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Ritual de cuidados antes, durante y después del sol

Solo 10 sencillos pasos te separan del bronceado perfecto. Aquel que te sienta bien, que hace que tu piel destaque, que la ropa te siente mejor y que todos (empezando por ti) te vean más guapa. Pero al mismo tiempo ese moreno saludable, que no agrede a tu piel ni pone en riesgo tu salud. Síguelos uno a uno y ¡a presumir!

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1. Identifica tu fototipo. Y escoge el factor de protección adecuado.  Los más frecuentes son:

- Fototipo I. Nunca se broncea, siempre se quema, color de pelo pelirrojo, ojos azules (factor 50+).

- Fototipo II. A veces se broncea, a veces se quema, pelo rubio, ojos azules o verdes (factor 50+).

- Fototipo III. Siempre se broncea, rara vez se quema, pelo castaño, ojos grises o marrones (factor entre 30 y 40).

 - Fototipo IV. Siempre se broncea, nunca se quema, pelo negro, ojos marrones (factor entrre 30 y 40).

2. No escatimes cantidad. La crema hay que aplicarla generosamente, porque no nos gusta estar pringosas ni que se quede una capa de color blanco. Para evitarlo, en lugar de echarte crema con cuentagotas, elige texturas fluidas que se absorben rápidamente y que no dejan sensación pegajosa. Aplícala antes de salir de casa, entre 20 minutos y media hora antes de exponerte al sol, repite cuando llegues a la playa o a la piscina y no te olvides de reponerla cada dos horas.

3. Deshecha las del año pasado. Un motivo más para no ser tan “ahorradora” con la cantidad de crema es que no te servirán para el año que viene. ¿El motivo? No es recomendable porque durante el verano pasan muchas horas expuestas a condiciones ambientales extremas (en la playa, en el coche…), alcanzando temperaturas que no permiten garantizar la capacidad de protección y estabilidad del producto. Para mayor seguridad, consulta el período de utilización recomendado tras su apertura (PAO), que figura en el dibujo en forma de tarro abierto del envase.

4. Cuando cojas color... ¡sigue poniéndote crema! Uno de los errores más frecuentes es disminuir la protección a medida que nos vamos poniendo morenos. Mientras estemos expuestos, el sol se sigue acumulando en nuestras pieles y también sus efectos adversos, así que, a pesar de tener un tono de piel más oscuro debemos seguir protegiéndonos de la misma manera. 

5. Y también si está nublado. Otro de los errores es pensar que cuando el sol está oculto tras las nubes, la radiación solar que incide sobre nuestra piel es menor. Esto no es real, ya que la capacidad de las nubes para filtrar la radiación solar y especialmente los rayos ultravioleta A, es escasa. Por tanto, también en este caso hay que protegerse.

6. Los grandes olvidados… Solemos tener mucho cuidado con la cara porque es la que más sufre al ir siempre expuesta. Pero ¿qué pasa con las manos? También reciben las agresiones externas cada día del año y aunque las hidratamos con frecuencia, solemos olvidarnos de aplicar en ellas el protector solar. Lo mismo pasa con otras zonas como los pies, las orejas, el contorno de los ojos y el cuero cabelludo. ¡Todo es piel! La cabeza siempre debería estar a la sombra. Además, sombrero, gafas y protector labial son complementos imprescindibles. Si tenemos cicatrices recientes también conviene aplicarles protección máxima para evitar que se oscurezcan.

7. Busca refugio. El sol hay que tomarlo de manera progresiva, empezando por 15 minutos y sumándole 10 cada día. Pasado ese tiempo, cúbrete con ropa ligera o ponte bajo la sombrilla. Y llegadas las horas centrales del día, esas en las que el sol más aprieta (entre las 12 y las 16 h), busca la sombra (llámala chiringuito, hogar dulce hogar, ruta de tiendas…).

8. Ducha templada. Después de la exposición solar es importante limpiar tu piel eliminando cualquier resto de cloro de las piscinas o sal del mar. Lo ideal es no ducharse más de una vez al día porque de lo contrarío aumentaría la deshidratación de la piel. Utiliza la mano mejor que una esponja, escoge productos suaves y enjabónate sin restregar porque tu cuerpo está sensible a las irritaciones. Lo mejor es el agua templada, evitando la caliente que contribuye también a la deshidratación y a que la piel se pele y se escame.

9. Momento afetersun. Aunque no tengas la impresión de haberte quemado, utiliza de todos modos una crema para después del sol. Su formulación no sólo hidrata sino que además calma la piel, refresca aliviando esa sensación de ardor y quemazón y repara los tejidos, regenerando las células dañadas y preparándolas para nuevas exposiciones solares.

10. ¡Ración de betacarotenos! La dieta influye en la piel a nivel celular así que, en verano, debemos tomar alimentos ricos en caroteno para paliar los efectos de la exposición solar. Lo mejor es llenar la nevera y tener siempre a mano alimentos de color rojo y anaranjado: sandía, tomates, zanahorias…