Una de las secuencias de 'No te metas con los gatos: un asesino en internet'. | Netflix

'No te metas con los gatos': quizá el último documental sobre asesinos que verás jamás

Netflix ha explotado nuestro apetito morboso por los detalles de los crímenes reales… Y Netflix nos ha avergonzado por ello en su último documental. Y esto es lo que la psicología dice de nuestra inclinación por los psicópatas.

Silvia López | Woman.es

De 'El caso Alcàsser' a 'El asesinato de Gianni Versace' pasando por 'Once Upon a Time… in Hollywood', las ficciones y documentales sobre crímenes reales se han convertido en uno de los géneros que más nos seducen hoy (las cifras de taquilla y audiencia lo demuestran). Y parte de la culpa la tiene Netflix, que ha descubierto en el 'true crime' un verdadero filón que empezó a explotar hace años, con 'Making a murderer', la serie documental que se estrenó en 2015 y revisaba el caso de Steven Avery.

Una de las últimas producciones de la plataforma, 'No te metas con los gatos: Un asesino en internet', también habla de asesinatos reales, pero con algunos matices que la hacen un tanto especial. De entrada, los protagonistas no son los criminales, sino los detectives aficionados, un grupo de Facebook creado por varios internautas indignados por un vídeo (después vendrían más) en el que un hombre asfixia a dos gatos.

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A lo largo de tres episodios, dos integrantes de ese grupo (que usaban los alías Baudi Moovan y John Green y residen cada uno en una ciudad de EE UU) cuentan cómo durante un par de años fueron siguiendo las pistas, nuevos vídeos de torturas animales y amenazas recibidas por el misterioso hombre al que rastreaban hasta que finalmente, como ellos habían adivinado que sucedería, éste asesina una persona, a un estudiante chino llamado Jun Lin.

¿Suena heroico? Deberías ver el documental. Por el camino, un potencial sospechoso (al que el grupo de Facebook había acosado online) se suicida y continuamente planea sobre los entrevistados la duda de hasta qué punto la atención que prestaron al verdadero culpable (un tal Luka Magnotta, un aspirante a modelo y celebridad que había intentado salir en televisión en varias ocasiones y que había creado varias cuentas en Internet de supuestos fans de sus persona) fue lo que le decidió dar un paso más y convertirse en asesino.

El ego de Magnotta fue su perdición: acabó detenido en un cibercafé en Berlín precisamente cuándo se buscaba a sí mismo en Google. Pero en su última intervención, Baudi Moovan se pregunta si ese ego existiría si no lo alimentara la curiosidad morbosa no solo de los internautas que dieron caza a Magnotta, también la de los espectadores. La mujer mira directamente a la cámara y prácticamente te pregunta qué haces viendo esta historia: si un asesino mata solo por atención y se la estamos brindando, hasta qué punto somos inocentes, cuestiona el documental.

La pieza documental 'No te metas con los gatos', de Netflix.  | Netflix

Psicología y 'true crime' 

La psiquiatra Aimee Daramus contaba en Bustle que cuando vemos películas y documentales sobre crímenes reales en el cerebro sucede una explosión bioquímica parecida a la que sucede cuando vemos películas de miedo: adrenalina, una hormona analgésica que nos hace estar alerta en los momentos de tensión; y dopamina y serotonina, las hormonas del bienestar, cuando se resuelven los crímenes. "Nos asusta y es divertido. Es un cóctel adictivo", explica.

Un cóctel más seductor para las mujeres: según un estudio a ellas les atrae más que a ellos el género. ¿Por qué despiertan nuestro interés los asesinos, psicópatas y crímenes macabros? En realidad, y aunque no lo parezca, por miedo. Según explicaba la psiquiatra Christie Tcharkhoutian en elitedaily.com "volvemos a experimentar situaciones muy traumáticas, pero en un entorno seguro".

Según esta doctora, o bien hemos experimentado o hemos escuchado situaciones parecidas que a menudo se quedan sin resolver. “Nuestros cerebros tienen la necesidad de experimentar una resolución y un entendimiento de estas situaciones”. Los documentales y películas nos dan una sensación de control que la realidad a menudo nos niega: vemos circunstancias amenazantes sin correr ningún riesgo y, normalmente, al final se resuelve cada caso, hay una explicación, culpables, justicia… “Psicológicamente nos atrae la narrativa universal del bien contra el mal, lo correcto contra lo incorrecto", explica Tcharkhoutian, "y cuando vemos programas de crímenes reales, experimentamos indirectamente la victoria sobre 'los malos'".

Sin embargo, esa sensación de confort no es necesariamente positiva, denuncia la terapeuta especializada en violaciones y experiencias traumáticas Ashley Stacy. La justicia no trabaja tan eficientemente como estos documentales y películas muestran, no siempre se atrapa al culpable ni se entienden sus motivos. Y no solo en asuntos criminales, sino en nuestro día a día. Y esperar lo contrario genera frustración.

Además, según Stacy, ver estos episodios en pantalla a las víctimas supervivientes (por ejemplo de violaciones) les hace revivir los traumas y al público en general le insensibiliza, por lo tanto recomienda limitar sus consumo. Sobre si ver este tipo de documentales o recreaciones nos incita a recrear esos crímenes, los expertos coinciden en que debería haberse producido un aumento muy considerable como para ser tenido en cuenta, cosa que las autoridades policiales no han constatado. En cualquier caso, todos los psicólogos y psiquiatras aconsejan equilibrar las maratones sobre crímenes reales con otros productos menos oscuros (como comedias románticas), salir a la calle, tener una vida social sana… En definitiva, que los asesinos en serie no te impidan vivir.

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