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La escuela tecnológica del siglo XXI: la importancia de formarse o reciclarse para el nuevo mercado

En un mundo inmerso en una profunda transformación digital, surgen nuevos trabajos y muchas de las profesiones más demandadas (y mejor pagadas) pertenecen al sector tecnológico, en el que solo estudia un 13% de las mujeres. Atraer el talento femenino y renovar y personalizar el modelo educativo para crear una ciudadanía preparada son grandes retos de futuro.

Paka Díaz

En plena Cuarta Revolución Industrial, el mundo vive una profunda transformación, con la tecnología de protagonista. Pero, ¿estamos formando adecuadamente a nuestros niños y niñas, a la juventud, para este nuevo escenario? ¿Lo estamos haciendo nosotras?

Según el sociólogo Fernando Filgueira, consultor de Unicef, "tenemos planes de estudio del siglo XIX, profesores del siglo XX y alumnos del siglo XXI". Sin embargo, cada vez más escuelas innovadoras miran a un modelo educativo más participativo. Sin pizarras ni aulas. Escuelas públicas apuestan por un alumnado más libre, autónomo y muy motivado, como las suecas Vittra. La historia se repite en Dinamarca, EEUU, Australia o India.

El psicólogo Alfredo Hernando habla de ellas y de sus modelos educativos en el libro 'Viaje a la escuela del siglo XXI', que se ofrece gratis en la web de Fundación Telefónica. "El gran cambio del modelo educativo de este siglo es la personalización del aprendizaje para desarrollar el máximo potencial de cada estudiante. Que las cosas no les pasen a todos a la vez, ni hagan los mismos ejercicios, ni tengan el mismo horario, ni el mismo tipo de evaluación", explica Hernando. "Hemos de aspirar a un sistema educativo personalizado que atraiga a las personas en diferentes momentos de su vida", revalida Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK y vicepresidenta del Club Excelencia en Gestión, desde el que recomiendan este cambio educativo para mejorar la empleabilidad, así como incluir los nuevos itinerarios de aprendizaje por los que ya transitan muchos alumnos. "Nuestros niños y jóvenes han desarrollado sus propias fórmulas de aprendizaje, relacionadas con las nuevas tecnologías, para obtener información de los temas que les interesan. Debemos escucharles, darles voz", señala Segovia.

El libro de Hernando lleva ya más de un millón de descargas, lo que muestra el interés por ofrecer un modelo educativo acorde con estos tiempos. "Así es, pero en España se da una gran paradoja", advierte el psicólogo, "hay equipos de docentes y colegios que están haciendo un gran trabajo, pero tenemos un problema: el sistema no lo está permitiendo". El experto en educación se refiere, principalmente, a la movilidad del profesorado, que hace que los cambios que realizan con ilusión, esfuerzo y destreza, desaparezcan de las aulas. "Hay gente trabajando muy bien y mucho, pero sus proyectos no se sostienen porque, de media, un centro público escolar tiene una movilidad de casi el 40 % de profesorado al año. Imagina si a tu empresa le quitan cada año al 40 % de la plantilla y tienes que volver a la casilla cero… ¿Tendrías éxito en el mercado?", reflexiona Hernando.

La importancia de la educación en tecnologías para estar preparados para el siglo XXI. | Mikael Schulz / trunkarchive.com

Aprender pensamiento computacional

Los modelos educativos a los que se refieren están basados en las ocho inteligencias descritas por el pedagogo Howard Gardner, que promueven habilidades como la creatividad, la inteligencia social y emocional, saber colaborar, mantener la atención sostenida, el pensamiento crítico… "Estas son las llamadas 'soft skills', habilidades primordiales en el presente y en un futuro en el que podremos delegar muchas tareas a algoritmos y a sistemas de Inteligencia Artificial (IA). Son las herramientas que necesitarán de la interacción humana", apunta Nuria Oliver, ingeniera de Telecomunicaciones, doctora por el MIT y premio Rey Jaime I Nuevas Tecnologías de este año. La experta en IA va más allá: "Llevo años proponiendo introducir pensamiento computacional como una asignatura troncal, transversal, desde primero de primaria". Puntualiza que "no se trata de poner ordenadores en el aula, de hecho se puede enseñar sin ellos, sobre todo en los primeros cursos, pero sí habría que formar al profesorado".

