'Mujer con vestido rojo' (1915), de María Blanchard. Obra expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo y Moderno de Santander (MAS). | Museo de Arte Contemporáneo y Moderno de Santander (MAS)

María Blanchard, la Frida Kahlo española

Como ella, sufrió enormes dolores que transformó en plenitud expresiva en su arte. El libro ‘Como una sombra’ narra los últimos días de esta extraordinaria y enigmática artista que, a diferencia de la mexicana, aún es una gran desconocida que no te debes perder.

Paka Díaz | Woman.es

El periodista y escritor Baltasar Magro reconoce que siente una gran admiración por la pintora española María Blanchard (Santander, 1881 / París, 1932). Tanta que decidió convertirla en la protagonista de su novela de corte histórico ‘Maria Blanchard’ (Alianza Editorial), en la que narra los últimos tiempos de esta gran artista a la que la historia aún no ha hecho justicia. Blanchard, cuyo nombre completo era María Gutiérrez Blanchard, estudió arte en Madrid y luego se fue a Francia a completar su formación. Allí conoció a Angelina Beloff, una joven artista rusa de la que se hizo muy amiga. Ambas conocerían al pintor mexicano Diego Rivera, con el que Beloff se casó y con quien Blanchard compartió una profunda amistad. Los tres vivieron juntos en la bohemia parisina. Entre sus amistades se contaban Pablo Picasso, Juan Gris o André Lhote, colegas con los que avanzaba en las tendencias artísticas de vanguardia. “Su obra es original en la segunda fase, la realista, muy personal. La etapa cubista es extraordinaria, se dijo que hacía los cuadros más bellos del cubismo y es verdad”, apunta Baltasar Magro.

'Nature morte aux journaux', 1919. Musée d'Art Moderne.

Su nombre, sin embargo, no ocupa el lugar que debería en la historia del arte. Quizá porque de ella, siempre se tendió a valorar más la anecdóta que su grandeza. Desde niña, María Blanchard llamaba la atención por una joroba tan evidente que hacía girarse a la gente por la calle. Cuando su madre estaba embarazada, sufrió una caída que hizo que la pequeña María naciera con una doble desviación de columna. Por ello, las miradas furtivas persiguieron a esta pintora singular que nació en Santander en 1881 en una familia acomodada y murió en París en 1932, ya reconocida como gran artista, pero con problemas financieros debido a que mantenía a parte de su familia, lo que hizo que tuviera que pintar hasta prácticamente el día de su muerte. Desde muy joven, la perseguían las humillaciones y las burlas de quienes no la conocían. Tan crueles podían llegar a ser que incluso tuvo que renunciar a ser profesora de arte en Salamanca por no poder soportar el maltrato de sus alumnos ante su apariencia física. Gente que no era capaz de mirar más allá de su espalda deformada. Que no eran capaces de ver, y  reconocer, el enorme esfuerzo que realizaba para superar el intenso dolor que la acompañaba. O que no eran capaces de fijarse en la belleza de su rostro serio, con un esbozo de sonrisa dulce y unos ojos miopes que, sin embargo captaban y memorizaban a las personas con las que se cruzaba. Se perdían a una mujer singular que, además, es una de las más grandes pintoras españolas.

El poderío de María Blanchard no descansaba en su espalda, sino en una visión fascinante del mundo que sabía trasladar al lienzo, donde su dominio del color y las formas la condujo a ser pionera del cubismo con Juan Gris y Pablo Picasso, quienes la consideraban una compañera a su misma altura. Además de cautivar con su obra cubista, la obra figurativa de María Blanchard impacta por la explosión expresiva que lleva la comparación con Frida Kahlo, más allá de la pura enfermedad o la dolencia. Sin embargo, si la artista mexicana se convierte en el motivo principal de su obra, Blanchard por el contrario se convierte en la mirada hacia el otro. Con una profunda empatía y una memoria fotográfica, pero también emocional, es capaz de pintar sin usar modelos, obras de una fuerza impresionante.

Cuando se contempla su obra por primera vez, sorprende su elegancia y su fuerza en el uso del color, algo muy evidente en su producción cubista donde su importancia fue tal que el propio Picasso recomendaba la compra de sus cuadros, mientras que Diego Rivera afirmó que “su paso por el cubismo produjo las mejores obras de este, aparte las de nuestro maestro Picasso”. Mientras que Ramón Gómez de la Serna la consideró “la más grande y enigmática pintora de España”. Con tantos elogios cuesta creer que el nombre de María Blanchard no ocupe el puesto que merece en la historia del arte. “Algo de sexismo hay en la historia del arte como vamos comprobando día a día. Lo de Blanchard es incomprensible, aún más grave porque está considerada la pintora más grande que ha habido en España”, apunta Magro.

Para paliarlo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía -que posee 15 obras de Blanchard, cinco de ellas expuestas en salas- fue responsable con la Fundación Botín de organizar una gran exposición monográfica de María Blanchard con 74 obras en 2012, que reivindicaban su figura y permitían explorar su virtuosismo. En ella se la calificaba como una de las grandes figuras de la vanguardia de comienzos del siglo XX. Además, también hay ya hay cursos como el MOOC del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Fundación Telefónica, ‘El cubismo en la cultura moderna’ , donde se destaca a Blanchard como “a una artista que superó casi todas las barreras de su país, de su género, de su discapacidad y las del propio cubismo.” Este primer MOOC de cubismo realizado en un museo de arte contemporáneo, ya lleva tres ediciones con un gran éxito y más de 17.000 inscritos. También en el Museo de Arte Contemporáneo y Moderno de Santander (MAS) cuentan con ocho obras suyas, entre ellas la impactante ‘Mujer con vestido rojo’, mientras que en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en la Colección Pedro Masaveu poseen una ‘Naturaleza muerta’ suya.

