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¿Son seguras las mascarillas? ¿Por qué España es uno de los únicos países que impone su obligatoriedad?

Son nuestros escudos de protección hasta que haya una vacuna, según los epidemiólogos. Los españoles son los europeos más concienciados con el uso obligatorio de la mascarilla, al que se suma Madrid. Pero hay países y expertos que se plantean si son necesarias medidas tan restrictivas. Lo más importante, al margen de polémicas (y de política), es utilizarlas bien. 

Myriam Serrano | Woman.es

El mundo se ha inundado de mascarillas. Si hasta Donald Trump aparece al fin con una de color negro animando a los ciudadanos de EEUU a usarla, es que algo ha cambiado. En este país, donde el número de infectados no cesa de aumentar, era casi un instrumento político hasta ahora, pese a los esfuerzos del Dr. Anthony Fauci, principal responsable científico, que ha pedido a gobernadores y alcaldes que sean lo más contundentes posible para que la población las utilice. “Todo el mundo debería usarlas”, asegura. Cada estado se rige por sus normas: en Florida, por ejemplo, uno de los epicentros de la pandemia, la multa por no llevar mascarilla puede llegar hasta los 500 dólares.

Donald Trump usando mascarilla recientemente. | SplashNews.com / GTRES

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda su uso pero no obliga, ya que no tiene competencias legales en los distintos países. Las aconseja en casos de enfermos de covid, personas con síntomas, personal sanitario, mayores de 60 años y enfermos de riesgo, de cualquier tipo si están homologadas y especialmente las higiénicas. 

España es el Japón europeo. Su uso en nuestro país tiene proporciones similares al entorno de los países asiáticos, los más proclives tradicionalmente a llevarlas. Según una encuesta del Imperial College de Londres en nueve países europeos, el 60% de los españoles se muestra favorable a utilizarlas, aunque en las calles podemos comprobar que su extendido uso es mayor, lo que demuestra la responsabilidad de nuestros ciudadanos, también un ejemplo internacional durante el reciente confinamiento. 

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Tardó en imponerla, pero su uso en España se ha consolidado masivamente en comparación a otros países. Al menos en la calle, porque entre los políticos no siempre cunde el ejemplo. En la última sesión del Congreso para aprobar la reconstrucción económica del país, su presidenta Meritxell Batet tuvo que llamar la atención a la gran mayoría de “sus señorías” para bochorno de los diputados.

El primer país europeo en instaurarla fue República Checa, que lo pidió expresamente en supermercados, farmacias y transporte público, y el último en sumarse ha sido Inglaterra, donde es obligatorio al entrar en comercios. En el otro extremo están los países nórdicos, con Finlandia a la cabeza, donde sólo el 35% de sus habitantes se declara a favor de usarla si las instituciones lo recomiendan.

“Las mascarillas son el primer escalón de protección”, explica a Woman.es el Dr. Rafael Padrós, director del servicio de prevención de riesgos laborales del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. “En el momento en el que nos encontramos de la pandemia, y con la necesidad de controlar la población positiva asintomática, las mascarillas higiénicas son suficientes para la población general. No generan riesgos respiratorios ni de infecciones si se renuevan adecuadamente. En cambio, los llamados filtros faciales suponen una resistencia mayor a la respiración y pueden generar problemas en personas con patologías respiratorias graves”. Según los expertos, ciertos argumentos que corren en contra del uso de las mascarillas (incluso algunas protestas) no tienen base científica, y en muchos casos forman parte de bulos virales. 

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¿Por qué no se instauraron antes? “Por la escasez de material. Ahora que conocemos más sobre la enfermedad y el beneficio que suponen, paulatinamente su uso se ha generalizado en casi todas las comunidades autónomas. Permiten un correcto control viral que no colapse el sistema sanitario”, dice el Dr. Padrós. “Hay más de 100 países que han instaurado el uso generalizado de las mascarillas, y sabemos que tienen 7,5 veces menos casos de covid-19 que los países sin obligatoriedad. Un uso adecuado superior al 80 % de la población puede llegar a contener los contagios. Siempre que se acompañen de las medidas de distancia, lavado de manos y reducción de la actividad social. Incorporarlas en nuestro comportamiento es una cuestión de responsabilidad social, con nosotros mismos, compañeros, amigos y familiares".

RENOVAR Y LAVAR

Algunos epidemiólogos consideran que llevarlas en momentos concretos sería suficiente, ya que medidas muy restrictivas provocan inevitablemente estar tocándolas constantemente, lo que puede ser perjudicial, de ahí la importancia de un buen uso. Los tapabocas, como empiezan a denominarse también, necesitan medidas estrictas de higiene. 

“Si no las utilizamos bien pueden generar un foco de bacterias que lleven a infecciones orales o nasales”, asegura María García Alonso, farmacéutica especializada en análisis clínicos, que hizo un cultivo con mascarillas usadas para comprobarlo. “Son como la ropa interior, hay que cambiarla cada día y llevarla limpia”.

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“Las quirúrgicas duran máximo cuatro horas, las EPI unas pocas horas más, y las higiénicas recomiendo rociarlas con frecuencia con solución hidroalcohólica. Hay que lavarlas, desinfectarlas y cambiarlas con frecuencia. Y cuando no las estemos usando guardarlas en una bolsita de papel o tela para mantenerlas limpias y conservarlas bien”.

Y si estabas pensando en dejar de fumar, aprovecha este verano, con la nueva situación no es fácil. Los epidemiólogos aconsejan en nuestro país no fumar en terrazas y playas para evitar contagios. Los fumadores contagiados y asintomáticos pueden emitir pequeñas gotitas o partículas en el aire al expirar, que puede inhalar otra persona. Por eso Mª Dolores Chirlaque, del servicio de epidemiología de Murcia, aconseja “fumar a solas, o si se está con otras personas, hay que alejarse para hacerlo y después volver”.