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Violencia de género en el mundo rural: el drama invisible

Un estudio sobre violencia de género en el mundo rural ha puesto de manifiesto una realidad silenciada: El 100% de las encuestadas reconoció haber experimentado violencia psicológica y las  mujeres víctimas habían experimentado violencia una media de 20 años.

Paka Díaz |Woman.es

Cuando vives en un entorno pequeño, donde todo el mundo se conoce, es difícil perder el miedo al qué dirán. Porque lo dirán todos. La sensación de opresión al imaginarlo es poderosa. Ese miedo se convierte en el aliado perfecto para aislar a las mujeres víctimas de violencia de género en las áreas rurales. Una realidad de la que, según el estudio ‘Mujeres víctimas de violencia de género en el mundo rural’, todo el mundo sabe pero nadie habla. Realizado por la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR), el informe se puede descargar en su web. Los datos son demoledores. Un 61,35% de las mujeres ha sabido de un caso de violencia de género. El 100% de las mujeres entrevistadas ha experimentado violencia psicológica, seguida de la física, un 78,26%, y la económica, un 56,52%. La violencia sexual aparece en un 39,13% y la ambiental en un 34,78%. Además, el estudio revela que las mujeres han sufrido esas situaciones de violencia una media de 20 años. Se hace un silencio en la cabeza cuando se percibe la enormidad de un drama real, pero invisible. 

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En palabras de las mujeres del estudio: “No eres nadie, no existes”, “Si veo dos llamadas perdidas seguidas y digo, ¿empezamos otra vez?, es esa inquietud… un poco de miedo de decir, “Todavía no tengo superada la situación, el cambio de vida, el miedo que siento cada día que voy a trabajar y la impotencia de que él se haya quedado en la casa familiar con todas mis cosas”, “Cuando se acaba… por supuesto que estás libre físicamente, pero no estás libre emocionalmente. Eso no se acaba nunca….”, “Me podía más el miedo que el dolor de los golpes”, “Tenía miedo a que bebiera porque después sabía lo que me esperaba”, “Tenía miedo a que pegara a mis hijos/as, a mí sí, pero a ellos/as no..”, “A que mis hijas se quedaran sin padre” “Al qué dirán si le dejo o le denuncio”.

En el estudio, realizado por la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR) en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Galicia y La Rioja, se ha encuestado a 167 mujeres de municipios de hasta 20.000 habitantes, además de a 333 profesionales de atención. Además, han hecho 23 entrevistas en profundidad a mujeres víctimas de la violencia de género. El objetivo era analizar la percepción de la violencia de género y los servicios de atención de las mujeres en el medio rural y visibilizar su situación. Fademur es una organización que nació hace 20 años para luchar por los derechos de las mujeres en el entorno rural, por su empoderamiento económico, pero también personal y que representa a más de 55.000 mujeres con el objetivo de mejorar su situación y lograr la igualdad. “La violencia de género es el máximo exponente de la desigualdad, es un instrumento de sumisión de las mujeres. Por eso luchar contra la violencia machista es fundamental para conseguir esa igualdad”, apunta Marta Torres, autora del estudio y coordinadora técnica del Programa de Violencia de Género de FADEMUR. Torres enumera como razones principales de las altas cifras de violencia de género en el entorno rural, la feminización de la pobreza y la dependencia económica, la falta de información, la inaccesibilidad de los recursos, la enorme cantidad de trámites jurídicos y burocráticos necesarios para denunciar y recibir apoyo en los entornos rurales. 

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FADEMUR ha creado el proyecto Cultivando Igualdad, a través del cual ofrecen talleres y charlas. Se trata de un programa integral de apoyo a las mujeres, pero acompañado de un trabajo de sensibilización y concienciación, tanto de la sociedad en la que viven esas mujeres, como de los y las profesionales que se relacionan con ellas. “Tiene que ser una trabajo integral y transversal. Si no, no vamos a poder luchar de manera efectiva por las mujeres, nos limitaremos a poner parches. Hay que cambiar mentalidades. Trabajamos con población adulta, pero también con adolescentes, chicas y chicas… Este año con la pandemia está resultando más complicado, pero ahí seguimos sin parar para llegar a las zonas más remotas, que nadie se quede fuera”, explica Torres que recuerda que el origen de este proyecto fueron las mismas mujeres rurales que asistían a los talleres de FADEMUR. “Con mucha timidez al principio, inseguras, empezaron a contarnos lo que les estaba pasando, las situaciones que tenían en casa. Nos decían que no se atrevían a ir a los servicios sociales o a la Casa de la Mujer de su zona porque las conocían y no se fiaban”, recuerda, “por eso en 2014 nació nuestro programa Espacios Seguros, que fue el germen de Cultivando Igualdad, para ofrecerles espacios a esas mujeres en nuestras sedes territoriales en los que contamos con mucha ofertas para ellas. Pueden ir a gestionar una beca para alguno de sus hijos o a recibir ayudar para papeleos oficiales. Como en realidad, pueden ir para muchas cosas, se sienten seguras para, allí, poder hablar de la violencia que sufren sin que nadie las señale con el dedo”, explica Torres, “tienes que tener en cuenta que a estas mujeres las conoce todo el mundo en su pequeño entorno. Si van a poner una denuncia, se siente totalmente expuestas y desprotegidas. Saben que somos una organización que lucha por sus derechos y que pueden confiar en nosotras. A veces somos la única puerta a la que pueden recurrir”. 