Con todo, como señala Magro, queda mucho por hacer para que esta autora increíble tenga un espacio preponderante en los libros de texto, que su nombre se nos haga familiar y que podamos disfrutar de una obra que fascina. Una pintora a la que el propio Pablo Picasso animaba y quien, al adivinar sus problemas económicos, le solía advertir, ‘María, eres poco comercial’. Hablamos con Baltasar Magro para profundizar en la figura de María Blanchard, una artista de la que Federico García Lorca se consideraba ‘amigo de su sombra’. La novela que has escrito emana admiración y diría que mucho cariño hacia su figura.

"Pianist "(Private Collection) 1919.

¿Cómo y por qué decides escribir este libro, ‘María Blanchard’?

En cierta ocasión leí que cuadros de María Blanchard se los habían atribuido a Juan Gris porque tenía más cotización en el mercado. Me pareció un despropósito y una desvergüenza. Comencé a mirar algo sobre ella y, a poco que lo hagas, terminas atrapado por su historia y la peripecia personal. Me impresionó también que al comentar lo que pretendía hacer casi nadie sabía quién era María Blanchard. No lo dudé y me puse a elaborar mi novela para intentar sacar de la sombra a esta gran artista.

¿Qué es lo que más te fascina de ella y de su obra?

Me fascina de ella que, a pesar de sus dificultades de índole físico, que eran notables hasta el extremo de tener que soportar los insultos que recibía por la calle por su aspecto, fuera capaz de superarlo y participar en la primera línea de la renovación artística que se produjo a principios del siglo pasado. Su obra es original en la segunda fase, la realista, muy personal. Y en la etapa cubista es extraordinaria, se dijo que hacía los cuadros más bellos del cubismo y es verdad.

¿Qué representa -o qué debería representar-, María Blanchard en el arte?

Es una de las figuras esenciales de la vanguardia, de las más importantes del movimiento cubista. En París expuso su obra junto a la de Picasso, y en 1919 se organizó una muestra monográfica sobre ella. En España se tardó 60 años en hacer algo igual, y el Reina Sofía 95 años.

¿Cómo comparas a Juan Gris y a María Blanchard, qué supone cada uno de ellos en el cubismo, en el arte?

Existió una relación muy estrecha entre los dos. Trabajaron un tiempo en el mismo estudio explorando nuevas soluciones al cubismo, su estilo es muy parecido, y los dos son fundamentales en el movimiento junto a Picasso. El nombre de él lo recordamos de clase y, sin embargo, el de María Blanchard se pierde.

¿Por qué no ha recibido la atención que se merecía? ¿Tiene que ver con el sexismo en el arte?

Algo de sexismo hay en la historia del arte como vamos comprobando día a día. Lo de Blanchard es incomprensible, aún más grave porque está considerada la pintora más grande que ha habido en España, es desolador lo que hicieron con ella los eruditos y los museos después de su muerte. Sus obras cubistas son de una gran belleza y muy personales, y qué modernas sus maternidades, cuánto dicen. Y sus retratos tan únicos…

¿Qué obras destacarías de ella como tus favoritas?

Decisión complicada. Destacaría ‘La comulgante’, las naturalezas muertas de la época cubista, ‘La dama del abanico’ y algunas maternidades.

En el libro se cuenta que María Blanchard tenía una deformidad que la acomplejaba y por la que recibía humillaciones y burlas. A la pintora se le atribuye la frase ‘cambiaría toda mi obra, por un poco de belleza…’ ¿Cómo crees que la marcó aquello?

Tenía una joroba muy llamativa, estatura muy baja y era poco agraciada en sus rasgos físicos. Todo ello condicionó su vida y ha condicionado el análisis de su obra. Es cierto que envidiaba a las mujeres que cuidaban su aspecto y admiraba la belleza en general. Ese comentario de ella desconozco si es real al cien por cien, pero no me extrañaría que hubiera pronunciado algo parecido.

También la señalas como la Frida Kahlo española. ¿En qué se parecen y en qué se distancian?

Se parecen en sus padecimientos físicos, en su relación con Diego Rivera, fue íntimo amigo de María Blanchard durante catorce años y compartieron, en Madrid y en Paris, casa y estudio. Se distancia por el hecho de que María es una artista más completa y vanguardista que Kahlo. Blanchard es una de las figuras más importantes del arte moderno, pero no ha tenido el marketing ni la promoción de Frida Kahlo.

¿Habría que hacerle justicia a María Blanchard?

Asunto complejo. Habría que hacer algo, pero el desconocimiento que hay sobre ella es fruto del sexismo, de una educación deficiente y de las manipulaciones del marketing, no tiene un arreglo fácil. Tiempo al tiempo. ‘Como una sombra’ es un granito de arena, faltan muchos más para cambiar este estado de ignorancia.