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Combate el 'efecto Matilda': estas son las científicas que deberían haber aparecido en tus libros del colegio

Este 11 de febrero es el Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia y queremos rendir un homenaje a todas las científicas del pasado cuyos logros fueron adjudicados a sus compañeros varones. Estas son solo algunas de las víctimas del efecto Matilda: es hora de aprender sus nombres y sus historias.

Isabel Serrano | Woman.es

En 1993 una historiadora estadounidense, Margaret Rossiter, acuñó una frase que puso nombre a un fenómeno sexista cada vez más reconocido: el efecto Matilda. El fenómeno en sí consiste en borrar de la historia oficial a las mujeres sobresalientes, hacer como si ellas nunca existieron. Se llama Matilda en honor a una inventora y sufragista olvidada por los historiadores, Matilda Gage. Hoy, cuando hablamos del efecto Matilda, lo asimilamos a una realidad muy concreta:  la que denuncia cómo a lo largo de los siglos la labor de las mujeres científicas se han silenciado hasta el punto de que en algunos casos sus hallazgos e investigaciones han sido adjudicados a sus compañeros varones.

Pero el efecto Matilda no es solo una clase de historia. Aún quedan muchas huellas suyas en el mundo académico y científico. Quizá no sean casos tan evidentes como los del pasado, en los que un hombre podía quitarle literalmente el premio Nobel de las manos, pero esos ecos de sexismo se dejan oír en muchas actitudes que se viven a diario en el mundo laboral de los científicos. No hace tanto, en 2013, un artículo titulado 'El efecto Matilda en la comunicación' daba cuenta de alguno de estos sesgos. Por ejemplo, informaba de que la ciencia les sigue prefiriendo a ellos antes que a ellas: tanto las mujeres como los hombres consideraban que los trabajos realizados por varones eran más sólidos y si les daban a elegir preferían trabajar con autores masculinos.

Una de las maneras de luchar contra esta forma de sexismo es conseguir que la sociedad reconozca la labor y las aportaciones que las mujeres científicas han hecho a lo largo de los siglos. Ellas merecen formar parte de los libros de texto tanto como ellos y que las niñas y niños puedan tener referentes femeninos valiosos en todos los campos del conocimiento. Por eso hemos querido hacer una selección de mujeres que deberían haber estado en nuestros libros, para darles la oportunidad de rendirles un reconocimiento que no tuvieron en su día.

Lise Meitner, la física que entendió cómo se separan los átomos

Nació en Viena en 1878 y su trabajo en física nuclear la llevó a descubrir la fisión del átomo (esa que llevaría años más tarde la creación de la bomba atómica). Desde que se doctoró en física colaboró con el químico alemán Otto Hahn, cuyo nombre sí te sonará: ganó el Nobel en 1944 por descubrir, vaya, la fisión nuclear. Sí, como sospechas Hahn hizo los experimentos pero fue Lise Meitner quien formuló la hipótesis que explicaba el fenómeno. Él no incluyó su nombre en el trabajo que le supuso ganar el Nobel y ella no pasó a la historia.

Los físicos Lise Meitner y Anthony Hamilton. | Keystone / GETTY

Rosalind Franklin, la investigadora que fotografió el ADN

Si hoy sabemos la forma de nuestro ADN es gracias a una fotografía que realizó con rayos X esta bióloga británica. Su historia es de las que claman al cielo. La conocida como Foto 51 que Franklin tomó del ADN fue usada por Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick sin su consentimiento. Gracias a esa imagen en 1953 los tres investigadores publicaron en 'Nature' cuál era la estructura del ADN y ganaron el Nobel en 1962.

Cecilia Payne, la astrónoma que descubrió antes que nadie de qué estaba hecho el Sol

Estudió en Cambridge pero nunca obtuvo un título oficial: Cambridge no daba títulos a mujeres en aquel momento. Acabó estudiando astronomía porque era la única carrera científica que permitía becar a las mujeres. En su primer trabajo como astrónoma propuso por primera vez que el Sol estaba compuesto en un 99% de hidrógeno, pero nadie la creyó… hasta que años más tarde un compañero llegó a la misma conclusión llevándose todo el mérito del descubrimiento.