D.R.

Cuatro pasos para superar la rabia

Sentir rabia es natural, por lo que puedes aprender a superarla.

Lucía Mayor | Woman.es

La rabia es una emoción que surge cuando tenemos un sentimiento injusticia. Ha sucedido algo que no merecemos, bien porque no cumple con las expectativas que teníamos o porque no se ha cumplido una promesa. “Cristina no me invitó a su cumpleaños, cuando nos conocemos desde los doce años”, “Me dijo que me ayudaría con la mudanza y no me coge el teléfono”. Sentimos rabia porque algo nos ha sido negado o creemos que merecemos algo mejor. “No me merecía esto”.

 Esta emoción viene acompañada de ira, que suele permanecer escondida u oprimida sin manifestarse directamente. Hay una injusticia y un culpable, un responsable de lo que nos ha pasado. La rabia genera resentimiento y ganas de venganza, ese resentimiento nos atrapa, nos convierte en esclavos, nos quita la libertad y nos resta nuestra valiosa energía.

Estoy rabiosa, ¿qué hago?

1. Reconocerla

El primer paso para liberarse de la rabia es distinguirla, reconocerla, ya que en muchas ocasiones no somos conscientes de lo que nos pasa, solo sabemos que estamos irritados o enfadados. ¿Sientes que se ha cometido una injusticia? ¿Tienes deseos de venganza? ¿Crees que alguien ha cerrado tus posibilidades?  Ese es el espacio de la rabia.

2. Soltarla

Una vez reconocida la injusticia y al que nosotros hacemos responsable debemos emitir un reclamo, es decir, iniciar una conversación donde declaramos aquello que encontramos injusto, donde exponemos nuestro mal estar. Esta conversación de reclamo nos abre un espacio para aclarar mal entendidos, para recibir un perdón, para aclarar unas necesidades que se habían dado por supuestas. Esta es una conversación que nos lleva a nuevas posibilidades. No siempre es agradable enfrentarse a esta conversación, pero evitarla nos lleva a la resignación, a la posición de víctima, poniendo en manos del otro nuestra felicidad.

En muchas ocasiones no es posible mantener esa conversación ya sea porque el que juzgamos responsable no está disponible o no es una persona física. “Mi empresa ha congelado los sueldos, ahora que me tocaba subida, ¡qué rabia!”, “Todo el año esperando conocer esta playa y llueve, ¡qué rabia!”. En ese caso, debemos dar paso a la aceptación.

3. Del resentimiento a la aceptación

Hay que reconciliarse con aquellos hechos que ya no podemos cambiar. La aceptación nos lleva a la paz. Debemos dar por cerrado el pasado, aprender de él, pero ser conscientes de que lo que sucedió en el pasado no necesariamente necesita repetirse en el futuro.

4. Perdonar

Con el resentimiento dependemos de aquel que hacemos responsable, él puede haberse olvidado del tema, mientras nosotros seguimos enganchados a él. El resentimiento hace que seamos esclavos de aquel que hacemos culpable de nuestras desgracias, generando infelicidad y restando libertad. Aquí es donde el perdón es la clave, perdonar nos libera, nos hace libres. Al perdonar nos hacemos responsables de nuestra felicidad.

Haz una lista de aquellas personas con las que crees que tienes una conversación pendiente, coge el teléfono y llama. En el caso de no poder tener la conversación, acepta los hechos, cierra el pasado. Cargar con resentimiento solo se come tu energía y resta tu libertad. Si tu felicidad es un barco, ¿Quién quieres que lleve el timón? ¿tú o aquel que te hizo daño?

Lucía mayor, coach ontológico.