Elena Martín y Max Grosse en 'Suc de Síndria'.  | D. R.

'Suc de Síndria': ¿Qué pasa tras una agresión sexual?

El premiado cortometraje 'Suc de Síndria' muestra cómo una mujer que ha sufrido una violación vuelve a reconectarse con su placer. Su directora, Irene Moray, dio el discurso más reivindicativo de los pasados Goya e hizo el mayor 'spoiler' de la historia de los premios.

Paka Díaz | Woman.es

En la pasada edición de los Goya, la directora Irene Moray, que ya había ganado un premio Gaudí, se llevó el galardón a Mejor Cortometraje por 'Suc de síndria' y, en su discurso —el más reivindicativo de la gala—, hizo el mayor 'spoiler' de la historia de los premios al contar el final de su película: la protagonista tiene un orgasmo.

Pero es de esos 'spoilers' que no importan, porque en ‘Suc de síndria’ lo sustancial no es tanto lo que pasa, sino cómo pasa. El filme narra un momento de la vida de Bárbara y Pol, una joven pareja que va a pasar unos días al campo a casa de unos amigos. En esos días, descubriremos que ella sufrió una agresión sexual y asistiremos a cómo vuelve a reconectarse con su cuerpo, su placer y su libertad. "Quería dedicárselo a todas las supervivientes. Estas mujeres tienen derecho a hacer ruido, a coger su espacio en el mundo, a triunfar, a disfrutar de la vida, de su cuerpo, a correrse y el derecho a ser quien ellas quieran ser", dijo Irene Moray al recibir el Goya.

Retrato de la directora Irene Moray. | D. R.

La actriz y también directora Elena Martín, a la que descubrimos como intérprete en la película coral 'Las amigas de Ágata', es la protagonista de 'Suc de síndria', un corto que se puede ver en la plataforma Filmin.

Martín conoció a Irene Moray cuando rodaba su primer film como realizadora, 'Júlia Ist'. "Seguíamos el trabajo de Irene como fotógrafa y, como sabíamos que vivía en Berlín en aquel momento, le propusimos una colaboración. Acabó siendo la foto fija de la película", recuerda.

Ambas siguieron en contacto y, un tiempo después, Moray le mandó una primera versión de 'Suc de síndria'. "Yo estaba sola en la playa y lo leí enseguida. Me emocionó mucho y se lo dije: "Como directora no puedo decirte mucho, porque he estado llorando toda la lectura". Entonces me dijo: "Me alegro, porque me gustaría que lo protagonizaras tú". "Le dije que sí de inmediato", explica.

Juntas han dado vida a Bárbara, un personaje con el que es muy fácil identificarse. "Más allá de que cada una haya tenido experiencias muy distintas en la vida, el no sentir que tienes derecho pleno a disfrutar de tu propio cuerpo, es un lugar muy común para muchísimas mujeres", admite Martín para quien ese "sentirse alejada de su propio cuerpo y tener que reconquistarlo, volver a sentir que es un lugar seguro, es un tema universal".

La actriz reconoce que 'Suc de síndria' ha sido un proyecto "importantísimo" para ella. "Creo en la historia, en el mensaje. Me emociona ser una pieza del engranaje que ayude a transmitirlo. Es un relato que necesito como ciudadana", explica. 

Además asegura que le ha hecho crecer como intérprete. Habituada a que le ofrezcan personales "más mentales/intelectuales", el papel de Bárbara "ha sido una oportunidad (corta pero intensa) de poder interpretar un personaje intuitivo, impulsivo, divertido, sensual, descontrolado. Cosas que tenía muchísimas ganas de soltar ante la cámara". Asimismo, esta película le ha hecho ganar una amiga: "Mi amistad con Irene se ha forjado sobretodo a raíz de este corto y este es el mayor regalo". Una amistad que también valora como un regalo la directora Irene Moray, con quien hablamos sobre este hermoso filme que pone luz en un lugar que siempre nos han presentado como muy oscuro.

Irene Moray (izda.) sostiene el Goya por el corto 'Suc de Síndria'.  | Daniel Gonzalez

¿Cómo nace la idea de ‘Suc de síndria’ (Zumo de sandía) y por qué ese título?

Nace de la voluntad de crear un referente distinto de lo que es una mujer que sobrevive a un episodio de abuso sexual y mostrar una relación de pareja sana basada en el respeto y el amor. El título llegó de forma muy orgánica, me apetecía que fuera algo sencillo pero que reflejara placer.

