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¿Tu también te has contagiado de midorexia, el síndrome de la temporada?

 Si pasas un cuarto de vida en el gimnasio, el otro en Instagram y todo tu tiempo libre con las mallas del gimnasio y las zapatillas probablemente seas una víctima de la nueva crisis de la mediana edad.

Paola Lei | Woman.es

Probemos suerte:

Ya cumpliste 40 pero sostienes que nunca has estado mejor. De hecho, te miras al espejo y te lo crees porque te devuelve una imagen juvenil, con unos glúteos de acero y un abdomen definido que no habías tenido a los 25. Además llevas un año haciendo yoga y has conseguido hacer la postura invertida a estas alturas de tu vida cuando ni en tu más tierna infancia se te daba bien hacer el pino.

Si encajas en ese perfil eres una de ellas, midoréxica perdida, estupenda de la muerte, riéndote de las gurús del estilo que recomiendan que las faldas no suben por encima de la rodilla pasados los 30 bajo ninguna circunstancia ¡A ti te van a venir con esas historias!

La palabra apareció por primera vez en The Telegraph y la acuñó la columnista del diario Shane Watson que la definía como "la creencia de que serás atractiva para siempre y que, de hecho, ahora eres más atractiva que nunca, una circunstancia que sería una pena no explotar antes de que sea demasiado tarde". Para Watson, "una midoréxica es una persona que, cumple 50, y se apresura a comprar su primeros pantalones de cuero, a pesar de no haberlos llevado nunca en su juventud". Ella misma se clasifica como midoréxica por haber adquirido sus primeras plataformas en la cincuentena.

La midorexia es diferente de las crisis clásicas de los 40 en las que ellos y ellas intenta negar la evidencia, se compran una moto o se cambian su pareja de toda la vida por una veinte años menor. No, la midorexia es una conversión religiosa de último minuto que te hace creer firmemente que estás en la flor de la vida (no que se te está pasando el arroz y tienes que disparar el último cartucho).

Los midoréxicos, ellas y ellos, no demuestran angustia y ansiedad, no tienen prisa, realmente están convencidos de que tienen todo el tiempo del mundo y que viven la mejor de las edades posibles.

No es simplemente confianza en su atractivo sobre el sexo opuesto, que sí tambien. Es, sobre todo, la convicción y la evidencia de que son más simpáticos y ocurrentes que nunca en su vida, que están más musculados que en su mejor momento y que sus poderes de seducción están en completa forma.

Todas estas certezas les hacen destilar un halo de encanto y, todo sea dicho, cierta ceguera sobre algunas de las huellas indelebles del paso del tiempo. Haberlas haylas.

No necesariamente han pasado una y otra vez por el quirófano, su culto al cuerpo es sistemático y su templo son los gimnasios. Aunque alguna inyección de colágeno y ácido hialurónico tampoco sobra.

Sus cocinas son laboratorios de experimentación donde no entran un gramo de grasa saturada ni un cereal que no sea integral y kilómetro 0. Son talibanes de la nutrición

Ellas son expertas en aparentar que no van nada producidas: no se las verá con excesos de maquillajes, cabelleras muy pintadas, ojos excesivamente marcados o  boca perfilada. La naturalidad (pretendida, porque hay toneladas de maquillaje para aparentar ese estilo no make up) es una de las armas inteligentes de los midoréxicos. Ellos, por su parte, llevan ropa relajada y lucen con gracia y soltura las canas de sus sienes (si salen en otra zona las tiñen con un baño sutil de color). Casi siempre van en zapatillas de deporte por la vida. Si tienen que ponerse un traje que la chaqueta sea estructurada y de buena calidad. La corbata pone años y quita levedad.

Gwyneth Paltrow (43) es un ejemplar de libro de midoréxica. Sharon Stone (58) o Madona (57) también lo son. Sus vidas no se han movido un ápice de la hiperactividad de los veinte y ellas no parecen haber notado el paso del tiempo. Sus cuerpos, a decir verdad, tampoco. Si acaso, ya sabes, están mejor que antes. 

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