El pensamiento computacional conllevaría desarrollar cinco competencias: pensamiento algorítmico, datos, redes, programación y hardware, para ayudar a los estudiantes a comprender el mundo en el que viven. "Es fundamental educarlos para que comprendan su realidad y sepan analizarla, para aprender no solo a usar la tecnología, sino a programarla y a aprovecharla como una herramienta para resolver problemas". La ingeniera, además, alerta del problema de confundir usar con saber. "Las madres y los padres piensan que sus hijos son expertos, el próximo Steve Jobs, cuando en realidad un chimpancé puede hacer lo mismo, dar a botones. No te haces experto en tecnología por bajarte aplicaciones", señala y cree que, igual que en la Segunda Revolución Industrial aprender a leer y matemáticas era básico para ser ciudadanos contribuyentes a la sociedad, hoy los niños y las niñas deberían saber pensamiento computacional.

"Estamos perdiendo una gran oportunidad. Europa no tiene unicornios tecnológicos y no es por falta de creatividad sino, entre otros factores, por falta de ambición política. El liderazgo tecnológico está en Norteamérica y en Asia. Si no cambiamos el modelo educativo, así seguirá", alerta Nuria Oliver.

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Realidad virtual en las aulas

Puestos a soñar con un futuro educativo tecnológico, ¿podría haber incluso realidad virtual en clase? "No solo se puede, sino que se debe, ya que es un canal de comunicación con dos claras ventajas", dice Angélica Portaña, directora de contenidos de Frontera Science Lab, estudio que trabaja en proyectos educativos para transformar la ciencia con tecnologías inmersivas. "Una es que el usuario está “cautivo” por la herramienta, ajeno al bombardeo de estímulos, lo que crea un ambiente propicio para la concentración. La otra, que puede interactuar, acertar o errar, sin miedo a equivocarse y sin ningún riesgo. Además, reduce el coste de las prácticas".

Pero Portaña, que dice que no vio un ordenador en clase hasta que llegó a la universidad, advierte: "Las tecnologías no sirven de nada si, por ejemplo, las ratios de alumnado por aula siguen siendo inadecuadas y no se acompaña al profesorado en el uso y aplicación de las tecnologías, haciéndoles partícipes de la metodología que se aplica".

Brecha digital

Mientras la falta de conocimientos tecnológicos afecta a parte del profesorado, en el caso del alumnado se está creando una brecha digital inversa. En Estados Unidos, los cachorros de la élite aprenden pensamiento computacional y desarrollan sus “soft skills”, con un uso restringido de las tecnologías, mientras los niños y niñas de los niveles socioeconómicos bajos no aprenden nada de eso y usan la tecnología de forma abusiva. "Los padres y madres de clase socioeconómica alta son más conscientes de su componente adictivo y no lo quieren para sus hijos, pero les ofrecen formación para que puedan hacer un uso consciente y constructivo de ella. Algo que las familias con nivel socioeconómico medio-bajo no se pueden permitir", explica Nuria Oliver.

Esto puede tener graves consecuencias y fragmentar a la generación adulta. Por una parte, quienes comprenderán y diseñarán el mundo. Por otra, los que se limitarán a jugar con la cacharrería “tech” y a creerse las fake news. Aunque la nueva reforma educativa incluye buena parte de estas reclamaciones para una escuela del siglo XXI, al estar transferidas las competencias a las autonomías, sería necesario llegar a un gran pacto de la clase política española para garantizar la educación digital de toda la ciudadanía.

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Sesgos de género 4.0

Nuria Oliver, que imparte charlas en institutos para promover el estudio de las carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas), reconoce que el panorama no es bueno. En España solo un 21% del alumnado estudia el bachillerato tecnológico, según la encuesta Educa 2020. La cifra baja aún más entre el sexo femenino.

