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Cómo contar a los niños que nos vamos a separar

En una pareja, la separación no suele resultar un proceso fácil. Pero cuando se tienen hijos parece que resulta aún más difícil hacerlo.

Paka Díaz | Woman.es

A la mayoría de progenitores les aterra especialmente el momento de tener que contárselo a sus hijos e hijas y se preguntan si hay un modo de hacerlo con el que se consiga minimizar el daño de la amenaza de la familia rota. Para evitar esos miedo y lograr que tanto la separación como el período posterior resulten más sencillos para los niños, Carmen Godoy ha escrito la guía “Mi mamá y mi papá se separan” (Pirámide) que viene acompañada de un cuento para los más pequeños, ‘Mi muñeca Audelina’. La idea de estas publicaciones surgió de la editorial por el incremento de separaciones y divorcios y la han publicado dentro de la colección PsicoCuentos ofrece a los padres y a las personas relacionadas con los niños pautas de intervención provechosas avaladas por la investigación. 

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“Los padres y madres quieren hacerlo bien y hay una demanda real de información para saber qué decir y qué no a los hijos para que afronten la separación sin traumas ni miedos”, explica Carmen Godoy Fernández, doctora en Psicología y profesora del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia. “Los profesionales damos recomendaciones pero no hay recetas porque cada pareja es diferente. Pero sí quiero transmitir un mensaje positivo, es posible construir separaciones en las que los niños puedan sentirse bien psicológicamente. Otra forma de separarse en posible”, apunta y alerta: “Esta guía, la guía está hecha para las parejas en general pero si hay maltrato es diferente, hay matices muy distintos y es absolutamente necesaria la consulta a profesionales que ofrezcan ayuda y protección a la mujer y a sus hijos”. Saber cómo contarlo, qué decirles y qué no o evitar el conflicto de lealtad son partes importantes del proceso para que la separación sea lo más sana y positiva posible. La clave: una nueva etapa se abre y eso no tiene porqué ser algo malo, sino todo lo contrario. 

¿Cómo plantear la ruptura de una pareja a sus hijos?

Una vez que los padres han tomado la decisión de separarse y empiezan a pensar cómo decírselo a los hijos deben tener en cuenta varias cosas. La primera es que los menores que son informados conjuntamente por ambos progenitores suelen tener una adaptación mucho mejor posteriormente. A veces esto no es posible, entonces lo sí que sería importante es que si cada uno la va a dar por separado deberían hacerlo de una manera serena, sin dramatismo, transmitiéndoles en todo momento tranquilidad, confianza y seguridad a los hijos. Dependiendo de las edades hay muchas frases que se pueden utilizar, pero además es fundamental que a los niños les quede claro que se van a separar como pareja, pero no como padres. Es importante que sepan que el vínculo como padre y madre se va a seguir manteniendo, que les van a seguir queriéndoles, ayudándoles y cuidándoles. Hay que ayudarles a partir de ese momento a que se adapten porque se van a crear muchas rutinas que les van a cambiar la vida. Es fundamental saber transmitir a los hijos la nueva etapa en la que entra la familia. 

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¿Cuáles son los mayores miedos que les surgen a los niños y niñas?

No saber lo que va a ocurrir, qué va a pasar. La ausencia de uno de los padres también de alguna manera expone a los hijos a la pérdida, al debilitamiento. Se preguntan cómo va a estar el progenitor que ya no vive en casa, si se va a acordar de ellos, si les van a seguir queriendo. Luego depende mucho de las circunstancias que rodeen a la separación. Si hay terceras personas, aumenta el temor de los hijos a ser desplazados, a dejar de ser importantes. La relación que a su vez sean capaces de mantener entre ellos también va a influir en cómo se encuentren los menores. Toda la gama de emociones que sientan en los mayores les van a afectar. 

¿Se rompe la familia con la separación? 

Se rompe la relación de la pareja, a partir de ese momento se puede construir una familia reorganizando las relaciones. Hoy en día hay muchas clases de familias. Monoparentales, biparentales, progenitores del mismo sexo… Estamos en una sociedad cambiante y abierta, donde las relaciones afectivas de apoyo y seguridad son las que definen al concepto de familia. El divorcio es como pareja, no como padres. 

Hay parejas a las que les cuesta separarse, incluso cuando la relación entre ellos ya no es buena, por miedo a hacer daño a sus hijos. ¿Qué les dirías?