En palabras de las mujeres víctimas del estudio: “No he dicho ni la mitad de lo que ha hecho…”, “Porque de lo que le estoy diciendo, es siete mil veces más lo que ha hecho”, “La violencia se silencia mucho”, “Hay mucha hipocresía: todo se sabe, pero nada se dice”, “Yo procuraba que no se enterara nadie, es más, no se enteraba nadie… yo he procurado por todos los medios callarme, silenciar todo, no lo sabía nadie, nadie”, “En el mundo rural es muy, muy difícil, no tienes a dónde ir”, “Estaba siempre encerrada en casa y controlada”. “Estábamos en el campo a dos kilómetros fuera del pueblo… Si me mata, ¿quién se va a enterar aquí? Vivimos en el campo, no hay nada al lado, ni una casa. Yo decía, me mata, se quedan los/as niños/as huérfanos y no tienen familia aquí”.

Por la parte positiva, Torres señala que en el medio rural “existen unas redes informales que podrían, y de hecho a veces lo son, ser muy importantes para detectar las situaciones de violencia y para ayudar. Esas redes informales de amistades, vecinos, el personal sanitario con el que se relacionan las mujeres. Por eso es importante concienciar, hacer campañas para estas personas”, explica y apunta que muchas veces, el médico o la médica de atención primaria es la persona a la que acuden esas mujeres. En consulta y con la formación adecuada, pueden detectar la situación de violencia de género que está viviendo la mujer incluso aunque ella no se atreva a decirlo, aprender a hacer las preguntas que harán que se detecte la violencia y también que la mujer se sienta segura como para contar el problema de violencia. “Esos profesionales son a los que queremos llegar. Incluso un cartero o una cartera. Si la mujer está totalmente aislada y no puede salir de casa, quizá ese cartero es la única persona que va a poder comunicarse con ella y detectar la situación de violencia que está viviendo. Por eso la formación en violencia de género es tan importante”, señala y además puntualiza que le gustaría destacar “el trabajo de esos y esas profesionales que están en los territorios rurales, también trabajadores y educadores sociales, gente que se deja la piel, que hacen una labor increíble con muy pocos recursos”.

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Otro de los grandes problemas es que las mujeres del entorno rural no se sienten identificadas con las campañas que se hacen desde el mundo urbano y que muestran una realidad que no es la suya. En el estudio, más del 85% de las mujeres decían que no sentían incluidas o interpeladas en esas campañas. A las que más difícil es llegar es a las mujeres muy jóvenes y a las mayores de 70 años, alerta. “El mundo rural tiene sus propias especificidades y hay que tenerlas en cuenta. Ellas no se ven representadas ahí, por eso no sienten que sean esos su problemas. El tipo de violencia que viven, su realidad es otra”, señala y considera fundamental “hacer campañas específicas para ellas, llegar a ellas”. Ellas, de momento, han creado un potente vídeo, directo para las mujeres y que pone los pelos de punta, ‘En un pueblo todo se sabe. O no’. ‘Denunciar un caso de violencia de género es responsabilidad de todo un pueblo, de toda la sociedad. Ayúdanos a cultivar igualdad’, dice el eslogan de su campaña. 

En palabras de las mujeres víctimas del estudio: “Me ha pegado delante de su familia, de su hermano y su mujer que viven un pueblo cerca, pero ellos nunca han hecho nada, para ellos/as es normal porque soy su mujer, no tenía apoyo de nadie cercano”, ““Mi suegro y mis cuñados/as en absoluto, pero es que ni una llamada de mi suegra siquiera, ¿necesitas algo?”.

Además, Torres recuerda que para salir de la situación de violencia de género es necesario tener una autonomía económica y personal y, para eso, es imprescindible que se destinen recursos. Ya basta de hablar del rural solamente en época de elecciones. Hay que demostrar que la realidad de estas mujeres importa y eso pasa por destinar los recursos necesarios para ayudarles. “En el mundo rural el acceso a los servicios y a las oportunidades laborales es más complicado para las mujeres, con lo cual es una dificultad añadida para salir de la violencia machista”, confirma Teresa López, presidenta de FADEMUR, “trabajamos siempre en programas y proyectos que faciliten su independencia económica porque es la única manera de poder decidir tu vida y no seguir aguantando. Esa dependencia es un grave problema y necesitamos recursos para poder ofrecerles formación y oportunidades laborales, para que puedan elegir qué quieren hacer. Si no tienes independencia económica es mucho más difícil romper el círculo de violencia del maltrato”. López recuerda la triple discriminación que viven las mujeres rurales “al ejercer una actividad económica sometida a grandes incertidumbres, en un entorno muy masculinizado y con poco apoyo social que nos ayude con las tareas familiares. La anterior crisis económica dejó un escenario en los pueblos muy duro. Y vivimos en una cultura patriarcal que supone que cuando desaparecen los servicios de ayuda, las que tenemos que ocuparnos de los cuidados somos las mujeres. Todo eso supone grandes dificultades para acceder a la independencia económica”. 

