Verónica Blume presenta su primer libro sobre yoga | Xavier Torres-Bacchetta

Verónica Blume: “La quietud y el silencio nos asustan mucho, pero los necesitamos para escucharnos y no perdernos”.

Verónica Blume contagia su buena energía. La profesora de yoga y modelo nos aconseja ser más amables con nosotras mismas en estos tiempos de incertidumbre y comparte su experiencia de vida en el libro ‘Ser. El camino de vuelta a ti’.

MYRIAM SERRANO

Aquella adolescente que vivía en el Nueva York de los 90 con otras top models, es hoy una experta yogui y maestra en un estilo de vida que forja la práctica diaria de yoga y meditación. Verónica Blume presenta su libro ‘Ser. El camino de vuelta a ti’, de Diana, que te adentra en los secretos del yoga pero también en los del autocuidado y el crecimiento personal.

Sosegada, humilde y siempre sonriente, la barcelonesa nos atiende a través de Zoom, donde este último año ha aprendido a dar sus clases magistrales de yoga, y nos confiesa sentirse bien en su nueva etapa de madurez. “Una vez traspasas la frontera de los 40 la vida cambia a bien, relativizas todo mucho más y tienes una mayor aceptación. Cuando te aceptas y te compartes tal como eres la sensación se traduce en libertad”.

Qué libro tan bonito, felicidades. ¿Es algo que tenías pendiente o surgió de forma espontánea?

Siempre había soñado con escribir un libro, pero empezaba, lo dejaba… Hasta que el año pasado, cuando había cerrado mi centro de yoga The Garage en Barcelona, el mundo estaba paralizado por la pandemia y yo más en casa, encontré el momento de comprometerme de verdad con un proyecto así.

'Ser. El camino de vuelta a ti', de Verónica Blume, editorial Diana. | archivo

¿Es la culminación de tu viaje interior? ¿Cúando lo iniciaste y en qué punto te encuentras ahora?

La vida entera es un viaje, en el que nos desviamos o nos tenemos que perder. Yo tomé conciencia del inicio de mi camino a los 17 años, cuando vivía en ese mundo de la moda en el que hacíamos cosas muy divertidas pero que a mi no me llenaban, y empecé a plantearme que había algo más, leyendo libros o haciendo Reiki. El vuelo transatlántico lo tomé al quedarme estaba embarazada de mi hijo, Liam, cuando mi vida dio un vuelco. Este libro es quizá el final de una primera etapa, porque el camino del crecimiento personal nunca acaba. A medida que avanzas te das cuenta de que sabes muy poquito y de que estamos aquí para seguir aprendiendo siempre.

Hablas de ‘el camino de vuelta a ti’. Así que el destino estaba atrás, no en el futuro o las metas soñadas…

El verdadero camino es aquel en el que dejas de ir acumulando -una casa más grande, el coche más guay, un novio estupendo, la piel perfecta, el último retoque….-. Cuantos menos apegos materiales tengamos mejor, hay que volver a lo que somos esencialmente, dejar a los personajes que nos ponemos, las máscaras que llevamos y las estrategias que desarrollamos para gestionar nuestros miedos, ambiciones o envidias. Creo que cuando empezamos a soltar podemos desplegar paz interior y una aceptación real.

No es fácil emprender ese recorrido…

Lo que yo siempre recomiendo es: persigue lo que sientes, rodéate de gente que te inspire (no sigas en Instagram a gente que te haga sentir que tu vida vale menos), prueba una clase de yoga o si no es lo tuyo, vete a caminar por la naturaleza, pero usa este vehículo que te han dado en la vida, el cuerpo, para algo más que para estar constantemente mirando hacia fuera. Reduce las horas de Netflix, no sigas en Instagram a gente que te haga sentir que tu vida vale menos, vigila con las compras on line… Haz un poco de ayuno tecnológico y dedícate un espacio en el que no ocurra nada muy especial, sólo pasear por la naturaleza, caminar, bailar o lo que sea. Yo recomendaría el yoga a todo el mundo, pero sé que cada uno tiene su momento o sus preferencias y no soy nada de presionar con eso, pero lo recomiendo porque se que funciona.

Dices también que “el mayor maestro eres tú misma”, pero no siempre es fácil detectar los sentimientos o gestionar las emociones…

Somos creadores de nuestra propia realidad y cuando somos capaces de aceptar esa posibilidad de transformar la vida, se abre un portal enorme. No entremos en un bucle de pensamientos como qué mal está el mundo, la pandemia, no tengo trabajo, mi cuerpo no me gusta… esa voz nutre nuestra forma de ver el mundo. Seamos más suaves con nosotras mismas, no nos exijamos tanto y acordémonos cada día de todas las cosas bonitas que tenemos: un cuerpo que funciona, un techo sobre nuestras cabezas, la sonrisa de nuestros hijos o amigos, la pareja a tu lado si la tienes… La gratitud es muy importante. Ser maestros de nuestra propia vida es darnos cuenta de que realmente tenemos el poder de crear una visión de soñar algo y de ir a por ello.

¿Qué has aprendido durante este año tan duro y extraño?

