Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en la nueva película de Tarantino. | D.R.

Los asesinatos reales en los que se basa "Once Upon a Time… in Hollywood"

La película de Quentin Tarantino protagonizada por Leonardo DiCaprio y Brad Pitt se  inspira en unos crímenes reales de una secta cuya víctima más famosa fue Sharon Tate, pero no la única.   

Silvia López | Woman.es

El 15 de agosto se estrena en España la novena película de Quentin Tarantino (siempre ha asegurado que solo dirigirá diez cintas antes de retirarse) y la fecha no es casual: el 8 de agosto de 1969, exactamente 50 años atrás, la “familia”, la secta liderada por Charles Manson sembraba el terror en Los Ángeles con ocho asesinatos. La víctima más célebre fue Sharon Tate, interpretada en la cinta de Tarantino por Margot Robbie. El segundo trailer de “Once Upon a Time… in Hollywood” acaba de viralizarse en Internet y promete una buena dosis de la fórmula magistral de Tarantino: sentido del humor, violencia, guiños al cine vintage y bizarro, viejas glorias recuperadas (en este caso Al Pacino y, en uno de sus últimos papeles, Luke Perry), sus actores fetiche (al parecer no estará Samuel L. Jackson, pero sí Kurt Russell, Michael Madsen, Bruce Dern y Zoë Bell) y un ritmo espídico.  

     

Leonardo DiCaprio interpreta a un actor de éxito en Hollywood y Brad Pitt, a su doble para las escenas de acción, además de su confidente y el personaje que llegue por casualidad, a través de Margaret Qualley, al rancho donde viven Charles Manson y sus seguidores. La polémica que siempre rodea a las producciones de Tarantino esta vez empezó incluso antes de que se iniciara el rodaje, cuando la hermana de Sharon Tate se quejó de que Jennifer Lawrence (anunciada como posible protagonista, algo que finalmente no se concretó) era demasiado fea como para interpretar a la fallecida. Ahora, es la familia de Bruce Lee la que se queja de que se use al legendario actor como personaje sin pedir permiso (y por tanto, sin pagar royalties) en varias escenas de la cinta. Pero el aspecto más controvertido, de “Once Upon a Time… in Hollywood” es que, a diferencia de otras masacres como las de “Kill Bill”, está basada en unos asesinatos tan reales como siniestros cuyo principal culpable no fue autor material de ninguna de las nueve muertes (diez si contamos al hijo nonato de Sharon Tate, embarazada de ocho meses; y once si contáramos a Bernard Crowe, disparado y dado por muerto, pero que finalmente sobrevivió).  

Margot Roobie es Sharon Tate en 'Once upon a time in Hollywood'. | D.R.

Los avisos de Sharon Tate

La historia es tan impresionante que solo este año se van a estrenar tres películas distintas sobre los sucesos, cada una de ellas con una actriz diferente interpretando a Tate (Margot Robbie en ésta, Kate Bosworth ‘Tate’ y Hilary Duff en ‘The Haunting Of Sharon Tate’, sobre las premoniciones que al parecer tuvo sobre su propia muerte). En 1969, la actriz llevaba un año casada con Roman Polanski, quien la había dirigido en “El baile de los vampiros” y con quien se dice que mantenía una relación abierta, fuera ella consciente del todo o no. La noche de los hechos, Polanski se encontraba en Londres supuestamente filmando, pero en realidad estaba teniendo un romance con una de las integrantes de 'The Mamas & the Papas'. Y muchos aseguran que el director le animaba a mantener relaciones sexuales con su ex novio Jay Sebring y su amigo Steve McQueen, de hecho se rumorea que propio Polanski participaba en tríos que involucraban a su esposa y a alguno de sus ex amantes.

Roman Polanski y Sharon Tate en su boda. | D.R.

