Flor de Torres, fiscal delegada de Andalucía de violencia a la mujer.  | D. R.

Flor de Torres: "No conozco ningún maltratador que se reconozca como tal"

En la semana del 8M, y como parte de nuestro especial 'Seis días, seis mujeres, seis temas del 8M', hablamos con Flor de Torres, fiscal delegada de Andalucía de violencia a la mujer, sobre la situación actual, los avances, peligros y retos para un 2020 en el que ya han sido asesinadas 13 mujeres. 

Paka Díaz | Woman.es

Cada año, la mayoría de las pancartas del 8M reclaman, por encima de todo, que se acabe con la violencia machista. En Woman hablamos con una de las mujeres que más saben de este tema para pedirle un análisis de la situación actual. Flor de Torres, fiscal decana de Málaga y fiscal delegada de Andalucía de violencia a la mujer, es una mujer cuyo compromiso personal y profesional contra la violencia de género es absoluto y que señala que, cuando ella comenzó su andadura como fiscal en 1987, "las víctimas permanecían silenciadas y ocultas en los procesos, no tenían una entidad propia". Más de dos décadas después, de Torres reconoce que se ha recorrido un largo camino, con hitos como la Ley Integral contra la Violencia de Género y la especialización de los profesionales relacionados con la Justicia. Sin embargo, señala dos grandes retos: "La detección y prevención y la rehabilitación del maltratador".

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Este 8M, como en 2018 cuando las mujeres tomaron las calles las del mundo reclamando igualdad y el fin de las violencias machistas, no hay mucho que celebrar. Pese a los avances y a que, como recuerda Flor de Torres, "el Tribunal Supremo está sembrando una auténtica justicia con perspectiva de género", lo cierto es que las cifras siguen siendo muy preocupantes. El día en que se hizo esta entrevista, 11 mujeres habían sido asesinadas por violencia machista en 2020 y, desde 2003 al 19 de febrero de 2020, 1.044 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas o ex parejas y más de 622.000 habían llamado al 016 para pedir ayuda.

¿Cuándo y por qué te decidiste por estudiar Derecho?

Tal vez tengo un componente genético porque mi padre y toda mi familia son abogados, también un talante astral porque soy Libra y, además, soy un espíritu justiciero y justiciable. Creo que la justicia es un elemento de convivencia imprescindible para alcanzar algo que para mí es fundamental, la paz social, un concepto de la Constitución que me gusta mucho.

¿Cómo fueron tus comienzos y por qué te especializaste en violencia de género?

La vida me ha ido reconduciendo y, al mismo tiempo, yo me he ido situando. Cuando opté por la carrera Fiscal en vez de a la Judicial para poder defender los derechos de las víctimas. O cuando elegí esta fiscalía. Desde 1987, cuando empecé, siempre me interesó estar al lado de las víctimas que permanecían silenciadas y ocultas en los procesos, no tenían una entidad propia. Cuando se reguló esta especialización, la Ley Integral me facilitó mucho el camino. Entre mis objetivos estaba evidenciar las muchas carencias de las víctimas en los procesos y empoderarlas. 

Flor de Torres. | D. R.

¿Cómo era antes de la Ley Integral contra la Violencia de Género, o VioGen?

Era una ley no especializada con todas las carencias que eso supone. Con la especialización hemos conseguido algo esencial: no cuestionar nunca a una víctima de violencia de género. A partir de ahí, vamos a ver las pruebas, etc. Pero nunca a partir de prejuicios. Los prejuicios son asesinos para los derechos de las víctimas. La empatía tiene que presidir todas las decisiones judiciales en materia de violencia de género.

¿Se sigue cuestionando a las víctimas?

Entiendo que no porque ya estamos especializados y tenemos un largo recorrido. Un problema que podemos comentar es que no se reconoce a muchas víctimas que a nivel europeo serían consideradas de violencia de género porque todo el Convenio de Estambul no se ha aplicado aún en España. Me estoy refiriendo a víctimas de trata, de explotación sexual, de tantos y tantos delitos que a nivel conceptual son violencia de género pero a nivel legislativo en España aún no están reconocidos como tales.

