de emociones. Tengo mucha confianza en mis papás: están conmigo a muerte.

¿Qué es lo mejor y lo peor del otro?

Eduard: Tiene una inteligencia emocional muy grande, sabe dar espacio al otro, aunque le cuesta pedir lo que quiere. Yo le he regalado mi experiencia, la mecánica del rodaje, el saber dosificarse y la sencillez del oficio.

Greta: Es muy emocional y es muy bonito hablar con él. Eso no es muy común en un hombre. ¿Lo peor? Que es nervioso y fuma mucho... El mejor consejo que me ha dado es que confíe en mí y que tenga paciencia. Que no me machaque por las derrotas ni celebre demasiado los premios. En ello estoy

 

Lucía Fernanda y Antonio Carmona, en el hotel Pestana Plaza Mayor de Madrid. Ella viste jersey Karl Lagerfeld, falda Asos y zapatillas Maje. El padre, con abrigo Guess, camisa Karl Lagerfeld, pantalón Dockers y zapatillas Y-3. | JOSERRASANTAMARIA

Los Carmona

Después de un gran susto de salud hace ahora dos años, Antonio Carmona decidió volver a reunir a Ketama, tras 15 años separados. Acaban de terminar una intesa gira y de pensar cuál será el siguiente paso. En este impasse, sus dos hijas, Lucía Fernanda y Marina, decidieron debutar en el mundo de la música, por separado, con estilos muy diferentes. Ellas, que han llevado siempre en las venas el arte de los Habichuela, se han estado preparando los últimos años. Lucía en Cambridge y, después de lanzar este verano su primer single, “La manta”, ahora presenta “Papi”. En marzo sacará disco con Sony Music. Bases electrónicas, ritmo latino y voz flamenca. Un torbellino.

¿Qué clase de padre es Antonio?

Lucía: El mejor. Le agradezco todo el amor que me ha dado en la vida y todo lo que me ha enseñado; es humilde, cariñoso y un gran músico. Es un padre comprensivo, dialogante... él tiene amor para dar y regalar.

Antonio: Ella ha sido artista desde chica, siempre con esa chispa musical, nos hacía reír a todos... Cuando tenías un día duro, ella te lo alegraba. Es muy independiente. Se ha creado a sí misma: la he visto empezar a componer, a tocar en casa sola, paso a paso. Pidiendo poquitos consejos.

¿Te gusta su estilo?

Antonio: Aunque huele a Granada, a Habichuela, a flamenco, ha sabido hacer bien su cóctel musical y ha logrado algo personal, no se parece a nadie. Es creativa y muy abierta. Tiene una gran personalidad y una facilidad para componer brutal. Pero ahora está más complicado hacerse hueco en un mundo tan global.

¿Para ti no era una presión brutal, Lucía?

Lucía: Desde luego. De adolescente me alejé un poco de la música por eso. Había tanto nivel en mi casa que me daba mucha vergüenza enseñar mi música.

Y tu hermana Marina, ¿también se ha lanzado?

Lucía: ¡Parece que nos hemos puesto de acuerdo! Tenemos estilos diferentes, en lo personal y en lo musical. Yo soy más urbana y ella es melódica, le gusta mucho la música francesa. Yo soy más bohemia y Marina, más disciplinada.

 

En “La Odisea de los Giles” (29 noviembre), Ricardo Darín y Chino se ven las caras por primera vez tras una cámara. | JOSERRASANTAMARIA

- Los Darín

Es la primera vez que trabajan juntos y, además, con una divertida historia producida para el cine por ellos mismos. Ricardo y Chino se ven las caras en “La odisea de los Giles” (29 noviembre), una comedia con el corralito financiero del 2001 de fondo, que está siendo todo un éxito en Argentina.

¿Cómo ha sido trabajar juntos?

Ricardo: Pues, al final, sobrevivimos. Hubo momentos tensos, porque los dos somos muy perfeccionistas, pero la cosa podría haber acabado peor (risas). Lo que no le perdono al Chino es que me embarcara en el lío de la productora, a mi edad, cuando tendría que estar descansando. Yo, cuando no trabajo, soy extremadamente vago. Me gusta no hacer nada. Mi hijo me quemó la cabeza con la idea y no supe negarme.

Chino: Rodar juntos fue una experiencia idílica, pero intensa, porque somos dos personas con mucho carácter. Nos queremos mucho, pero también nos gusta discutir... consideramos que es una parte buena del proceso creativo. El trabajo fue junto a mi padre, no a su sombra. Estuvimos presentes en cada paso y decisión de la película... más de tres años de esfuerzo conjunto. Mezclar familia y trabajo puede ser difícil, a veces se pierden los límites: la peli fue un tema recurrente a la hora de la comida. También participaban mi mamá (Florencia Bas) y mi hermana Clara (risas).

¿Qué destacarías de tu hijo?

Ricardo: Chino tiene las cosas más claras que yo. Resuelve asuntos con una simplicidad de la que carezco. Yo soy complejo, me enrollo. Él sabe exponer asuntos con claridad. Eso es de una gran ayuda. Aprendo muchísimo de él.

