Menos ego y más autoestima

La modelo nos habla de la importancia de la autoestima, de valorarnos como personas y no esperar que ese sentimeinto salga de la aprobación de los demás, sino de nosotros mismos. Y es que amarse incondicionalmente es una gran aventura.

Verónica Blume

Me acuerdo de un concierto de final de curso cuando iba a la escuela primaria. Entre flautas y violines, a mí me habían adjudicado el bombo y yo, emocionada, esperaba mi gran momento: dos golpes secos y fuertes, en el instante justo. Los di, y acto seguido recuerdo haber girado la cabeza, buscando a mis padres. La mirada orgullosa que me devolvieron era lo que daba sentido a todo aquello. No creo ser diferente a los demás. Y es que desde pequeños buscamos la aprobación de los otros, y en función de su respuesta, valoramos más o menos lo que hacemos. Crecemos y nos damos cuenta de que ese hábito adquirido es en realidad una costumbre bastante peligrosa, poco productiva y altamente adictiva. Aparentemente, resulta más fácil depositar la autoestima en manos de los demás y esperar que nos la devuelvan bien alimentada… Pero, en realidad, amarse incondicionalmente es una gran aventura de vida, con todos sus componentes (incertidumbre, descubrimiento, miedo y una gran belleza). Reconozco que labrarse una autoestima sólida es un trabajo que dura toda la vida. Claro que ayuda gozar de una vida desahogada o tener un cuerpo hermoso... pero, cuidado, porque la línea que separa la autoestima de un ego infl ado es muy fina.

No solo somos aspecto físico
Un exceso de ego conlleva una insatisfacción constante, mientras que la autoestima verdadera aporta calma y nace de la aceptación de una misma. Como modelo, he conocido los efectos del ego, que me ha hecho subir como un cohete para caer cuando menos me lo esperaba –por mil razones y juicios externos– hasta encontrarme con la misma Verónica que siempre he sido. Modelo o no, una mujer que se valora solo por su aspecto físico se mete en un juego que la esclavizará, ya que tratará de retener algo –su belleza, su cuerpo, su piel– que, inevitablemente, cambiará. Teniendo en cuenta que la transformación es lo único constante en esta vida, vale la pena fomentar nuestra autoestima. No deberíamos esperar menos de nosotras mismas de lo que somos capaces de dar, tendríamos que promover los sentimientos de amor propio y –aunque sea muy de vez en cuando– podríamos transformar las dificultades con nuestro yo en positivas lecciones de sabiduría.