Sonsoles presenta ahora tres programas en Telecinco: 'Ya es mediodía', 'A propósito de Supervivientes' y 'La casa fuerte'. | Carlos Ruiz B

Sonsoles Ónega: "El plató de 'Supervivientes' se parece muchísimo al Congreso"

La presentadora de moda en Telecinco nos trae una nueva novela de amor, 'Mil besos prohibidos' (Planeta). Una obra que te inquieta, te impacienta, te sobresalta y te llena de esperanza. ¿Como la política?

Ester Aguado|Woman.es

La pillamos por teléfono, en casa, en plena discusión con su hijo pequeño, Gonzalo: mamá, que me dejes el teléfono, que juegues a las chapas, que si has acabado los deberes, que cierres la puerta... nada que cualquier madre con hijos en edad escolar no entienda ni comparta... "¡Estoy deseando que se acabe el colegio! Nunca creí que pudiera decir esa frase yo, que siempre me preguntaba por qué no podría durar hasta agosto... Al final, es todo una cesión constante, ¡es que si no, no te dejan!". Ella, como madre, mujer 'multitask', presentadora de tres programas en Telecinco, colaboradora de 'Herrera en la Onda' y escritora debe de hacer encaje de bolillos con su vida. Le preguntamos.

Perdona, pero ¿de dónde sacas tiempo para escribir?

No lo sé bien, porque cada vez que termino una novela me digo 'ésta es la última, ya no puedo más, no me da la vida' y luego vuelves a caer... No escribes sólo por publicar, si no por una necesidad y al final acabas encontrando espacios. Para mí, la literatura es un desahogo, así que no me cuesta mucho esfuerzo, si no todo lo contrario: busco tiempo para poder hacerlo a base de mucha organización y no te lo voy a ocultar, de sacrificio. Al final, todo al 100% no lo puedes hacer, así que yo parcelo mi vida e intento que cada parcelita sea muy productiva, incluidos los hijos. 

Eso está bien, porque así tienes excusa para desconectar un rato...

Pero eso es lo que pero llevan ellos. Si hay alguien en el planeta Tierra a los que no les hace ninguna ilusión que escriba son mis hijos. Es verdad que es un tiempo que les quitas de estar con ellos en casa. Porque que salgas a trabajar lo entienden, pero que dentro de casa les metas un grito porque tú estás escribiendo... no lo comprenden. Y no son conscientes de que necesitas concentración, silencio... probablemente escribir en casa sea la parcela más dura de todo lo que hago. Y es una actividad absolutamente individual, que no puedes compartir, que te molesta que te molesten... Así que, si fuera por ellos, este libro no habría visto la luz.

La periodista Sonsoles Ónega asegura que disfrutó mucho sus años de reportera. | Carlos Ruiz B@editorialplaneta

Habrás sobrevivido a la pandemia, pero de julio no sales viva... Presentas 'Ya es mediodía', 'A propósito de Supervivientes', 'La casa fuerte'... ¿Tú es que no sabes decir que no?

Pues no, es uno de mis grandísimos defectos, que no sé decir que no a nada ni a nadie. Y luego pasa que se te acumulan los síes y no sabes cómo gestionarlos. Pero en este caso está controlado: la fase de 'Ya es mediodía' está bastante asentada, ahora hay que concentrarse en acercar el libro a los lectores -no tenía que haber coincidido todo, esta novela iba a ser salido en abril- y, en cuanto empiece el programa 'La casa fuerte' con Jorge Javier, que aún no tenemos fecha fija, pues será una nueva fase. ¿Ves? Una vez más, parcelar, hay que parcelar (risas).

De todas tus facetas (escritora, presentadora, analista de radio, madre), ¿cuál es la que más te llena?

¡Ahí va! Pues tanto mi trabajo periodístico como el literario me llenan por igual; es verdad que la tele ocupa mucho más espacio, pero no concibo el uno sin el otro. El periodismo para mí es gasolina para escribir, sobre todo cuando estaba en la calle, de reportera. Me encantaba escuchar a la gente... Y ahora, desde un plató de televisión, lo que he aprendido es que lo más inverosímil puede ocurrir (risas). La realidad supera la ficción muchas veces y cuando estás construyendo una trama literaria y te dices 'esto no me lo creo', de repente llega la realidad periodística y te demuestra que sí, que incluso te has quedado corta.

¿Pasaste de la información parlamentaria al magazine porque te decepcionó la clase política?

No, en absoluto, yo era feliz entre diputados. Y eso que ahora el nivel político está dejando mucho que desear. Yo me marché al plató por culpa de una llamada: cuando salí de aquel despacho, no sabía si me habían echado o me acababan de dar una oportunidad (risas). El cambio no se debió a una aspiración personal, porque no la tenía. Yo jamás pensé que podía hacer un magazine, de la misma manera que nunca hubiera pensado que podía conducir un reality. Pero las oportunidades llegan y me gusta aprovecharlas con todo el respeto, el vértigo y el sentido de la responsabilidad de estar a la altura. Las audiencia de los realities son súper exigentes y espero no defraudar.

Los debates parlamentarios están teniendo el mismo tono que el de 'Supervivientes'...

Pues sí, el plató número 6 de Mediaset se parece muchísimo al hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Pero las broncas políticas no conducen a ningún lado y, en cambio, una bronca en un plató puede tener un plus de entretenimiento en el salón de una casa. Los perjuicios para la sociedad del nivel de la clase política son bastante más preocupantes que los que pueda tener un programa de entretenimiento como 'Supervivientes' o como será 'La casa fuerte'. Tantas horas que pasan las otras teles informando de la escenibilidad política como horas puede dedicar Telencinco al entretenimiento... y eso habrá que analizarlo algún día.