Fueran ciertos o no estos rumores, lo que está claro (así lo declararon él mismo y Neile Adams, su esposa en ese momento), el mítico McQueen estaba invitado y tendría que haber estado en la casa de los Polanski la noche del 8 de agosto. Esa fue la excusa que le dijo a Adams, cuando en realidad pasó la noche con otra mujer (eran malos tiempos para la fidelidad conyugal, parece). Las hermanas pequeñas de Sharon Tate también le pidieron pasar la noche en su casa, pero la actriz se negó. Estaba a dos semanas de dar a luz. Después de cenar en el restaurante El Coyote, regresó a casa con Jay Sebring (su ex novio y peluquero de muchos famosos), Abigail Folger (amiga de la actriz, una famosa heredera) y Voytek Frykowski (novio de la segunda y un valorado camello de Hollywood, de hecho muchos aún sostienen que los asesinos lo buscaban a él en venganza por una mala transacción). Esta pareja se estaba alojando en la mansión de Cielo Drive mientras Polanski seguía en Europa; mansión en la que Frykowski tenía la costumbre de celebrar fiestas a las que cualquiera podía entrar, conocido o no; costumbre que irritaba enormemente a Sharon Tate; irritación que Polanski desoyó respondiendo a su mujer que Voytek era un osito de peluche.

La noche del fin

Frykowski se quedó dormido en el sofá y le despertaron unos ruidos. Al ver a Tex Watson, el líder de la expedición enviada por Charles Manson, le preguntó la hora. Este le respondió con una patada a la cabeza.  
Folger se había retirado a su dormitorio a leer. Por la ventana vio a Patricia Krenwinkel, otra acólita de Manson, pensando que era una amiga la saludó con la mano y sonrió. Después Krenwinkel la arrastraría al salón.

Sharon Tate y Jay Sebring se habían quedado hablando en el dormitorio principal. Allí, sentados sobre la cama, los encontró Susan Atkins, la tercera asesina enviada por Manson, quien les obligó a punta de cuchillo a reunirse con los demás en el salón.

Curt Gunther Collection

En el salón, los tres (Tex Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel) apuñalaron salvajemente y en numerosas ocasiones a los cuatro amigos, incluso a pesar de las súplicas de Sharon Tate por la vida de su bebé. Después, con una toalla empapada en la sangre de la actriz, Susan Atkins escribió en la puerta la casa ‘PIG’ (cerdo).

Antes de entrar en la vivienda habían matado de cuatro disparos en el jardín a un amigo de los guardases que se encontraba allí por casualidad, Steven Parent, de 18 años, lo que dejaba un saldo de cinco víctimas mortales en la mansión del 10050 de Cielo Drive. Con los tres asesinos iba Linda Kasabian, la única persona de la secta de Charles Manson con licencia para conducir en ese momento. Al ver la brutalidad de sus compañeros se arrepintió, les suplicó infructuosamente que se detuvieran y estuvo a punto de escaparse con el coche (pero regresó, pues era madre de una niña que seguía en el rancho Spahn, gobernado por Manson, y temió por su vida). El testimonio de Kasabian fue determinante en el juicio posterior.

Las otras víctimas

En el mes de julio del mismo verano, Charles Manson disparó (y dio por muerto) a un traficante de drogas afroamericano llamado Bernard Crowe. Y junto a varios miembros de su banda había retenido y torturado al músico Gary Hinman, al que finalmente asesinaron.

Cordonpress

La noche después de los cinco asesinatos en casa de Sharon Tate, otros integrantes de la banda (acompañados por Manson) entraron en una casa elegida al azar donde vivían Leno y Rosemary LaBianca, un matrimonio de color, a los que también acuchillaron y con cuya sangre también escribieron mensajes en paredes y puertas. En total, ocho víctimas mortales.

