D.R.

“El amor y el sexo son mejores cuando son libres y sin reglas"

Tras el éxito de sus dos primera novelas, la escritora Paloma Bravo presenta la tercera, ‘Solos’, un tierno y a ratos descarnado de la vida a partir de los 40.

Garbiñe Continente | Woman.es

Con su primera novela, ‘La novia de papá’, Paloma Bravo consiguió hacer sonreír a media España, tuvo un gran éxito de ventas y la encajonaron como la más puntera representante del genero ‘chick lit’ en España. Con la segunda, ‘La piel de Mica’, esta escritora a la que no le entusiasman las etiquetas, se deshizo de la de ‘libro-romántico-divertido-para-chicas’, y su novela acabó representada nada menos que en el Off Broadway de Nueva York. Con la tercera, ‘Solos’, nos permite entrar en un piso de una gran ciudad a descubrir como se las apañan cuatro cuarentones de ambos sexos con sus miedos, sus sueños y sus vidas reales en un momento en el que parece que todo el mundo hace balance, no siempre positivo. Diálogos rápidos y sagaces, teorías sobre el sexo (y los gatillazos) a partir de los 40 y mucha ternura hacia unos personajes que se equivocan tanto como hacemos todos en la vida real, se suceden vertiginosos en esta novela que casi se podría calificar de generacional y que supone una ventana abierta a ese mundo -en este caso muy concreto, en espacio y tiempo- que para Bravo es la literatura.

Eres periodista así que… ¿Odias las entrevistas?

No las odio, para nada. Una entrevista es una oportunidad de enseñar la patita y decirle al lector “acércate, anda, que creo que este libro es para ti”.

Tu primera novela, La novia de papá, generó grandes ventas y que te clasificaran dentro del genero ‘chick lit'. ¿Qué te parecieron ambas cosas?

La novela se clasificó como ‘chick lit’ y, sin embargo, gustó mucho a los hombres porque la protagonizaba una mujer muy honesta consigo misma. A mí las etiquetas no me gustan, ni la de ‘chick lit’ ni la contraria (¿cuál sería, por cierto? ¿literatura para machotes?). Las etiquetas empobrecen y a las mujeres no suelen ayudarnos. Me gustan los libros, pero no los géneros así, en general, y nunca mejor dicho.

Tu segunda novela, La piel de Mica, acabó representada como obra de teatro en el Off Broadway de Nueva York. ¿Cómo acabó allí y cómo fue la experiencia?

“La piel de Mica” cuenta lo difícil que es ser mujer todavía, hasta en las sociedades más avanzadas. La leyó Ana Asensio, una actriz española que vive en Nueva York, se reconoció, se emocionó y me dijo: “¡Tenemos que hacer algo con esto!”.

Nunca me imaginé que ese “algo” fuera representarla en Nueva York, en inglés y que, encima, la experiencia de Mica fuera universal. El público lloraba, reía… Fue mágico y, también, un poco triste: la directora, la protagonista y yo, tres mujeres con vidas, orígenes y mundos diferentes, habíamos tenido que sufrir obstáculos muy parecidos en un mundo aparentemente igualitario pero con una misoginia latente que no conseguimos erradicar.

Tras ese paso el teatro, comenzaron a escucharse comparaciones con la escritora Yasmina Reza, comparaciones que parecen confirmarse con tu nueva novela, ‘Solos’. ¿Es un referente para ti, cuáles son tus referentes?

A la hora de escribir mi referente es más la vida que la lectura. Me gusta observar, intentar entender el mundo. Por eso escribo. Y, sí, me encanta leer, pero los escritores que me impactan (Richard Yates, Philip Roth, Ian McEwan, Robertson Davies, Yasmina Reza, Emmanuel Carrère…) no son tanto referentes como pequeños paraísos en los que refugiarme y, también, pequeños infiernos en los que aprender. La literatura es una ventana al mundo, y para eso el escritor tiene que vivir con los ojos muy abiertos a su entorno.

Leyendo ‘Solos’ lo cierto es que lo ves, parece una obra de teatro o una película de Polanski como Dioses Salvajes, basada por cierto en una obra de Yasmina Reza. ¿Por qué has elegido presentar así tu novela?

Para mí ‘Solos’ es una novela. Es una novela muy visual, muy dialogada, con un narrador metiche y descarado, pero una novela. Y es así no por el teatro, sino porque yo no creo en la literatura de párrafos larguísimos y adjetivos incomprensibles. Me gusta jugar con esa sencillez aparente porque ayuda a transmitir, por debajo, toda la profundidad.

‘Solos’ habla de la soledad física y mental de cuatro amigos, y con ellos parece que de toda una generación de cuarentones. ¿Te parece que pasados los 40 uno se siente muy solo?

Pasados los cuarenta, antes y después. Siempre hay momentos de soledad, pero sí que parece que hacia los cuarenta o los cincuenta, teníamos previsto estar más hechos, más seguros, menos miedosos. Más encarrilados. Pero la vida no funciona así y eso es lo bonito: que todavía nos estamos haciendo a cualquier edad. Pero yo no creo, para nada, que no tener pareja sea estar solo. Eso es tan falso como lo del amor para toda la vida. El amor dura lo que tenga que durar y luego está ese mundo que uno crea con sus amigos, sus intereses, sus compromisos. Es muy difícil sentirse solo cuando te implicas con el mundo.

