PEDRO ARMESTRE

No quiero casarme: soy una niña

Cada año más de doce millones de niñas en todo el mundo son obligadas a casarse. Un proyecto pionero de Save The Children trabaja en Sierra Leona, República Dominicana y Jordania (en los campos de refugiados sirios), lucha para acabar con la condena que supone el matrimonio infantil.  

Paka Díaz | Woman.es

Cada año, más de doce millones de niñas en todo el mundo son víctimas de los matrimonios forzosos. Serían como el equivalente a toda la población de Bélgica o al de un cuarto de la población española. Niñas a las que roban sus vidas y sus futuros. “El matrimonio forzoso de las niñas es una condena a cadena perpetua”, explica Andrés Conde, director ejecutivo de Save The Children, el programa 'The right to be a girl' (El derecho a ser niña). Este proyecto, explica Conde, parte de “una gran donante de Save the Children en España, que concentra su esfuerzo de filantropía estratégica en la lucha contra el matrimonio forzoso de las niñas, y que buscaba una organización capaz de generar una gran movilización en torno a este gran problema y determinada a hacerlo”. Este proyecto se ha implementado en Sierra Leona, República Dominicana y Jordania (en los campos de refugiados sirios), tres lugares con una gran prevalencia de matrimonio infantil.

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Estos matrimonios tempranos ponen en un enorme riesgo la salud sexual y reproductiva de las menores, además de romper su red familias y social, interrumpir su educación y sus proyectos de futuros. Más grave incluso es que las condena a ser esclavas domésticas y sexuales de sus maridos, totalmente dependientes de ellos. Se trata de una red perfecta de sumisión a las que les condenan tradiciones que no se sostienen y que afecta a millones de mujeres en todo el mundo. El matrimonio infantil representa una de las más graves violaciones de los Derechos Humanos y, sin embargo, hay una alta permisividad social hacia él África, Asia, América Latina y el Caribe. En todas estas zonas geográficas, los embarazos adolescentes son muy altos así como la mortalidad materna e infantil, todo está relacionados a las relaciones sexuales tempranas que se ven obligadas a mantener las niñas. Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), cada año dan a luz 15 millones de adolescentes, entre 15 y 19 años de edad, en el mundo. El 95% de esos embarazos pasan en países en desarrollo.

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Según la Encuesta Demográfica en Salud (Endesa) 2007, el 20% de las embarazadas en la República Dominicana eran adolescentes, lo que supone 100 de cada mil. El 23,4% de adolescentes entre 15 y 19 años están casadas o conviven con hombres más de 10 años mayores que ellas. América Latina y el Caribe tienen la segunda mayor tasa de embarazo adolescente del mundo, tras el África subsahariana. Por su parte, Sierra Leona posee la tasa de mortalidad materna más alta del mundo, detrás de ese dato se esconde, también, el matrimonio infantil: dos de cada cuatro niñas se casan antes de cumplir 18 años; un 61% de las niñas que vive en zonas rurales está casada. La tasa de natalidad adolescente es de 116,7 partos por cada 1.000 menores; casi un 30% ha estado embarazada al menos una vez antes de los 19 años. En el caso de las niñas sirias refugiadas en Jordania, la pesadilla comenzó con la guerra. En su país de origen el matrimonio forzoso era de un 10%, pero en el campamento de Zaatari, por ejemplo, la tasa de matrimonios precoces ha pasado del 12% en 2011 al 25% en 2013 y sigue en aumento según los datos de Save The Children. Hoy se calcula en un 40%, cifra que sigue subiendo. La pobreza y un futuro incierto parecen ser las razones de este aumento de matrimonios tempranos, pero al final todo son pretextos. No hay excusa para una condena tan dura y una violación tan grave de los derechos humanos. Muchas veces se apela a la tradición e incluso al calor de un país y a la laxitud de sus costumbres para justificar lo injustificable: el apetito de algunos hombres por la carne de las niñas. El matrimonio infantil supone esclavitud y abuso de poder. No puede haber disculpa ante él. 

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Las estrategias que desarrolla Save The children en los países donde se ha instaurado 'The right to be a girl' tienen tres objetivos, según nos explica Andrés Conde, al que entrevistamos para conocer a fondo este necesario proyecto. “Por un lado, es primordial la atención directa a las niñas víctimas. Cuidamos su salud y la de sus bebés, reconstruimos una red social de apoyo para ellas, les ofrecemos oportunidades educativas y profesionales que permitan su empoderamiento y desarrollo”, explica. Además, realizan una sensibilización de las comunidades sobre los efectos nocivos del matrimonio forzoso, con especial foco en los líderes comunitarios y en los y las adolescentes, que son los principales agentes de cambio, los que pueden impedir futuros matrimonios forzosos de las niñas. Por último, algo crucial: promover los cambios legislativos que hagan ilegal y sancionable el matrimonio de las niñas, tanto a nivel estatal como regional, imprescindibles para que se produzca el cambio y se persiga de forma efectiva el matrimonio infantil.

¿Por qué surgió este proyecto?

