Retrato de la artista Paula Bonet, que ahora debuta en la novela con "La anguila". | Noemí Elias

Paula Bonet publica su primera novela: "Ahora somos más las mujeres sin miedo"

La conocida artista Paula Bonet debuta en la novela con “La anguila”, un valiente alegato contra las agresiones que se ejerce en el cuerpo de la mujer.

Isabel Loscertales

«He dejado de pintar las palabras», sonríe Paula Bonet. La artista nacida en Villarreal (Castellón) hace 40 años y afincada en Barcelona, ha evitado hacer uno de sus habituales libros ilustrados para atreverse con una novela de alta calidad literaria. “La anguila” (Anagrama) es muchas cosas. Es una denuncia a los maltratadores, a los manipuladores que abusan de su poder, a los violadores, a la violencia que durante toda la vida se ha ejercido sobre el cuerpo femenino y que asumimos de manera natural. A la vez, es un canto de amor a sus raíces, a las mujeres silenciadas de su familia pero, sobre todo, a sus abuelos Juanita y Alfonso. Y, no podía faltar, un homenaje al arte. Es más, “La anguila” son dos proyectos paralelos: por un lado, una novela, y por otro, una exposición de pintura que tendrá lugar en el Centro Cultural La Nau de la Universidad de Valencia del 30 de marzo al 16 de mayo.

Con una estructura sugerente, en la novela se entretejen experiencias íntimas con cartas de amor de sus abuelos, poemas, lenguaje técnico pictórico y médico, recetas caseras y citas literarias. Paula Bonet es la protagonista que escribe en primera persona y, aunque niega rotundamente que sea autobiográfica, se detecta una base real que estremece. Porque aparecen tres hombres: el “Sinnombre”, un músico maltratador con quien salió cuatro años; el “Hombrecito”, un profesor universitario veinte años mayor que ella con quien tuvo una relación manipuladora y “El Premio Nacional de Poesía”, por quien fue violada.

Ficción y autobiografía confundidas

Lleva ocho años gestando la novela y tenía muy claro cuál iba a ser el contenido. "Por eso he tardado tanto: primero, porque necesitaba saber que lo que iba a escribir era digno y, segundo, porque quería escribirlo desde la calma".

Paula Bonet admite que es una novela de denuncia, pero no quiere adentrarse en la realidad de esas relaciones que relata. "”La anguila” no son unas memorias, es ficción y autobiografía confundidas. Es un texto que intenta alejarse todo el tiempo de la rabia, del enfado, de la tristeza, del haberse sabido víctima.Trata asuntos muy complejos y dolorosos pero está lleno de amor por el cuerpo, por la herencia, por otras personas, por la pintura..", explica.

Portada de "La anguila", de Paula Bonet (Anagrama) | Cortesía Anagrama

"No sé cuánto hay de mí en la novela, pero es que yo no me importo -insiste-. Como autora me he de desdibujar. Veréis lo poco complaciente que soy con el personaje que encarno en la novela. Es un libro para que hombres y mujeres se revisen. Las mujeres nos revisamos todo el tiempo desde el despertar del feminismo y la revisión hace mal. Si este libro sirve para que mujeres y hombres que no se han revisado lo hagan, ya tiene sentido lo que he hecho".

El dolor de no ser escuchada

Paula confiesa extrañeza por cómo está sorprendiendo el contenido del libro, refiriéndose al maltrato y las agresiones. «El contenido de este libro está publicado en “Cuando en la pantalla aparece The End”, publicado en 2014 -aclara-. Creo que esto muestra cómo de hipócritas, cómo de cómplices somos con los agresores». La autora relata, a modo de metáfora, un episodio que vivió cuando era estudiante en Santiago de Chile. A plena luz del día, un hombre empezó a perseguirla y acabó sacándole una navaja. «¡La gente nos esquivaba!», relata. No fue hasta que el agresor se fue y ella cayó al suelo que le vinieron a ayudar. «No podemos permitir que estas cosas sucedan», se lamenta.

Aunque admite que las agresiones que contó en “The End” estaban explicadas de manera velada, a través de metáforas y con un envoltorio precioso, es doloroso para ella darse cuenta que la gente no la escuchó. «No tengo buenos recuerdos de ese libro y, sin embargo, todo el mundo me felicitaba. Para mí eso no era el éxito. Se vendió mucho por el envoltorio pero la gente no lo leyó. Solo dos personas desde que he publicado “La anguila” me han dicho que esto ya lo había contado. Como autora, es feo.»

¿Por qué cree entonces que ahora sí está teniendo eco la historia de sus agresiones? «Pienso que ahora somos más las mujeres sin miedo -contesta-. Ese “Tu silencio no te protegerá”, de la poeta Audre Lorde. Los últimos años han sido muy interesantes por el grueso de autoras que reflejan estos temas tan duros y que nos hacen vernos reflejadas en sus obras. Hace tres 8M sucedió algo que ninguna de nosotras esperábamos. Fue un despertar real y estaba sucediendo en todo el mundo a la vez. Despertamos en masa. Pensábamos y sentíamos que la batalla tenía que empezar y que, por fin, la sororidad era una palabra que cobraba sentido. Yo en el año 2013 o 2014 no tenía las herramientas que tengo ahora para narrarme desde este lugar. Todavía estaba intentando ser complaciente todo el tiempo. Ahora ya no, ahora me da igual lo que penséis de mí, lo que digáis de mí. Y desde ahí se trabaja mucho mejor y con más contundencia.»

Sus dos grandes referentes

“La anguila” es una novela plagada de referentes que se adivinan importantes para la autora, en forma de personaje o de citas. Pero Paula Bonet no duda a la hora de nombrar a los dos fundamentales en su vida: Roser Bru y su abuelo.

Roser Bru es una artista de 98 años nacida en Barcelona que se exilió a Chile durante la dictadura y que no ha tenido aquí el reconocimiento que se merece hasta hace bien poco. «Para mí Roser Bru es un referente desde hace mucho. Tuve la suerte de conocerla en 2002. Me producía miedo, en el taller era una persona dura y tardé tiempo en acercarme y conversar con ella. Pero luego, hemos tejido una relación muy hermosa. La tengo como uno de los mejores espejos en los que poder mirarme. Como mujer, en un contexto mucho más complejo que el nuestro, pudo desarrollar su trabajo. Yo desde pequeña tenía que: estudiar una carrera seria, casarme, tener hijos, bautizarlos, que tomaran la comunión... es muy injusto para las niñas el mundo que nos dicen que tenemos que ocupar. Roser es un gran ejemplo. Yo tengo libertad porque me he enfrentado muchas veces con mi madre y ahora tenemos una relación hermosa a pesar de ser opuestas. El otro referente, mi abuelo, si queréis saber por qué, leed la novela».