Ona Carbonell, ejemplo de conciliación en el mundo del deporte | Anya Bartels-Suermondt

Ona Carbonell: “Quiero ser una deportista ejemplar, en medallas y valores”

La campeona catalana de natación sincronizada regresa de sus terceros JJ.OO. tras ser madre hace justo un año. Hablamos con ella sobre su trayectoria y metas. También sobre conciliación y deporte practicado por mujeres.  

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Ona Carbonell (Barcelona, 1990) confiesa que se siente mejor en ingravidez que bajo la influencia de la gravedad. Por ello, aunque sus inicios como deportista fueron en la gimnasia rítmica, pronto cambió el suelo firme por el agua y con 14 años ya formaba parte del Equipo Nacional Español de Natación Sincroniza. En 2019 se convertía en la nadadora con más medallas en la historia de los mundiales de natación.

Entre una fecha y otra han pasado casi dos décadas de “sincro”, pero “aún queda mucho de la Ona que empezaba en el deporte, sigo teniendo la misma ilusión, las mismas ganas de aprender y de mejorar”, admite. Pero, a la vez, estamos ante una mujer madura y con experiencia. “Ha cambiado mucho mi perspectiva y mis prioridades”, explica la nadadora.

Porque no cabe duda de que la medallista olímpica es una de las mejores deportistas de nuestro país, pero si en el agua lo ha ganado casi todo, fuera de ella tampoco se queda atrás. Le apasiona la moda, ha estudiado diseño y presentado su propia colección de bañadores, cocina -ganó Masterchef Celebrity-, escribe, dirige dos campus de natación sincronizada para niñas, es conferenciante, imagen de distintas marcas… Y en 2020 emprendía su mayor aventura: ser mamá de Kai (“mar”, en japonés).

Visibilizar la maternidad en el deporte

“Siempre había priorizado el deporte y llegó un momento en el que sentí que tenía que priorizar mi familia”, explica Ona. “La maternidad es la mejor experiencia de mi vida, sin ninguna duda”, afirma tajante y, aunque “compaginar familia y deporte de élite es muy difícil, se puede y me gusta contar mi historia para que otras compañeras den el paso adelante y no abandonen la idea de la maternidad por miedo a no volver al máximo nivel”.

Mes y medio después de dar a luz Ona ya estaba en la piscina. Entre sacaleches, horas de sueño perdidas y duro entrenamiento físico, mental y emocional,  lograba recuperarse, integrarse de nuevo en el equipo nacional de natación artística y clasificar para los Juegos Olímpicos de Tokio, a donde tuvo que viajar sin su bebé lactante por las restricciones impuestas por la organización.

De vuelta a España y con la satisfacción de haber conseguido un diploma olímpico por su séptimo puesto en la modalidad de equipos, la nadadora insiste en la necesidad de trabajar y avanzar en todo lo relativo a la conciliación familiar en el mundo del deporte. Se siente agradecida por el apoyo y la confianza que ha recibido de su familia y de sus compañeras, de la seleccionadora, Mayu Fujiki y de su preparador físico, Juanjo Andújar. También tiene palabras de gratitud para la Federación, el COE y los patrocinadores porque “las mujeres podemos con todo, pero en el deporte faltan visibilidad y ayudas para poder conciliar”. En este sentido, Ona resalta el trabajo y respaldo de compañías como Iberdrola que “apoyan únicamente al deporte practicado por mujeres, nos dan visibilidad y nos ayudan a cumplir nuestros sueños como deportistas”.

Ona Carbonell, una carrera de medallas y valores | Anya Bartels-Suermondt

Medallas y valores

Estamos en el camino hacia la igualdad y con su ayuda hemos logrado que “ahora muchos niños y muchas niñas tengan como referentes a mujeres deportistas, algo que antes era muy difícil”, destaca. Y, ¿qué se siente siendo uno de estos modelos a seguir? “No me lo tomo como presión sino como una oportunidad para ser una deportista ejemplar, no solo en cuanto a medallas, sino en cuanto a valores”.

Humildad, naturalidad, educación, entusiasmo, valentía, fuerza, sacrificio, respeto por el rival, constancia, curiosidad, ganas de aprender… El legado en valores que Ona dejará cuando cuelgue el bañador es casi tan extenso como su palmarés. Ese momento, el de la retirada, “está cerca”, reconoce, pero no se aventura a fijar una fecha en el calendario. “No me esperaba ir a unos Juegos Olímpicos con un bebé tan pequeño y mira -ríe-, nunca se sabe”. “En estos años he ido haciendo muchas cosas distintas que me han abierto mundos muy bonitos y nos los descarto para nada en mi futuro”, reflexiona. A Ona le gustan los retos, así que solo el tiempo dirá a qué nueva piscina decide lanzarse.