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Todo lo que tienes que saber sobre el aceite de palma

Si quieres un resumen, es este: sí, es tan malo como lo pintan. Lee siempre las etiquetas de los productos y si contiene aceite de palma, descártalo. Tu salud te lo agradecerá.

C. Ávila | Woman.es

Las tendencias también afectan a la alimentación y tan pronto nace un nuevo “superalimento”, como sale un nuevo villano al que hay que desterrar de nuestra dieta: la leche, el gluten, el azúcar… Ahora le ha tocado al aceite de palma ser el malo de la película. Aunque según los expertos es un papel que le va muy, muy bien. Es decir, que sí, que es tan malo como lo pintan. Consultamos todas nuestras dudas con Andrea Calderón, nutricionista de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación.

¿No se supone que los aceites vegetales son sanos? ¿Por qué el de palma no lo es?

El aceite de palma es un aceite vegetal al igual que lo es el aceite de oliva, de girasol, de maíz… Pero ser vegetal no es sinónimo de ser más saludable, únicamente significa que proviene de una planta, de la pulpa de la fruta de la palma. Está formada por una alta proporción de ácidos grasos saturados (el 50% de su composición) que son aquellos que deberíamos consumir con una mayor moderación, es por ello por lo que difiere con el aceite de oliva, en el cual predominan los ácidos grasos monoinsaturados como el ácido oleico muy beneficioso para la salud, y con el aceite de girasol, rico en ácidos grasos poliinsaturados como sería el omega-6 y el omega 3.

¿Cuáles son sus efectos es nuestra salud?

Un alto consumo de aceite de palma –que no es difícil de conseguir debido a la enorme cantidad de productos ricos en este aceite que nos rodean– acarrea grandes perjuicios para la salud. Existen estudios científicos que avalan que el consumo habitual de grasas saturadas como las que contiene, se asocian con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, aumento del colesterol sanguíneo, especialmente del LDL (comúnmente conocido como “colesterol malo”). Cuanto más alto sea el nivel de este LDL en sangre, mayor es el riesgo de enfermedades coronarias. Incluso existen estudios que posiblemente lo asocien con una modificación de la microbiota intestinal y mayor riesgo de obesidad.

¿Es cierto que está relacionado con un mayor riesgo de cáncer?

Es un tema controvertido que necesita más investigaciones puesto que sobre todo se ha comprobado su acción en animales de laboratorio. Una dieta rica en grasas saturadas y grasas trans, según un artículo de la revista Nature, entre otros artículos científicos, probablemente se asocie a un mayor riesgo de algunos tipos de cánceres y de metástasis en ratas, aumentando su probabilidad de un 50% a un 100%. Por otro lado, un estudio de la EFSA, concluyó que los tratamientos altas temperaturas (de 200ºC) a los que se somete el aceite de palma, se asocian con mayor riesgo de mutaciones que presdisponen al cáncer. Por lo que no es solo el aceite de palma, sino el proceso que sufre hasta estar listo para su consumo. Pese a ello, es necesario que se realicen nuevas investigaciones científicas en alguno de los aspectos mencionados, puesto que todavía sería necesario corroborar sus resultados con nuevos estudios.

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¿En qué productos se esconde?

Puede encontrarse en una gran cantidad de productos del supermercado de diferentes tipos, todos ellos, alimentos procesados. En la bollería, galletas, cereales... de carácter industrial es habitual encontrar que contienen en mayor o menos proporción aceite de palma. Esto es debido a que gracias a sus características y textura semisólida a temperatura ambiente, cremosa y untuosa, que consigue una mayor estabilidad del producto, aumenta su vida útil y puede mejorar su textura y palatabilidad, haciéndolo más atractivo para el consumidor. Además es una de las grasas más baratas que existe, lo cual abarataría los costes de los productos finales. Además, otro tipo de productos procesados como snacks, comida rápida, congelados, pizzas… suelen llevarla añadida para mejorar su sabor y conservación.

¿Cómo podemos detectar su presencia?

Es fundamental fijarse bien en el etiquetado para saber distinguir qué tipo de aceite vegetal han empleado en la elaboración del producto y así podemos elegir las opciones más saludables. Para ello deberíamos fijarnos en la lista de ingredientes. En el caso de que no especifique qué tipo de aceite o grasa vegetal contiene, podemos deducir que no será de oliva o de girasol, puesto que en ese caso lo aclararían. Las opciones más saludables serán por tanto: aceite de oliva virgen y aceite de girasol, preferiblemente alto oleico. Si echamos un vistazo rápido en el mercado podremos comprobar como la mayoría de los productos, entre ellos los destinados a niños, contienen aceite de palma, palmiste o coco.