Creemos que esa persona siempre estará ahí, y sobre todo, siempre estará dispuesta a perdonar.  | ImDb

¿Por qué tratamos peor a los que sabemos que nos quieren?

¿Por qué llevamos a casa los problemas del trabajo y acabamos teniendo una discusión desagradable con algún familiar que nada tuvo que ver con lo que pasó en la oficina? 

Paola Lei | Woman.es

Este comportamiento tan frecuente y en apariencia contradictorio ha quedado descrito en la sabiduría popular con dos frases: “Quien bien te quiere te hará llorar” o “La confianza da asco”. Lo cierto es que cuando uno está en medio del fragor de la batalla dispara contra todos pero parece cebarse justamente en esas personas que te lo van a perdonar todo o con las que ya no tienes que quedar bien porque siempre, o eso nos parece, van a estar ahí para nosotros. Y aunque a esta conducta sigan sentimientos de culpa de variada intensidad, probablemente volveremos a repetir el mismo error una y otra vez porque ya se ha convertido en un patrón de comportamiento que, por un lado nos libera de la ira, pero por otro nos hace sentir mal porque estaos cometiendo una injusticia.

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¿Y por qué lo hacemos?

Algunos psicólogos opinan que una persona emocionalmente sana o con suficiente autoestima no debería tener esta conducta. Tendría que tener otros recursos para sacar su rabia sin machacar a nadie, mucho menos a un ser querido. Según estas teorías una solución para romper este patrón de comportamiento sería reforzar el amor propio y reconocer que las conductas negativas hacia las personas queridas son una manifestación del odio que uno siente hacia sí mismo y que lo hace ser cruel con personas importantes y queridas. Este modus operandi se aprenden a menudo en la familia y se transmite de generación en generación. 

Buscar a toda costa un culpable

Cuando algo no nos ha salido bien nos tranquiliza identificar un culpable que nos haga sentir menos responsable de nuestros errores. No importa que esa persona a que atacamos no tenga nada que ver con el asunto. Se puede ser muy manipulador y darle la vuelta a a tortilla tantas veces como sea preciso para justificar el impulso de atacar a los demás. Lo más fácil es quien está más cerca, si además damos por sentado su amor y su lealtad ni siquiera tendremos temor a que nos abandone en nuestro delirio. Creemos que esa persona siempre estará ahí, y sobre todo, siempre estará dispuesta a perdonar.

Toda a rabia que no hemos sido capaces de exteriorizar donde debíamos (es decir en el sitio o con la persona con la que hemos tenido el conflicto) acaba en la persona equivocada. “Es la única que nos aguanta”, se dice muchas veces. Pero es injusto, y además no va a solucionar el problema solo creará un nuevo malestar y un nuevo conflicto. Cuando estamos bien no tenemos necesidad de buscar un motivo para discutir ni de buscar culpables. 

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Dar a una persona por sentada

Es un sentimiento peligroso porque te hace pensar que del otro lado no hay una persona digna, con necesidades emocionales, capaz de aguantar todos los chaparrones que caigan. El exceso de seguridad y confianza explica que tengamos más cuidado en cómo le decimos las cosas a un compañero de trabajo, o a un desconocido, que a nuestra pareja.

Aviso navegantes: cuando esa persona se canse (y se cansará) vas a ser la primera sorprendida.

¿Qué hacer?

Lo ideal es tener un momento de reflexión con uno mismo. Identificar la parte de responsabilidad que tenemos en lo que ha sucedido y asumirla. Después de tener esta parte clara, lo siguiente es descargar nuestra ira de un manera productiva. Quizás dando un largo paseo antes de volver a casa o haciendo spinning, incluso ahora triunfan las clases de boxeo en los gimnasios porque son muy buenas para expulsar la tensión y la agresividad que tienen algunos acumulada.

Cualquier cosa puede funcionar menos meterse en un atasco o en Twitter, tampoco parece que vaya muy bien contestar a los grupos de whatsapp de Padres del cole o de la familia. A estas alturas cada quien se debe conocer lo suficiente para saber qué le puede funcionar mejor para no contaminar su vida privada con problemas externos y sobretodo para no abusar de los sentimientos de las personas que os quieren bien.