¿Qué sería necesario para mejorar la asistencia a las víctimas y la prevención?

Flor de Torres, fiscal delegada de Andalucía de violencia a la mujer. | D. R.

Algo esencial, la especialización. Hace falta más. La antigua Ley Integral, que va a cumplir 16 años, nos ha exigido una especialización continua y constante en violencia de género a través de talleres y cursos. Ahora hay que exigirlo a cualquier operador jurídico que trabaje en este tema. Hay que hacer un desarrollo legislativo que condense en juzgados de violencia a la mujer como hemos hecho en Andalucia, donde la ley en más amplia incluso que el Convenio de Estambul, pero claro es autonómica, necesitamos una estatal.

¿Notáis algún retroceso, con algunas voces que culpabilizan a las víctimas?

Hay que distinguir el discurso político y/o social, del judicial. Judicialmente yo no he notado nada, de hecho, creo que el discurso es muy claro y positivo. Solo puedo alabar la excelente labor que está haciendo el Tribunal Supremo a la hora de establecer criterios de interpretación de normas que nacieron cuestionadas, como es la Ley Integral que tuvo casi 200 cuestiones de inconstitucionalidad, con unas maravillosas sentencias con una interpretación con perspectiva de género impresionante. El Tribunal Supremo está sembrando una auténtica justicia con perspectiva de género. Se está haciendo un avance desde la justicia con una excelencia que nace desde la Sala 2 del Tribunal Supremo que está marcando el camino a seguir.

¿Cómo se llega a Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual y Fiscal Decana de Málaga?

No lo sé. He sido la única en ambos cargos, la primera. Creo que es un camino profesional que nace de un compromiso personal y, a partir de ambos, me han validado el trabajo. No he llegado, me han nombrado. Me encanta estar aquí y me parece un lujo tener un trabajo que te guste y sobre todo unir el trabajo con mi compromiso más personal. Me empodera y me motiva.

¿Hay renuncias personales ahí detrás?

No. Afortunadamente he podido proyectar mi trabajo sin renunciar a una vida personal plena. Pero claro, desde la solidez de un puesto de trabajo de funcionaria, que es diferente al camino de obstáculos que se enfrentan las mujeres en la empresa privada. Yo ahora mismo estoy divorciada, pero he tenido un marido que siempre me ha apoyado en los trabajos domésticos. Lo que me dice mi experiencia es que el apoyo de los hombres, como compañeros, para que las mujeres avancemos es imprescindible. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin un compañero que no me hubiera apoyado? Quizá no estaría aquí. No puede ser que las mujeres profesionales tengamos dobles o incluso triples jornadas de trabajo. Tiene que haber una igualdad absoluta.

¿Cuál te parece el mayor hito de tu carrera profesional?

Cada uno de los procesos en los que hemos podido ayudar a las víctimas. Cuando se hace justicia. Más que hitos profesionales tengo logros personales al conseguir una justicia social y con perspectiva de género. Recuerdo momentos, por ejemplo, una víctima venir a mi y tras acabar el juicio decirme: ‘¿Te puedo dar un abrazo?’ Eso me llega al alma. O seguir con el contacto con las familias de la víctima. Que haya hijos e hijas que sigan contándome cómo les va o qué están estudiando… Eso para mi es un logro profesional. Estamos ofreciendo una justicia muy cercana a las víctimas y creo que eso es lo que tenemos que hacer.

¿Y cuál te parece el mayor hito en la lucha contra la violencia de género en nuestro país?

Creo que tiene un nombre y unos apellidos: Ana Orantes. Es una tragedia, pero nos empoderó y puso de relevancia la invisibilidad y desasistencia de tantas víctimas de violencia de género que estaban obligadas a convivir con el propio maltratador. El nombre de Ana Orantes lo tenemos que tener siempre presente todas las personas que trabajamos en el tema de la violencia de género.