Todo el mundo habla de ti como 'la sucesora', ¿qué se te pasa por la cabeza la oírlo? 

¿La sucesora de quién?

De Ana Rosa, por supuesto.

No, no, no, no. Bueno es que ni lo pienso y niego la mayor, fundamentalmente porque yo deseo que Ana Rosa siga ocupando la columna vertebral de la programación de Telecinco por las mañanas. Para mí es un referente cada día, nosotros vivimos de Ana Rosa en 'Ya es mediodía' y mientras siga siendo líder de audiencias, como es y maestra de tantos, yo espero que esté muchísimos años en ese plató. Mientras siga haciéndome a mí ese huequito... ¡larga vida! Ni se me pasa por la cabeza y es más, ahuyento la posibilidad (risas).

 

La nueva novela de Sonsoles Ónega. La anterior, 'Después del amor', recibió el Premio Lara 2017. | @editorialplaneta

Vamos con tu novela, 'Mil besos prohibidos'... ¿has vivido alguna vez una historia de amor tan fuerte?

No. Básicamente porque si hay una historia de amor interrumpida a lo largo de mi vida no he tenido la oportunidad de desenlazarla. Este tipo de historias me atraen muchísimo, porque creo que todos tenemos pendiente una conversación con alguien y un capítulo que se quedó a medio escribir a lo largo de la vida. La literatura, si te da algo, es precisamente la libertad para hacerlo. Y eso es lo que subyace bajo 'Mil besos prohibidos', terminar una historia interrumpida, desenlazar un amor complicado y difícil entre dos personajes que creen que no sucederá el milagro del encuentro. Constanza, castigada por la vida, recupera la ilusión y para Mauro es una sacudida en sus cimientos vitales... un sacerdote que cree que nada podrá romper su compromiso con la Iglesia y, al final, el amor le hace tambalearse.

¿Tú hubieras aguantado 20 años esperando a otra persona?

(Duda...) A los hechos me remito: no (risas). Pero porque yo habría aprendido a vivir sin. En la vida, al final nos vamos domesticando y vamos aprendiendo a vivir con todo eso que hemos perdido. Esta novela tiene mucho de vocación de los caprichos de la memoria: siempre queremos volver a esas personas, a esos lugares, a esas conversaciones en las que creemos que fuimos más felices, que hemos idealizado del pasado. 

¿Cuándo fuiste consciente de que la realidad era sólo tú realidad, tu forma de ver las cosas?

Te vas dando cuenta a lo largo de la vida y, sobre todo, el paso del tiempo hace que lo que fue escaso, te parezca abundante. La historia de mis protagonistas fue escasa, un amor adolescente en el que no hubo más compromiso que el de creerse sus propias promesas y eso lo convierte en algo abundante con el paso de los años. Eso nos pasa a todos: creemos que había más de todo en el pasado y no es necesariamente así, pero tendemos a idealizarlo.

Me he quedado con ganas de más tras la novela...

No tendrá continuación, pero es verdad que el desenlace es rápido y podía haber terminado de otra forma, pero decidí que terminara bien porque esta novela es una reivindicación del amor... a pesar de todo. Yo soy muy castigadora con mis personajes y tengo una vena dramática muy exagerada, rozando a veces lo inverosímil... pero que acabara bien a mí también me reconcilia. Yo necesito creer en el amor, no tenemos un arma más poderosa... salvo la bomba atómica. Es mejor creer en el amor que pensar que las relaciones terminan siempre en fracaso. Y tiene algo de redención para mí esta historia: fue escrita en un momento complicado -se separó de su marido-, en el que necesitaba creer que el amor existe y se puede reinventar.

Cuando se tiene el éxito que cosechaste con el anterior libro, 'Después del amor' (Premio Lara, 2017), ¿la presión es horrible?

Pues sí, te mueres de miedo. Habrá escritores que no sientan el peso de una novela anterior que ha funcionado, pero yo te voy a ser muy sincera: lo siento mucho. Sobre todo, porque me da mucho miedo defraudar en todas las facetas de mi vida: a mis editores, a mis jefes en la tele, a mis equipos, a mis hijos... el miedo a defraudar en quien confía en ti es algo que tengo muy presente diariamente. Espero que los lectores no cierren 'Mil besos prohibidos' y piensen: "bah! estaba mejor el anterior"... Esto es algo que me persigue de manera obsesiva. Tengo gusaneo en el estómago.

Ya nadie se acuerda de que Sonsoles Ónega es 'la hija de', ¿eso es un triunfo? ¿Te pesó alguna vez?

Yo lo sigo teniendo muy presente, porque con mi padre hablo 150 veces al día (risas). No me puedo abstraer de lo que soy: soy hija de Fernando Ónega con todo el orgullo que supone, más que nada por lo que podemos compartir. Nosotros somos jornaleros de este oficio, ambos y mi hermana no sabemos hacer otra cosa. Si hubiéramos tenido habilidad para salvar corazones... pero no. No es un triunfo porque yo nunca he peleado por 'dejar de ser' y si alguien me ha querido etiquetar así como un demérito, pues se ha equivocado. 

Para cerrar, una frivolidad: tu peinado es uno de los más imitados en la tele. ¿Lo de ser una referente -y no solo en pelo, claro- cómo lo llevas?

¿Lo dices por la madre de Avilés? (risas). Con Cristina Pardo, que es amiga, lo hemos comentado y creo que es una divertida casualidad y punto. Mi peluquero, Mariano, reivindica mucho el corte y se lo atribuye como artífice de esta estética. Me parece muy bien porque lo corta como nadie. Sí es verdad que se ha convertido en parte de mi identidad física... pero hasta ahí. Me da mucho trabajo, también te lo digo.