Ya en 2009, el informe ‘Violencia de Género en los pequeños municipios del Estado Español’ señalaba que las mujeres de áreas rurales tienen un menor acceso al mercado de trabajo formal, donde afrontan situaciones de mayor precariedad,  y relaciones de género menos igualitarias, los varones no se involucran en la corresponsabilidad y faltan recursos para la conciliación. Además, ese estudio alertaba de que el control social está muy presente en la vida cotidiana de las mujeres. En ocasiones se legitima culturalmente el uso de la violencia sin que sea considerada como un delito, ni el agresor un delincuente.Las mujeres se ven obligadas a cumplir unos estereotipos por la normativa social, que puede llegar a ser asfixiante en algunos casos y desde luego siempre ejerce una gran influencia a la que es difícil abstraerse. Los clichés afectan directamente a la violencia de género, dándole alas y un cierto apoyo social a los maltratadores. Mandatos de género y creencias sexistas que cuanto más estereotipadas son, más coartan las libertades de las mujeres. Ideas que se repiten sin cesar desde que las mujeres son niñas. Las mujeres que han participado en el estudio de FADEMUR, las que se han atrevido a hablar, narran una realidad opresiva. Más del 80% de ellas hablan de la existencia de machismo generalizado en el mundo rural y un 47 % describe a las familias de sus parejas o ex parejas como machistas, invasivas, autoritarias, posesivas, chantajistas y culpabilizadoras.

En palabras de las mujeres víctimas del estudio: ““Pensaba que era culpa mía porque le provocaba, que no era una buena mujer”. Mi suegro era como un patriarca, mandaba en todos/as, quería disponer de mi hija como si fuera suya”, “Me trataban muy mal, me insultaban, me encerraban en casa. Sobre todo, al quedarme embarazada”, “Sientes vergüenza de lo que te está pasando”, “A mí me daba vergüenza ir con la cara marcada. Así como la vergüenza fuera mía”, “Te da vergüenza porque te dices, bueno es que yo no lo estaré haciendo bien, tiene que ser culpa mía… Y cuando empiezas a notar que eso ya no es normal, también tienes muchas veces vergüenza porque dices, ¿por qué no he sido capaz de pararlo?”, “Es que yo siempre me lo he comido todo, no contaba mis cosas. Es que me daba mucha vergüenza, incluso ahora yo a mi pueblo no voy, porque él ha contado su versión y me da mucha vergüenza”. 

El estudio pone de manifiesto la necesidad de aumentar los recursos especializados en violencia de género, agilizar los trámites de divorcio o separación, mejorar la atención de las casas de acogida, y mejorar la coordinación entre recursos, para evitar su re-victimización, así como mejorar la atención y protección de sus hijos e hijas. Para Teresa López hay esperanza, pero hay que poner los medios y los recursos necesarios. “La violencia de género ha permanecido oculta durante demasiado tiempo. Mientras no se supo, vale. Pero ya llevamos tiempo pidiendo que se adapten los protocolos de violencia de género a la situación del medio rural. Que se facilite todo, que sea ventanilla única”, reclama. Además, recuerda la importancia de concienciar con campañas adecuadas. “En lo rural hay un red increíble de personas, de ayuda entre vecinos. Es algo positivo y creo que es posible darle la vuelta, que al final lo que tengan grabado a fuego es que hay que aislar al maltratador y proteger a la víctima. Porque la siguiente víctima puede ser tu madre, tu hermana o tu hija. Con un trabajo importante desde la educación a todos los niveles, creo que podemos conseguirlo”. 

RECUADRO: Propuestas de FADEMUR para mejorar las actuaciones de las administraciones públicas en violencia de género en el entorno rural: 

1. Atención integral a las víctimas de la Violencia de Género, con especial atención a los colectivos de mujeres más vulnerables como las mujeres mayores, las mujeres migrantes, las mujeres con cualquier tipo de discapacidad, las mujeres de minorías étnicas y las mujeres que residan en el ámbito rural

2. Prevención y sensibilización. Para romper el silencio con con campañas dirigidas específicamente a mujeres que viven en el ámbito rural. 

3. Formación de profesionales para garantizar la mejor respuesta asistencial. 

4. Coordinación y colaboración interinstitucional para que el sistema no les falle a las mujeres víctimas de violencia de género, es necesario revisar protocolos, activar mecanismos de actuación coordinada, proximidad a las víctimas, agilidad en los procesos y celeridad en la toma de decisiones, además de, por fin, ventanilla única. 

5. Análisis e investigación, indispensable para contribuir de forma eficaz a la lucha a la lucha contra todos los tipos de Violencia de Género contenidos en el Convenio de Estambul.

6. Compromiso económico, con partidas presupuestarias específicas para implementar las medidas y propuestas realizadas y, de verdad, luchar contra la violencia de género.