Chino: Pasa por los diferentes puntos de vista. Yo soy más pragmático. Él, más etéreo. Es muy filosófico en un montón de cosas. Lo mío es ir a lo concreto.

¿Qué consejo de tu padre te ha calado hondo?

La relación con la fama. La pérdida del anonimato y la intromisión en la vida privada es terrible. No entiendo que alguien persiga ser famoso, es de locos.

 

Joseba y Karlos Arguiñano, en la playa de Zarautz, donde se encuentra el hotel restaurante familiar (hotelka.com). | JOSERRASANTAMARIA

- Los Arguiñano

Karlos, que cumple 15 años de éxito en televisión con su programa “Cocina Abierta” (Antena 3), esta temporada incorpora como colaborador a su hijo Joseba (además de su hermana Eva y de Martín Berasategui). A sus 34 años, Joseba ya había debutado en televisión en 2017 con Nova, junto a otros seis cocineros. Ahora lo compaginará con la pastelería JA Zarautz y con un programa de ETB: “Historias a bocados”, en el que va descubriendo pueblos del País Vasco. En 2018 recibió el Premio Talento Gastro al mejor repostero.

¿Alguna vez se te pasó por la cabeza no dedicarte a la cocina?

Bueno, yo soñaba con ser piloto, me encanta la velocidad. Siempre he ido bastante rápido en la vida (risas), pero como buen estudiante no era y he nacido entre fogones, fue algo natural. Siempre he sido muy curioso e indagando entre la partida de pescado, la de carne, las ensaladas... me quedé con la de la repostería, aprendiéndolo todo de mi tía Eva. También has trabajado con Pedro Subijana, Adrià, Escribà... Y en Francia, sí, y hace seis años volví a casa con el aita. Y monté mi pastelería en Zarautz; ahora tengo otra en San Sebastián, en el Gros. Y en invierno, que hay menos trabajo, me cojo la tabla de surf y viajo por el mundo.

¿Cuál es el mejor consejo que te ha dado tu padre?

Que haga siempre las cosas al 100 %, con todos los sentidos. Con buena materia prima, una elaboración simple, con cariño y ganas se consiguen grandes cosas. El dulce siempre tiene que ser pequeñito y rico.

¿Tener a tu padre al lado, en el plató, impone?

Un poco, sí. Además a mí me va más la calle que el estudio. Pero luego te relajas, porque con lo que habla... él ya lleva el programa solo, sin ayuda (risas). Es un placer, de verdad. ¿Qué es lo mejor de él? Es cariñoso, positivo, nunca se enfada: el aita siempre te dice lo bueno. De lo malo... de eso ya te das cuenta tú solito (risas). No le cambiaría, nos cuida muy bien.

Ahora que eres padre, ¿qué consejo le darías a tus dos hijos?

Que con trabajo e ilusión se puede conseguir todo.

 

La flamante premio Princesa de Asturias de las Letras, Siri Hustvedt y su hija, la cantante Sophie Auster (sí, el escritor Paul Auster es su padre), en su casa de Park Slope, Brooklyn, Nueva York. | JOSERRASANTAMARIA

Siri Hustvedt y Sophie Auster

Parece que se han puesto de acuerdo: madre e hija acaban de lanzar novela (“Recuerdos del futuro”, Seix Barral) y álbum (“Next time”, BMG), respectivamente. Entre ellas hay respeto, complicidad y mucho cariño. Siri, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, asegura que nunca fue tan feliz como después de dar a luz a su hija: «Durante media hora no tuve deseos ni necesidades y muy pocos pensamientos. Viví un estado de felicidad exultante», recuerda. La relación de esta mujer vital, guapa, inteligente, feminista y con gran sentido del humor con su hija de 32 años ha sido de confianza. «En casa siempre se habló de todo, así que tuve poco margen para la rebeldía», explica Sophie, cantante y actriz. «Me sentí escuchada y, aunque me molestara, mi madre siempre tenía razón en todo. Recuerdo que una vez me depilé completamente las cejas, con 15 años. Ella no dijo ni media palabra. Solo cuando un amigo comentó “¿Qué te has hecho en la cara? Pareces una loca”, empecé a madurar», explica la joven, que acaba de casarse con el fotógrafo Spencer Ostrande.

¿Has encontrado el mismo tipo de machismo en la industria de la música que el que tu madre ha sufrido en la academia?

Tengo suerte de que no me haya pasado nunca nada malo, pero sí que he vivido el típico comportamiento condescendiente y menospreciador normal hacia las mujeres. Ella me enseñó a defenderme y a ser fuerte. En realidad, no eres una seria amenaza para ellos... ¡Claro! Una cantante femenina es más digerible que lo que mi madre representa: no solo es novelista, sino que trabaja en neurociencia, tiene un doctorado, toca la filosofía... campos dominados por hombres. Ser más inteligente y dominar muchas áreas intimida a mucha gente.

 

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