Nunca olvidaremos su nombre.

No. Nunca. Ella nos iluminó. Yo siempre la tengo presente y la califico de heroína, como héroes y heroínas son sus hijos e hijas. No hay que olvidar a los hijos e hijas de las víctimas de violencia de género, muchos de ellos víctimas directas también.

En lo que va de año, 11 mujeres han sido asesinadas por violencia machista [en el momento de realizarse esta entrevista]. ¿Qué balance harías?

Un balance preocupado. De esas 11 víctimas, ninguna había denunciado. ¿Qué nos dice esa estadística? Que estamos fallando en la detección. No pongamos el foco siempre en la Justicia, nosotros hacemos lo que podemos, pero hay algo en lo que estamos fallando: en la prevención y la detección. ¿Por qué no saltan esos asuntos antes de tener esa consecuencia tan irreversible? Por otro lado, me llama mucho la atención que estamos fallando en la rehabilitación del maltratador. Muchos de los delincuentes que nos llegan a los juzgados de violencia de género son reincidentes con esa pareja o con otras anteriores. Y muchos de ellos están violentando las medidas de alejamiento, a veces con el consentimiento de la víctima porque sigue siendo manipulada por el maltratador, no está empoderada. Por tanto veo esos dos fallos, por un lado la detección y prevención y por otro, la rehabilitación del maltratador.

¿Cuál sería el mayor reto y los mayores peligros al respecto este 2020?

Lograr una de las mayores finalidades del Derecho Penal y de la Constitución, esa rehabilitación del delincuente maltratador. Ese es uno de los caminos más difíciles e intransitables, que primero asuman su culpa y segundo estén dispuestos a rehabilitarse realmente. Porque tenemos el foco puesto en la educación, que por supuesto va a ser la salvadora de la violencia de género, pero tenemos que esperar a muchas generaciones, que los pequeños de hoy sean los hombres del mañana. Pero tenemos que pensar que la mayoría de los maltratadores hoy son reincidentes o multireincidentes, hay que poner el foco ahí.

¿Cómo se rehabilita a un maltratador?

Ese tema pertenece a Instituciones Penitenciarias. Primero hay que lograr que asuma sus actos. Muchos asumen sus penas, pero no se reconocen como maltratadores. Mi experiencia me dice que siempre están expulsando la culpa de sí mismos, nunca la asumen. No conozco a ningún maltratador que se reconozca como tal, sino que tienen interiorizado un sistema de vida en pareja que consideran el único idóneo, de ahí la importancia de la educación, de evitar las conductas patriarcales a la hora de educar. Así muy difícilmente pueden rehabilitarse. Te voy a poner un ejemplo para que se vea más claro. Un drogadicto no puede optar a un cuadro de desintoxicación si previamente no se reconoce como tal. Aunque sean situaciones muy distintas, el resultado es el mismo, no se sale si no se reconoce lo que está ocurriendo.

¿Qué supone el negacionismo de la violencia machista en cuanto a la vulneración de derechos de las mujeres?

No quiero entrar en tema políticos, pero es evidente que por mucho que se nieguen, los hechos existen. Todos sabemos qué pasa en los juzgados de violencia de género, eso no se puede negar. Negar evidencias que no están contrastadas empíricamente es faltar a la verdad. Me remito a los datos oficiales de la memoria de la Ficalía General del Estado que dice que las denuncias falsas rozan el 0,01%. Esa es la realidad, fuera de eso no voy a entrar. La violencia de género provoca una situación extrema y consecuencia de ella son esas 11 mujeres (en el momento de realizar esta entrevista) asesinadas este año.

Y por último, ¿cuáles van a ser tus reivindicaciones el próximo 8M?

Bueno, a los fiscales no nos deja nuestro estatuto manifestarnos, ni podemos hacer declaraciones políticas. No obstante, el 8M anterior sí que pudimos acceder a esa posibilidad y este año saldré por una sociedad libre de violencia de género.