Nunca había visto hablar en una película de la vuelta al placer de una mujer tras sufrir una agresión sexual. ¿Por qué te interesaba mostrar justo ese momento?

Porque sigue siendo muy tabú y nunca lo había visto mostrado en el cine. A mí me apetecía poner el foco en la sanación.

Una escena de 'Suc de Síndria'.  | D. R.

Lo vimos en la Manada de Pamplona, en la de Manresa y lo hemos visto en tantos juicios… En los casos de agresión sexual, ¿se nos juzga a las mujeres?

Por desgracia, muchas veces sí. Está en el inconsciente colectivo, así nos han educado, como sociedad tendemos a culpar a las mujeres. Por eso creo que es tan importante crear nuevos referentes, más variados y saludables. Y, por qué no, educativos, que nos muestren qué es el consentimiento y cómo podemos relacionarnos entre nosotros sin faltarnos al respeto. 

Bárbara es un personaje del que te enamoras. Su fuerza y sus ganas de ser fuerte. De ir para arriba hasta cuando te han hecho mucho daño. ¿Cómo creaste este personaje?

Conozco a muchas mujeres que han sufrido experiencias de abuso y ninguna encaja con el arquetipo que la sociedad se empeña en imponer de la eterna 'víctima'. Para nada. Las veo como supervivientes, mujeres fuertes, poderosas, que han seguido hacia adelante, con su dolor, esforzándose por sanar sin dejar que esta herida las defina. Bárbara tiene mucho de todas estas amigas y también de mí. Es divertida, dicharachera, honesta, asertiva. Puede ser todas estas cosas pese a haber vivido una experiencia traumática.

La directora de 'Suc de síndria', Irene Moray. | D. R.

¿Qué importancia tiene Elena Martín en la construcción del personaje?

Elena confió en mí plenamente y me siento muy orgullosa y agradecida de haber podido crear con ella el personaje que deseaba. Con tiempo, paciencia y mucha entrega hemos ido labrando la forma que tiene Bárbara de relacionarse con el mundo, de tocar a su pareja, de reír, de llorar. Trabajamos a través de meditaciones guiadas para llegar a lugares muy profundos a nivel emocional. Y al final, nos hemos hecho muy amigas.

¿Qué representa Pol, el compañero de la protagonista?

A mí me parece una persona que ha entendido lo que es estar en pareja, acompañar al otro ofreciendo presencia y escucha. Cada uno tiene que hacer su camino y superar sus bloqueos, pero se hacen compañía y aprenden el uno del otro. Pol no necesita salvar a Bárbara, confía plenamente en ella.

¿Dónde querías llegar con esta historia?

Quería ofrecer una narrativa distinta, una perspectiva de sanación y de amor. Esta era mi principal intención.

¿Qué ha supuesto el premio Goya para ti y para este corto?

La verdad es que me ha hecho una ilusión tremenda. Además, el premio ha hecho que mucha más gente se interese por el corto. Al final, a mí es lo que me hace más feliz, ver que el corto ha llegado a muchísima gente.

En los Goya, dedicaste el premio a las supervivientes. ¿Qué querías decir con tu discurso?

Sobretodo, para mí era un mensaje de amor, un recordatorio para todos de no caer en la creencia patológica de que las supervivientes de abusos están 'rotas para siempre'. Lo contrario, quería darle voz al tema del corto, de que sus heridas no tienen por qué definirlas y que tienen todo el derecho al goce y al placer y a ser como ellas quieran ser.

La cineasta barcelonesa Irene Moray. | D. R.

¿Es el final del corto un homenaje, de algún modo, a cualquier mujer que haya sufrido una agresión sexual, un deseo para todas ellas?

Para mí el orgasmo era una metáfora de que finalmente se dejaba ir y era capaz de confiar en la persona que tenía al lado, su pareja. No es tanto por el orgasmo en sí, sino lo que le ha llevado hasta allí, es un símbolo de que ha abierto algo en ella. En este sentido, sí, es algo que le deseo a todas. Poder volver a confiar y amar y disfrutar sin miedo ni culpa.

¿En qué proyectos estás ahora?

Estoy escribiendo mi primer largo y estoy muy contenta de poder hacerlo. Escribo con Jan Matheu, un guionista al que admiro mucho y nos estamos entendiendo genial. Tengo muchas ganas de seguir trabajando en ello.