El director y la protagonista de 'La Casa de las Flores'. | Alberto Saguar

Vuelve 'La Casa de las Flores'

Ya puedes disfrutar la 2ª temporada de la serie de Netflix. Charlamos con Manolo Caro y Cecilia Suárez, el director y la protagonista de la genial telenovela mexicana que ha traspasado fronteras.

Ester Aguado

El secreto para que el público de medio mundo se haya rendido a 'La casa de las flores' es que sus enredos familiares se cuentan en clave de telenovela, tan popular en los años 80, pero reinventada. Aquí no hay malos malísimos, ni mujeres abnegadas que buscan casarse con millonarios, sino personajes que tratan abiertamente asuntos como las drogas, la transexualidad, la doble moral o el feminismo. Un reto que, en tono melodramático, encuentra visibilidad. Y eso sorprende... y engancha.

¿Os esperabais este éxito tan repentino?

Manolo: No. Eso fue lo mágico del proyecto, que no teníamos ningún tipo de expectativa, más allá de pasarlo bien rodando y contar nuestra historia. Nunca piensas si te puede abrir las puertas de países como España o Alemania. Es un producto nicho dentro de un país como México. ¡Es muy loco que los alemanes lo amen!

Cecilia: ¿Cuál ha sido el gancho para que el público la quiera tanto? El melodrama es algo con lo que la gente se relaciona fácilmente, es parte de la educación sentimental de los latinos. También es un producto transgresor sin pretenderlo. Y con mucho sentido del humor. ¡Queremos reírnos!

De los temas actuales que tocáis, os quedáis con...

Manolo: Con que los personajes femeninos de la serie toman decisiones y nunca a partir de su relación con un hombre. Son muy ricos.

Cecilia: Hemos desencasillado a las mujeres; las vemos deseosas, libres en su sexualidad sin ser castigadas. Me parece súper poderoso y más en México, que tiene uno de los índices más altos del mundo en cuanto a violencia de género. Soy activista y necesito que mi trabajo hable de eso.

¿Qué es lo mejor de la segunda temporada?

Manolo: Que ya camina sola y puedes llegar a otros lugares más irreverentes, más críticos, más divertidos. Y tenemos ganas de reír. Y conseguirlo es muy padre para mí.

¿Tú en tu cabeza ya tenías toda la serie escrita?

Manolo: Sí, por eso esperaba que nos dejaran grabar la segunda y la tercera temporada, que hicimos del tirón. Aunque vas haciendo ajustes, según ves que el público demanda un personaje... como el caso del Cacas, toda una sorpresa. En el teatro, el público es la última pieza del rompecabezas; en el cine no sucede así. Y la tele es un punto medio: hay una retroalimentación que, con las RRSS, es inmediata. Pero con todo grabado, ya no habrá posibilidad de reacción. La historia se cierra.

¿Qué es lo mejor que veis en el otro?

Manolo: Profesionalmente, Cecilia es una gran actriz que lo hace todo fácil. Con ella he aprendido a ir al grano. Y como persona es muy directa. Y eso me encanta.

Cecilia: El nivel de creatividad de Manolo es potentísimo y es todo colaboración. Disfruta de trabajar con gente y de escucharla y eso es difícil de encontrar en un director. Es enriquecedor. Como persona, entiende la lealtad de forma muy clara.

¿Os arrepentís de…?

Manolo: ¡De tantas cosas! Y eso que tengo un tatuaje que pone: ‘No me arrepiento de nada’ (risas). Pero con “La casa de las flores” he ido aprendiendo. En la vida, me arrepiento de esa necesidad de correr que tuve siempre. No hay que saltarse etapas.

Cecilia: Difícilmente aprendes si no es a partir de las cosas que duelen. Lo andado es lo andado. Dedicar tantos años a este proyecto no me importa porque creo en él y en su capacidad de hacer reír a la gente. Eso sí, debes organizarte bien como madre para llegar a todo.

¿Y ahora? ¿Os asusta el futuro?

Cecilia: Ya llevamos un ratito en esto, entrando y saliendo... Así es la vida.

Manolo: A mí me emociona lo que está por venir. Después de este éxito, al menos lo próximo se pararán a verlo. Quiero probar otros géneros, como el drama o el musical.

 

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