Nos queda aún bastante tiempo por delante para reconocer las enseñanzas que nos ha dejado. El vernos desconectados de todos nuestros hábitos y costumbres sociales nos ha dejado en pelotas con nosotros mismos. En mi caso yo soy bastante feliz quedándome en casa, no necesito muchísima actividad, hay un espacio creativo muy grande cuando soltamos esas obligaciones y etiquetas sociales con las que tanto nos identificamos, necesitamos bastante menos de lo que nos creamos. Yo me identifico más con la Vero a la que le gusta cocinar, practicar yoga en casa o sentarse a pintar… esos pequeños placeres que no necesitan una estructura social nos dan una riqueza maravillosa.

¿Te has vuelto aún más caracol o al contrario, tienes ya ganas de expansión?

Tengo ganas de expansión, de volver a ocupar ese lugar de la persona que viaja, que abraza, que comparte, pero también se bien que ahora necesito bastante menos, sabiendo mejor lo que me aporta y lo que no. Somos bichitos sociales, todos necesitamos conexión, cuando doy clases aprendo de mis alumnos, y ahora que no podemos abrazarnos, tocarnos, seamos al menos auténticos para poder conectar. Por otro lado, es duro no poder visitar a las personas que realmente nos importan, en mi caso mis padres residen en Uruguay.

Los problemas de ansiedad y depresión están afectando sobre todo a las mujeres, ¿hay que hablar más de ello para visibilizarlo y buscar ayuda?

Es una gran crisis y como en todas, servirá de transformación. Nunca antes tanta gente me había expresado sus ganas de empezar a meditar o a hacer yoga, hay mucha gente que quiere iniciar un camino hacia adentro o espiritual, hay una apertura muy grande de personas compartiendo su vulnerabilidad, incluso en comunidades virtuales con personas de todo el mundo donde se reúnen para sostenerse o inspirarse mutuamente. Están quienes optan por aprovechar esta crisis como un movimiento muy bonito de crecimiento, hay un potencial maravilloso para abrirse a otro mundo. De una u otra forma siempre hay que pedir ayuda, sí.

Desde la calma interior que transmites, ¿qué consejos nos das para seguir viviendo en esta incertidumbre?

Es muy complicado lidiar con ella, y de verdad que el yoga es una maravilla para eso. Pero lo que de verdad puede transformarte es la meditación, y no me refiero a estar una hora levitando con incienso o palosanto, no, puedes hacerlo cinco minutos o media hora, o dos si quieres, pero crear pequeños espacios de silencio y de encuentro contigo misma, nos da una estabilidad interior que necesitamos en un momento en el que el mundo nos está dando mucha incertidumbre. Pruébalo: haz tres respiraciones en las que inhalas profundamente, saca el aire y observa qué pasa.

Asana de Verónica, profesora de yoga y ex-modelo   | Xavier Torres-Bacchetta

Meditar es sencillo, dices en tu libro, ¿cómo lo haces tú con tanto ruido externo?

Es mucho más fácil de lo que nos pensamos. El ruido que es un reto es el interno, y cuando nos sentamos no se trata de decir “tengo que concentrarme mucho para dejar la mente en blanco”, no, se trata de escuchar lo que hay dentro, y suele ser muchísimo ruido, porque esta cabeza nuestra está hecha para producir pensamientos sin parar, a veces nos asustamos, en yoga el gran reto para los que empiezan es cerrar los ojos y estar en silencio, mucho más que los momentos en los que practicamos posturas o asanas. La quietud y el silencio nos asustan mucho… Darnos un espacio para escucharnos es esencial para no perdernos.

¿Empezar a practicar yoga es una declaración de principios?

Se convierte en una declaración de principios. Mucha gente empieza por curiosidad, porque está de moda, por una influencer que lo hace, o porque me duele algo, y con el tiempo se instala como algo mucho más que una práctica física, se empieza a reflejar en tu vida, en tu relación contigo y con los demás, en la manera de comer. Lo mejor es entrar desde la curiosidad e ir viendo poco a poco como tus principios y prioridades van cambiando.

¿Qué consejo valioso das a practicantes avanzadas como a neófitas?

No importa si llevas un montón de años practicando o si estás empezando, yo recomiendo siempre sentir la práctica en lugar de hacerla. Muchas veces hacemos las asanas perfectas y cuando nos permitimos sentir como se respira, como se comporta el cuerpo en las diferentes posturas, podemos empezar a reflejar lo que hacemos sobre la esterilla más allá de ella, para mi ese es el elemento más mágico, mucho más que si puedo conseguir poner los dos pies detrás de la cabeza o si aguanto el pino durante 60 respiraciones.

¿Hay un yoga más atlético y otro más espiritual, o a la fuerza van unidos?

Hay tantos inventos hoy… está el poweryoga que es muy dinámico, otros más relajantes o espirituales, hasta uno en EEUU en el que se te suben unas cabritas por la espalda, muchísimos tipos… pero si es de verdad y el principio es la respiración, que es lo que nos conecta con el presente o con el sentir, la meta es la misma. Hay gente que necesita mover el cuerpo de forma intensa, o quienes necesitan otro más restaurativo, pero el fin es volver a ti mismo. 

¿El poder de la respiración es un bálsamo?

Es el aspecto que más me fascina de la práctica del yoga. Es algo muy intenso empezar a entender y sentir la respiración, esa es la llave de oro.