El que la decisión sea difícil a veces es un indicador del miedo al impacto en los hijos. Algo que les podemos decir para tranquilizarles es que si ellos sabes ‘separarse bien’, si aprenden a cerrar bien la relación de pareja para coordinarse como padres, el impacto de separarse baja bastante. Ya hay muchos niños hijos de parejas separadas que están bien y con una buena adaptación psicológica. Lo que deben de hacer es asesorarse para ver cómo pueden cerrar la relación de pareja y crear una buena relación entre ellos como padre. Es posible tener un postdivorcio en el que los hijos estén adaptados a la nueva situación. Lógicamente, a veces los padres viven una situación emocional complicada en la separación porque hay frustración y rabia, sobre todo si hay terceras personas. En ese caso es responsabilidad de los padres hay tratar esas emociones con un especialista para sentirse mejor ellos y también para poder acompañar y ayudar a sus hijos en esta etapa. 

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Cuando hay terceras personas, ¿hasta que punto es conveniente que los hijos sepan eso o cómo se les cuenta?

Es una pregunta que se hacen mucho los padres, qué motivos les vamos a dar, qué explicaciones… ¿Debe mi hijo saber la verdad? Debemos ser muy reflexivos y prudentes, hay que hacerse una pregunta: ¿para qué le va a servir a mi hijo la información que le voy a dar? Si con ella va a condicionar para peor su relación con el padre o madre y/o va a debilitar su visión del progenitor, no es bueno dársela. Si lo que les vas a contar les va a crear más inseguridad afectiva, angustia o miedo, no es conveniente para ellos. Hay que dar la información de manera progresiva. Lo primero es trasladarles que os vais a separar con serenidad, luego los niños van preguntando. Y también es importante dar información según las edades, pero siempre si no va a ser dañina para ellos. 

¿Y cómo actuar si los niños se enteran de la infidelidad de uno de los progenitores?

Normalmente eso daña mucho al hombre o a la mujer al que se ha sido infiel, pero también a los hijos. Un hijo tiene que preservar la relación con sus padres desde el punto de vista de la maternidad y la paternidad pero a veces colocamos al hijo para que juzgue a tu pareja con la que estás enfadado. Lo que el hijo necesita es solucionar el rol afectivo hacia él independientemente de la vinculación sentimental de sus padres. Por ello debemos intentar evitar esos solapamientos. La necesidad de rabia, al decepción, el sentimiento de venganza la debes de tratar con un profesional para que no te haga daño a ti, pero tampoco a tu hijo. No hay que privar al menor del padre o de la madre como forma de castigo por nuestros sentimientos de pareja. 

¿Intentar convertir al menor en aliado es un error?

Lo coloca en una posición psicológica que le daña bastante. Un niño o niña para estar adaptado a la separación necesita vínculos con ambos progenitores. Si esa alianza tiene como objetivo debilitar o incluso anular la relación con uno de los progenitores, al final al que se priva de la relación con su padre o madre es al hijo, por tanto el daño es para él. Las alianzas psicológicamente son dañinas porque van maquilladas por la necesidad del adulto de encontrar a alguien que les de la razón, de reforzar el papel de víctima o de encontrar un culpable, dinámicas todas que no son sanas. También se coloca a los hijos en lo que llamamos el conflicto de lealtad. 

¿Qué es el conflicto de lealtad?

Es una situación en la que de alguna forma el menor genera sentimientos de inseguridad de miedo, de malestar porque percibe que uno de sus progenitores le está pidiendo que se posicione, que manifieste una preferencia, que lo elija para vivir… El niño sabe que decida lo que decida va a desagradar a uno y para un menor es muy complicado porque ellos además de quererles, dependen emocionalmente de ambos progenitores. Para sentirse bien necesita que les transmitan ambos agrado y amor. Este es uno de los riesgos de los divorcios, el sentir que sus padres les pidan cosas que no les corresponden o que se posicionen por uno de ellos. Y hay que estar alerta porque eso genera muchos conflictos psicológicos en el menor. 

¿Y cómo evitarlo?

Hay que respetar a los hijos, dejarlos que libremente desarrollen su relación afectiva con ambos progenitores, dándoles un permiso psicológico que se consigue mostrándole que deseas que tenga una relación buena y afectuosa con el otro progenitor. Hay que demostrar que, aunque a ti te haya decepcionado como pareja, eres capaz de diferenciar y preservar el papel del otro/a como progenitor. Hay muchas situaciones que surgen el la separación, como organizar las comunicaciones, las visitas, etc, en las que como los padres no se ponen de acuerdo a veces delegan en los hijos. Hay que evitarlo y no colocarlos nunca en esa toma de decisiones. Ellos sienten que si se pronuncian van a decepcionar y tienen miedo al enfado de papá o mamá. En caso de no ponerse de acuerdo, lo mejor es buscar ayuda profesional. 

