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" Y la gente se quedó en casa. Y leyó libros, y escuchó, y descansó..." El poema viral que nos representa

Una maestra estadounidense jubilada ha creado una poesía que se ha hecho viral porque muestra cómo nos sentimos y sueña con un mundo curado de gentes unidas. Puro bálsamo para nuestras preocupadas mentes.

Paka Díaz | Woman.es

“Y la gente se quedó en casa. Y leyó libros, y escuchó, y descansó, e hizo ejercicio, y arte, y jugó y aprendió nuevas formas de ser, y se estuvo quieta. Y escuchó más profundamente. Algunos meditaban, algunos rezaban, algunos bailaban. Algunos se encontraron con sus sombras. Y comenzaron a pensar de manera diferente. Y sanaron. Y, en ausencia de personas que vivían en la ignorancia, peligrosas, miserables, oportunistas, politiqueros sin sentido y sin corazón, la tierra comenzó a sanar.

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Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lloraron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron con nuevas imágenes y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra por completo, ya que habían sido curadas”.

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Comenzó a circular por las redes hace unos días. Pronto, todo el mundo hablaba de este poema. Nos enamoró su sencillez, su cercanía y lo bien que dibuja la promesa de un mundo nuevo, un soplo de necesaria esperanza ante una crisis tan incierta como la que estamos viviendo. Pronto, todo el mundo hablaba de la poesía que firmaba una mujer llamada Kitty O’Meara. La respuesta al misterio se encontraba en el blog de O’Meara. Allí se presenta como una profesora jubilada que suele colaborar dando asistencia espiritual en hospitales y hospicios y que vive con su marido Nick, tres gatos y cinco perros, todos ellos animales abandonados que la pareja adoptó. “Queríamos mucho hijos y no pudimos tenerlos; en cambio, dimos esa energía y derivamos la alegría de enseñar a los jóvenes. Y hemos rescatado a muchos perros y gatos. Ahora tenemos 5 de los primeros y 3 de los últimos. Creemos que cada uno de ellos nos ha rescatado”, explica Kitty O’Meara en su blog, donde, dada la inusitada atención que está recibiendo, ha aprovechado para contar quién es ella y porqué hizo este bello poema.

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En su blog, Kitty O’Meara explica que está “decepcionada de que las personas estén buscando mi información personal ‘online’ y encuentren historias que se publican sin fuentes citadas, sino que parecen haber sido escritas por personas que buscaron en Google nombres, copiaron y pegaron, y fabricaron historias para capitalizar un hecho, que mi pequeño poema se volvió viral”. Esa viralidad supone que “literalmente significa que no fue a través de una estrategia cuidadosa o bajo mi control”, remarca la autora que explica que, aparte de su primera amiga que le pidió compartirlo en Facebook, nadie le volvió a pedir permiso, aunque se muestra agradecida por “esas dulces almas” que han compartido su poesía hasta volverla universal en esta aldea global nuestra. Para que no haya equívocos, la escritora puntualiza que su nombre completo es Catherine Mary O’Meara y da detalles de su vida personal hasta llegar al pasado viernes 13 de marzo, cuando explica que, tras tres semanas de cuarentena, estaba sentada con su querido (‘my Dear’, el apodo con el que llama a su marido) a la hora de comer, malhumorada y ansiosa ante las noticias sobre la pandemia y la preocupación por sus seres queridos. O’Meara, una mujer que ha reflexionado mucho sobre la curación, física y emocional, no en vano ha colaborado durante años con hospitales y hospicios dando apoyo espiritual, está acostumbrada a empatizar, a ponerse en la piel de otras personas y, sobre todo, en dar luz y esperanza cuando la oscuridad se rodea. De todo eso hay en su poema `Y la gente se quedó en casa’, que escribió aquel mismo día. Tras darle a publicar en Facebook, siguió con su vida normal: pasear perros, hacer ejercicio, lavar la ropa, relata. Pero esa noche, al conectarse en Facebook una amiga le pidió compartir su publicación. Ella contestó, ‘claro’ y la magia de la viralidad hizo el resto.

De todo el emotivo poema, hay una parte que conmueve especialmente, el final. “Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lloraron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron con nuevas imágenes y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra por completo, ya que habían sido curadas”. Ahí es cuando Kitty O’Meara consigue hacernos creer en un futuro de esperanza, un futuro mejor, tras el dolor y la pérdida. Una promesa en la que necesitamos creer para poder seguir. Para que este confinamiento no nos robe la energía, ni la ilusión. Para poder soportar noticias muy duras de enfermedad, dolor y muerte. Solos en nuestras casas, salimos a los balcones a recibir el calor de nuestros vecinos. Hoy sabemos que nos necesitamos, unos a otros. También contemplamos cómo la naturaleza se regenera con rapidez, algo que simboliza Venecia, donde los delfines han regresado a sus aguas y estas han recuperado su esplendor. Todo ello son luces que nos deberían de guiar a ese futuro mejor, uno donde las personas y la naturaleza se sitúen como lo más importante para que al fin, como dice O’Meara, nuestro mundo esté, de verdad, curado.

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