El programa parte de la determinación de Save the Children de enfocar nuestros esfuerzos en los niños y niñas víctimas de las mayores injusticias y que viven bajo mayores privaciones. Sin ninguna duda, las niñas forzadas a casarse están en este grupo, y son por tanto prioritarias para nuestra organización. El programa concreto Ser niña es un derecho (The right to be a girl) nace de la iniciativa concreta de una gran donante de Save the Children en España, que concentra su esfuerzo de filantropía estratégica en la lucha contra el matrimonio forzoso de las niñas, y que buscaba una organización capaz de generar una gran movilización en torno a este gran problema y determinada a hacerlo.

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¿Tiene características específicas el matrimonio infantil en cada uno de los tres países donde habéis implementado 'The right to be a girl'?     

Aunque las consecuencias para las niñas son siempre devastadoras, sí existen diferencias en lo que se refiere a las razones por las cuales se fuerza a las niñas a casarse. En Sierra Leona durante los 10 años de guerra civil, el cuerpo de la mujer fue también campo de batalla. Las violaciones a las mujeres del bando enemigo fueron generalizadas. Aún hoy, una de cada dos mujeres ha sido víctima de una agresión sexual. El matrimonio forzoso de las niñas está asociado a embarazos no deseados motivados por agresiones sexuales. Sierra Leona es el país del mundo donde la tasa de mortalidad de las mujeres en el parto es más elevada, fundamentalmente por la edad tan temprana en que las niñas dan a luz por primera vez. El ciclo de la violencia sexual en Sierra Leona comienza con la mutilación genital tras la primera menstruación, continua con agresiones sexuales, y se perpetúa con el matrimonio forzoso, a menudo con hombres 20 o 30 años mayores que ellas. En Jordania el programa trabaja con refugiados sirios. Antes de la guerra, la prevalencia del matrimonio forzoso de las niñas en Siria era muy baja, en torno a un 10%. Ahora, la prevalencia entre niñas sirias refugiadas en Jordania se ha disparado por encima del 40%. El matrimonio forzoso de las niñas se produce como estrategia de supervivencia económica de la familia, que deja de tener una boca que alimentar y percibe una dote por el matrimonio, y para otorgar una “falsa protección” a la niña en un contexto de riesgo de abuso o agresión sexual, como puede ser un campo de refugiados. Por último, en la República Dominicana la prevalencia del matrimonio forzoso es mayor en las zonas rurales y está muy asociada a los embarazos precoces. También es una estrategia de supervivencia económica para familias en situación de extrema pobreza con muchos hijos a cargo.

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¿Cómo lucha Save the Children contra el matrimonio infantil en cada uno de estos contextos?       

Las estrategias que llevamos a cabo son las mismas y han probado ser efectivas en distintas partes del mundo. Modulamos las intervenciones para adaptarlas a los diferentes contextos culturales y sociales. También diferenciamos nuestras intervenciones dependiendo de si el factor principal que lleva al matrimonio forzoso es económico o cultural.

 ¿Cuál sería tu valoración del impacto del matrimonio forzoso en la vida de las niñas?

El matrimonio forzoso de las niñas es una condena a cadena perpetua. Somete a las niñas a enormes riesgos de salud sexual y reproductiva. Rompe su red familiar y social de apoyo a una edad muy temprana. Interrumpe su proceso educativo y con ello elimina sus oportunidades de desarrollo y su autonomía económica. Convierte a las niñas en esclavas domésticas y sexuales de sus maridos, a menudo mucho mayores que ellas. Es una de las mayores injusticias con las que convivimos, que afecta a cientos de millones de mujeres en muy diferentes contextos geográficos y culturales. Mi esperanza es que la lucha por los derechos de las mujeres en diferentes partes del mundo consiga poco a poco un cambio de paradigma que haga intolerable esta práctica nefasta.

El caso de matrimonio forzoso de Amina. | D.R.

EL CASO DE AMINA. Refugiada siria en Zaatari (Jordania)

Amina tiene 15 años. La casan dentro de 15 días. Con 14 su padre la prometió con un primo de 18. Amina es muy tímida. Sonríe. Dice que está feliz. Pero cuando le preguntas por qué quiere casarse te responde que no sabe: “mis padres lo decidieron hace un año”. Amina está yendo a la escuela y se le ilumina la cara cuando te dice que quiere seguir estudiando. Sin embargo, sabes que lo más probable es se quede pronto embarazada y su vida se reduzca al interior de una de las casas de metal del campo de refugiados. Los monitores de Save The Children harán seguimiento para que no abandone la escuela.

Están trabajando para abrir un nuevo programa para reducir el índice de matrimonios forzosos de niñas. Aisra, colaboradora de la ONG que lleva años trabajando con los niños refugiados de este campo explica que las niñas no saben qué significa casarse. Les cuentan que tendrán un día bonito, que se vestirán de gala y que serán muy felices. Al poco tiempo se encuentran con embarazos precoces que amenazan su salud y encerradas en vidas de las que no pueden escapar. Aisra dice que solo con la educación se puede acabar con el matrimonio de niñas. Solo se puede evitar cambiando la mentalidad de las familias. Se necesitan que otras adolescentes que hayan sido casadas hablen con las madres, los padres y las niñas que aún están a tiempo de evitarlo.