Cate Blanchett y Rooney Mara, en una escena de la película 'Carol'. | WILSON WEBB

¿Dónde están las lesbianas?

Ni en el gabinete ministerial ‘feminista’ de Pedro Sánchez, ni protagonizando el Orgullo 2018 -dedicado este año al colectivo transexual-, ni en las listas de ‘homosexuales más influyentes’, en las que tampoco aparecen en igualdad. ¿Están invisibilizadas las mujeres lesbianas?

Paka Díaz | Woman.es

El flamante gobierno de Pedro Sánchez, además de apostar por la igualdad hasta el infinito y más allá con el primer gabinete ministerial ‘feminista’ de la historia española, en el que las mujeres superaban en número a los hombres (11 mujeres por 6 hombres), había además dos ministros gays, Fernando Grande-Marlaska (Interior) y el después dimitido Màxim Huerta en Cultura y Deporte. Sin embargo, lo que no había era ni una mujer abiertamente lesbiana.

El gabinete ministerial se convertía así en un fiel reflejo de la sociedad española donde el rostro del colectivo LGTB es el de un hombre blanco cis (es decir, cisgénero y cisexual). ¿Perdió Sánchez una oportunidad de oro?  "Sí, habría sido la oportunidad de tener al fin una ministra lesbiana y hasta una presidenta lesbiana”, afirma Fefa Vila, socióloga, escritora y activista feminista. "Es necesaria mayor visibilidad de las lesbianas, de la gran diversidad de las lesbianas. Nunca de la lesbiana que homogenice y fije una identidad, normalmente la más aceptable", puntualiza.

 

Nadie deberia discriminar por amar #nodiscriminación#loveislove#bisexual#lesbiana#gay#trans#pride#lgbt

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En España no es muy frecuente ver a mujeres fuera del armario en círculos políticos. Entre ellas destaca Ángeles Álvarez, diputada del PSOE y la primera parlamentaria que se declaró abiertamente lesbiana en 2013. Álvarez es además una gran experta y activista en derechos de la mujer e igualdad. Sin duda, ella habría podido ser un gran referente en el gabinete ministerial del actual presidente y habría roto una importantísima lanza como primera ministra lesbiana.

También Purificación Causapié, portavoz del Grupo Socialista en el Ayuntamiento Madrid y otra política de trayectoria impecable, habría podido ser otra opción para visibilizar a una mujer lesbiana a cargo de un ministerio, en un puesto de extrema responsabilidad. Por un lado, hacerlo supone dotar de mayor diversidad al gabinete, por otro supone dar referentes a los niños y niñas que hoy crecen en España y a todo el colectivo LGTBI. Porque, por mucho que se venda una imagen liberada y tolerante y respetuosa frente a la diversidad sexual, lo cierto es que según la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE, el 44% de las lesbianas europeas aseguran haber sufrido conductas o comentarios despectivos en sus trabajos debido a su condición sexual. Además, un 25% afirma haber sufrido discriminación laboral y/o salarial también por ese motivo.

En la lista anual que elabora LOC del periódico 'El Mundo' de los homosexuales más influyentes de España sólo aparecen dos mujeres lesbianas entre los diez primeros puestos; en el 7, Marta Higueras, primera teniente de alcalde de Madrid y mano derecha de Manuela Carmena, y en el décimo, la actriz Elena Anaya. Por su parte, en la lista de los 75 homosexuales españoles más poderosos que elabora Jaleos, del periódico 'El Español', entre los diez primeros aparecen solo 3 mujeres lesbianas, la presentadora Sandra Barneda (puesto 3), la influencer Dulceida (6) y la actriz Elena Anaya (9). O sea, ambas listas ponen en evidencia la falta de visibilidad de las mujeres en el colectivo LGTB.

La falta de ocupación de los espacios públicos, esa invisibilidad, es otra forma de violencia que viven las mujeres lesbianas. Como decía la activista lesbiana Adrienne Richm, "en un mundo donde el lenguaje y nombrar las cosas es poder, el silencio significa opresión y violencia".

 

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Rich además señala en sus escritos la doble discriminación de género que sufren las lesbianas. "Poner en el mismo plano la existencia lesbiana y la homosexualidad masculina porque ambas son objeto de estigma es borrar la realidad femenina una vez más", denunciaba en sus escritos. Al hacerlo, se obvian los privilegios masculinos de los que también disfrutan los gays y que les ayuda incluso a tener una mayor visibilidad y protagonismo sobre las lesbianas, a las que se priva de una existencia política propia al incluirlas como versiones femeninas de la homosexualidad masculina. Algo de lo que también es responsable el propio sistema y que conviene tener en cuenta.

Un ejemplo perfecto de ello es el nombre popular con el que se conoce a las fiestas del Orgullo, llamado con la coletilla de Orgullo Gay. "¿Por qué se le llama así?, se pregunta Fefa Vila. "Las que hemos tirado del carro históricamente, política y teóricamente, hemos sido mujeres/lesbianas, travestis y trans. La crítica y el activismo para ampliar derechos y cuestionar estructuras ha sido feminista lesbiano y 'queer' (paradójicamente las invisibilizadas). Los gays han llegado a mesa puesta, como los señores de las casas burguesas. Y, encima, siempre salen los primeros en la pancarta, en los medios… Eso se llama misoginia, lesbofobia, transfobia, etc”.

Visibilizar la diversidad afectivo-sexual y sensibilizar a la ciudadanía contra la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género de todo el colectivo LGTB sigue siendo una tarea fundamental en la que se debe de implicar toda la sociedad, pero sobre todo hay que hacerlo teniendo en cuenta, de verdad, la diversidad y dejando espacios propios para todas las personas, no un solo modelo que suele ser siempre masculino, blanco y cis.

"Quizás de lo que se trataría es de que el punto de mira que visibiliza -los medios de comunicación, el 'establishment' etc.-, no elevasen al pódium siempre al mismo sujeto (homogéneo y dominante) que invisibilliza, sino al resto: lesbianas, trans*, travestis, plumeras, etc. O sea, al que no cuestiona la heronormatividad como contrato social”, sugiere Vila.

"Existe un marco teórico queer-lesbiano-feminista muy sofisticado que tiene que ser traducido en una praxis social que contemple la redistribución, el reconocimiento y la representación de un nuevo escenario que emerge para no irse y alterar los órdenes establecidos, violentos y patriarcales. Hablamos de la justicia, del poder, de las instituciones, de lo simbólico, de la corporalidad y de las prácticas sexuales y el deseo en general”. En todo caso, también en fundamental tener en cuenta el eterno sesgo de género para no perpetuarlo, tampoco, en ambientes LGTB, ni en la organización de gabinetes ministeriales progresistas donde, sin embargo, una vez más, se echa en falta a mujeres lesbianas.