"Debemos fomentar el interés de las niñas y las jóvenes por las carreras STEM para que no acusen una brecha laboral profunda. Los trabajos del futuro, algunos ni siquiera definidos aún, estarán centrados en esas disciplinas, que solo estudia un 13% de las chicas", alerta Nieves Segovia, mientras Rosario Sierra, directora de Negocio Corporativo de LinkedIn España y Portugal, recuerda que "la industria tecnológica es la que más está contratando perfiles junior. Por lo que, ¡atención, estudiantes!". Sin embargo, admite que, por datos del Economic Graph de LinkedIn, "la representación de las mujeres en ámbitos Cloud o de Datos sigue muy baja y solo se ha reducido en un 0,20% desde 2018. Yo empecé a trabajar como única mujer en un equipo de hombres. Aunque hoy mi equipo es totalmente diverso, queda un largo camino para que las mujeres ocupen cargos de toma de decisiones al nivel de los hombres".

Para lograr esa igualdad, hace falta atraer a las jóvenes y niñas a la tecnología y eso pasa por "el esfuerzo conjunto de todos los actores de la sociedad", subraya Nieves Segovia. Pero, también, porque las mujeres adultas desmitifiquen y pierdan el miedo al sector. Para ello, hay proyectos como el curso gratuito online “Elements of AI”, creado en Finlandia para formar a la ciudadanía en Inteligencia Artificial y que la Comisión Europea ha traducido a todos los idiomas de la UE. "Animo a todo el mundo a que lo haga", dice Nuria Oliver, quien cita a la Premio Nobel Marie Curie: "Tememos aquello que desconocemos, es momento de conocer más para así temer menos".

Formarse o reciclarse para el nuevo mercado

Aunque sus estudios son de “letras”, Alba Ruiz (33 años) es hoy directora de desarrollo de negocio de los gigantes asiáticos de comercio online Alibaba Group y Alipay para España y Portugal. Nos cuenta cómo prepararte, o renovarte, para el mundo tech:

Crece con la experiencia. "Los estudios universitarios dan una base intelectual, pero es trabajando cuando realmente se forma una persona".

Especialízate. "Busca diferenciarte del resto. En mi caso, fui a China para singularizar mi currículo y me he especializado en el mercado chino, e-commerce y fintech (tecnología financiera)", explica. "El comercio electrónico es una realidad que ha visibilizado la pandemia. El 76 % de los internautas en nuestro país compra online, casi 26 millones de personas. Hay una gran demanda de profesionales y emprendedores en el sector, hay muchas oportunidades y cada vez hay más mujeres líderes en él".

Asume nuevos retos. "Como estudiar una carrera STEM. En mi caso, he pasado de dedicarme a promover el comercio electrónico de empresas españolas en los marketplaces Tmall de Alibaba Group en China, a centrarme en el sector fintech con Ant Group y su plataforma Alipay, usada por turistas chinos para pagar con el móvil en Europa".

No dejes de formarte. "En el sector tech es imprescindible, ya que cambia con rapidez. Hay plataformas especializadas, como Udemy o Coursera. Y ha finalizado la primera edición de la Alibaba Netpreneur Masterclass España, una formación online de alto nivel y gratuita".

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Claves para el cambio

La falta de mujeres en la tecnología es un problema multidimensional que la ingeniera Nuria Oliver estructura en 4 elementos que nos alejan de ella:

"Los estereotipos sobre las carreras STEM y quien trabaja en ellas. El prototipo de programador suele ser un nerd, poco atractivo y alejado de la realidad. Hay que cambiar la forma de enseñar para atraer y retener a las chicas".

"Sesgos de género. Nos hacen infravalorar a las mujeres, contribuyen a que ellas no se postulen a premios y promociones y a la brecha salarial. Nos los aplicamos a nosotras, a otras y los hombres nos los aplican. Con la fama de difíciles de las ingenierías, hay estudiantes brillantes que, por eso, se desaniman".

"Falta de referentes, visibilidad y reconocimiento. En los premios Nobel científicos, las mujeres están infrarrepresentadas. Incluso en el Jaime I de Nuevas Tecnologías, en 21 años solo se lo han dado a cuatro mujeres, incluyéndome a mí. Hay que exigir listas de candidatos y comités de evaluación diversos porque eso garantiza una mayor diversidad».

"La cultura “brogrammer”, de brother (hermano) y programmer (programador), una cultura sexista y misógina del sector que ha hecho que muchas mujeres lo abandonen, no por problemas para conciliar, ya que es un sector buenísimo para ello, sino porque están siendo atacadas. Hay que corregirlo con tolerancia cero y con redes de mentores como mujereingenieria.com".