El móvil de los crímenes es aún más difícil de explicar. Charles Manson, el líder de la secta, tenía una personalidad magnética y autoritaria hasta el delirio. Incluso en la cárcel seguía teniendo legiones de seguidores. Su biografía real ha inspirado casi todas las que hemos visto sobre psicópatas y asesinos en serie: nace en la América profunda (Ohio) de una madre adolescente alcohólica (llegó a venderlo por unas cervezas a una camarera); padre desconocido; tutora (en su caso su tía) obsesa religiosa que no ve en él más que signos pecaminosos y trata de llevarlo a un orfanato donde también es rechazado; adolescencia llena de arrestos y huída de la justicia… 
Y llega a California con ciertos conocimientos y curiosidad por la filosofía, el ocultismo y el esoterismo. Son los años 60, hay barra libre de LSD y consigue ser adorado como un gurú de un numeroso grupo de hippies, sobre todo mujeres, que lo dejan todo por seguirle a Rancho Spahn (el propietario, anciano y ciego, “solo” pedía a cambio sexo con las seguidoras de Manson). Antes se habían instalado en la casa del batería de los Beach Boys, Dennis Wilson, pero no es ese el grupo que obsesionaría a Manson.

El lisérgico disco “The White Album” (1968), de The Beatles, le pareció que estaba lleno de mensajes encriptados dirigidos directamente a él. En concreto las canciones "Piggies" (palabra que apuntaron con la sangre de Sharon Tate) y "Helter Skelter" contenían instrucciones claras, siempre según Manson, de cómo debía proceder en la inminente guerra entre negros y blancos: encargando asesinatos masivos a un ejército formado sobre todo por mujeres mientras convertía su rancho en un fuerte.  

Las detenciones y el juicio

El hecho de que uno de los miembros de “la familia”, Bobby Beausoleil, condujera el coche de una de las víctimas, Gary Hinman. Y la fanfarronería de Susan Atkins quien, detenida solo como sospechosa, presumió ante otras presas de haber matado a Sharon Tate llevaron a la detención de la banda al completo. Durante el juicio se descubrió que había la décima víctima: el actor Donald Shea, que vivía con “la familia” en el rancho, pero parecía estar a punto de traicionar a Manson.

El gurú, por cierto, en el juicio adoptó varias personalidades y tonos de voz diferentes, un alarde de personalidad que aumentó su fascinación entre sus seguidores. De hecho los cuatro asesinos que irrumpieron en casa de Sharon Tate no mostraron arrepentimiento alguno en el juicio y de hecho cantaban canciones escritas por Manson. La única excepción fue Linda Kasabian, quien obtuvo inmunidad a cambio de su testimonio (algo que solicitó su abogado; ella estaba dispuesta a delatar a sus ex compañeros incluso sin recibir nada a cambio).

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Gracias a la brillante gestión del fiscal de la causa, Vincent Bugliosi, Charles Manson fue condenado a la pena de muerte por conspiración y autor intelectual, a pesar de no haber perpetrado ninguno de los asesinatos. Se le conmutó en cadena perpetua, régimen en el que falleció en 2017. La misma pena cumplieron o cumplen Tex Watson, Susan Atkins (fallecida) y Patricia Krenwinkel, además de los participantes en los otros asesinatos Leslie Van Houten, Bruce Davis y Bobby Beausoleil. A penas menores fueron condenadas Lynette Fromme y Sandra Good. Mención aparte merece el último miembro de la “familia” Steve Dennis Grogan, condenado por el jurado en la sentencia de 1971 a la pena de muerte por su complicidad en el asesinato de Donald Shea, el actor asesinado cuyo cadáver no había sido localizado. Pocos meses después de esa sentencia, el juez James Kolts declaró que "Grogan era demasiado estúpido y dependía demasiado de las drogas para decidir por sí mismo" y redujo su condena. En 1985 salió de prisión por colaborar con las autoridades a localizar el cadáver de Shea y por haber liderado un prisión un programa de reinserción de jóvenes, puesto que después del juicio siempre mostró un profundo arrepentimiento. 

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