En la novela pareces sugerir que, de algún modo y aunque nos conecta al mundo virtual, Internet nos hace estar más solos en el mundo ‘real’. ¿Crees que es así?

No, no lo creo. Internet ayuda muchísimo a la comunicación. Estoy segura de que todos hablamos más con nuestros amigos gracias a whatsapp de lo que lo hacían nuestros padres con los suyos. Eso une. Es verdad que hay ruido, y desinformación, y malentendidos. Y también es cierto que algunos se esconden en los emoticonos y en los mensajes en vez de salir a la calle y buscar la piel de otro, pero eso no es culpa de internet, sino de lo que hacemos nosotros con sus herramientas.

Paloma, confiesa… ¿tu también, como hace alguno de tus personajes, te imaginas la vida si hubieras elegido otras parejas, otra profesión…?

Durante tres segundos, nada más. Como dice la novela, el pasado es lo único que no puedes cambiar, pero el presente y el futuro es tuyo. Así que, si de verdad quieres recuperar una pareja o una profesión… ¡a por ello! Pero sin nostalgia, sino con vocación.

Me encanta cuando en el libro pones sobre la mesa a través de Ana, un delicioso personaje femenino, un tema muy real: los gatillazos masculinos a partir de cierta edad (¿40?). Se habla poco de este tema, ¿no?

Muy poco. Y es un tema que pasa factura si ella se siente no deseada y él se esconde en la vergüenza. Con un poco más de naturalidad, de sentido del humor y de reconocimiento… habría más piel, más sexo y más felicidad. Porque, parece mentira decirlo a estas alturas, pero no todo está en esa parte del cuerpo.

Comentaba la actriz Emma Thompson -cuyo marido es siete más joven que ella- en una entrevista, que lo lógico sería que las mujeres estuvieran con hombres más jóvenes para equilibrar la potencia sexual. ¿Estás de acuerdo con ella?

Tengo un amigo que siempre me lo recomienda, aunque él es diez años mayor que su mujer, pero… yo no creo que haya nada lógico en la química sexual ni en el amor. Y me gusta mucho que no lo haya. El amor y el sexo son mejores cuando son libres y sin reglas.

El libro presenta la búsqueda del amor y cómo se deteriora. ¿Cuáles crees que son los enemigos del amor?

El enemigo obvio es el tiempo. Hay parejas que lo utilizan a favor de su complicidad, pero siempre desgasta y, sobre todo, da oportunidades a cada uno de crecer de forma distinta a tu pareja. Que tampoco es malo. El fin de una pareja no tiene por qué ser un fracaso: si lo que construyeron estando juntos fue verdad, eso que han ganado en vida, en experiencia y en amor.

En cualquier caso, para mí el peor enemigo del amor es la falta de honestidad. No quiero decir que haya que contárselo todo a tu pareja ni mucho menos, pero sí ser íntegro y honesto con lo que eres y con lo que quieres, con lo que puedes dar y con lo que te resulta intolerable. Cualquier otra cosa sólo conduce a frustraciones y reproches.

También habla de las elecciones vitales en el siglo XXI. Tener hijos o no, estar solos o en pareja caiga lo que caiga. La gran oferta y la gran demanda. ¿Crees que andamos un poco perdidos, quizá faltos de referentes vitales?

¿Sabes lo que pasa? Que antes no teníamos opciones. Había que casarse para toda la vida, tener hijos cuanto antes y seguir siempre en el camino que elegiste a los veinte… No nos faltan referentes vitales, lo que nos faltan son certezas y menos mal. Ahora todo es opcional: si quieres hijos, a qué edad, de qué país… La responsabilidad de decidir es nuestra y sólo nuestra, y eso siempre cuesta. Pero yo prefiero tenerla, decidir y hasta equivocarme. Es mucho peor, siempre, que decidan por ti (o que no tengas dinero o recursos para tomar ciertas decisiones).

Otro tema del que pasas como de puntillas por encima es el de la maternidad subrogada. ¿Qué opinión tienes de ella?

Ha dado mucha felicidad a personas que no podían tener ni adoptar hijos de otra manera. Lo importante es que existan las garantías legales para que las mujeres no sean explotadas ni los niños objeto de especulación y negocio.

Me parece muy real y muy descarnado tu modo de contar el acoso que sufren muchas mujeres en el trabajo y que acaban por hacer, en muchos casos, que incluso abandonen su carrera, cuando no terminan con una depresión. ¿Te parece que es un tema latente, que está ahí y con el que las mujeres se enfrentan en soledad y con pocos recursos?

El acoso es más visible, pero lo que está latente, lo que se tolera demasiado, es la misoginia. Se nos juzga más y se nos juzga con mayor dureza. Eso de que un hombre con carácter sea autoritario y firme y una mujer, con el mismo carácter, una mandona insoportable. El que un hombre nunca sea juzgado por su forma de vestir y a una mujer se le diga que se maquilla demasiado y es una frívola o, al revés, que parece descuidada. Lo peor es lo pequeño porque no se ve, o se disculpa, y es como la gota malaya: lo hace despacito, pero acaba matando.

Por último, y sin querer hacer espoiler alguno, ¿por qué crees que en la literatura las mujeres fuertes, libres y divinas al final acaban castigadas de algún modo por los escritores/as?

¿Los escritores? No, en absoluto. Desgraciadamente, lo que sí que he visto muchas veces que a las mujeres fuertes y libres las intenta castigar la vida. Es complicado salirse del rebaño y pasa factura física y emocionalmente.

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