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¿Qué necesitan de los progenitores los niños y niñas cuando ocurre una separación?

Algo que nos suelen decir en la consulta es que lo que más les gustaría es que su padre y su madre se puedan llevar bien. Quieren decir que tengan un mínimo nivel de comunicación y que no les hablen mal del otro, ni de las familias, abuelos, tíos, ni se les trasladen los problemas económicos, ni haya insultos… O sea, quedar al margen de problemas que, al no depender de ellos, no pueden resolver. A los niños les ponemos encima una carga psicológica muy grande que ellos no pueden aguantar. Afortunadamente hay muchos padres que son capaces de reconstruir, pero también hay parejas que llamamos de alta conflictividad que no acaban de resolverlo y dañan mucho a sus hijos trasladándoles los problemas de la pareja. 

¿Cómo afecta a los niños las separaciones de alta conflictividad?

Algunas consecuencias son visibles en el momento, como síntomas de tristeza, ansiedad, depresión, inseguridad, bajo rendimiento académico, problemas de conducta o síntomas psicosomáticos. Estos son las visibles pero las más perjudiciales son las invisibles, los efectos silentes. El niño los va grabando, pierde el contacto con uno de los padres, empieza a sentir inseguridad, celos de la nueva pareja… Los padres son modelos para resolver los problemas, los hijos van a interiorizar cómo es la relación de pareja y cómo resuelven los conflictos. Hemos de intentar que la reorganización sea lo más sana posible para que ellos tengan relaciones sanas en el futuro.

Y los padres y madres, ¿como deben de cuidarse ante los posibles rencores hacía el otro?

Ese es un punto muy importante. La persona debe aprender a gestionar la separación dentro de la tormenta de emociones que se viven. No deben descargar sobre los hijos, ni usarles como confidentes ni figuras de apoyo porque los dañamos. También el apoyo que ofrece la familia debe evitar el posicionamiento porque va a incidir en los hijos. Buscar apoyo en la familia y amigos, sí, pero no en los hijos. Necesitarían una reflexión con un profesional para manejar sus sentimientos para que no sean esos sentimientos los que acompañen la toma de decisiones de la nueva vida familiar. Hablar en voz alta con otra persona te ayuda a reflexionar y a no tomar decisiones impulsivas condicionadas por la culpa, el miedo o la venganza.

¿Hay algún truco o juego que se pueda hacer con los menores para afrontar la separación?

Que se introduzcan aspectos lúdicos, que desdramaticen, que es lo que intentamos cuando tenemos que contar decisiones importantes a las personas a las que queremos. El mismo hecho de plantearlo de una forma serena, donde los hijos no perciban que nos angustia nos da miedo o nos enfada, es el mejor truco, sobre todo si son pequeños. Lo mejor es tener en cuenta que los niños aprenden de nosotros el modo en que afrontamos las decisiones, los cambios, la vida… Como cuando les contagiamos el entusiasmo porque van a empezar el colegio, del mismo modo animarles a que llega una nueva etapa que será buena para todos y en la que les vais a seguir queriendo y cuidando como siempre. Damos recomendaciones, no hay recetas, pero sí quiero transmitir un mensaje positivo, es posible construir separaciones en las que los niños puedan sentirse bien psicológicamente. Otra forma de separarse en posible. 

Si solo pudieras dar tres consejos a una pareja con hijos a punto de separarse, ¿cuáles serían?

Lo primero que ambos progenitores se otorguen el mismo estatus para coordinarse en lo que los hijos van a necesitar y que lo hagan en una igualdad absoluta. Los tenemos que proteger a ellos, a los menores, eso hay que dejarlo muy claro. 

Si nos vemos invadidos por sentimientos que van a obstaculizar esa coordinación, apoyarnos en expertos profesionales porque durante el primer año es fundamental definir cómo se va a reconstruir la nueva familia. Si estamos en una tormenta emocional nos va a ser más difícil. Por eso es recomendable la ayuda profesional. 

No hacernos las preguntas en primera persona. La pregunta a responder es: ¿Qué es lo que nuestros hijos necesitan? Porque no siempre lo que tu necesitas es lo mismo que tu hijo necesita. Siempre ponemos el mismo ejemplo. Cuando una persona se separa lo que quiere y necesita es dejar de ver al otro. Pero eso es, precisamente, lo opuesto a lo que tu hijo necesita. Tu hijo necesita ver al otro progenitor. No podemos priorizar nuestras necesidades sobre la necesidad de protección a nuestros hijos… Siempre, claro está, que no sea un caso de maltrato. En ese caso todo cambia y hay que pedir ayuda profesional para la mujer y los menores.