La periodista Nativel Preciado colabora en TVE, La Sexta y en Infolibre. | VICTORIAIGLESIAS

Nativel Preciado: "Acoso por ser mujer lo hemos vivido todas en mi generación"

Esta brillante periodista, con 40 años de carrera, acaba de recibir el Premio Azorín por su última novela, 'El santuario de los elefantes' (Planeta).

Ester Aguado

Nos saludamos como antiguas compañeras: Nativel escribió durante casi toda su carrera en la revista 'Tiempo', que editaba Grupo Zeta, antes de su cierre, en 2019. Ahora nos da el gusto de leerla en infoLibre y de verla en las tertulias de TVE ('La noche en 24 horas', de Xabier Fortes) y en La Sexta. Y hablamos de África, de periodismo y de mujeres. Toda una #womapower.

¿Cómo nació esta novela, la escribiste en el confinamiento a modo de escape?

Bueno, estaba prevista para antes, las notas y los personajes estaban ya establecidos y el grueso de la novela lo empecé en febrero, pero que el confinamiento me hizo cambiar un poco de rumbo, ya que inevitablemente te dejas influenciar por lo que estás viviendo y me ha salido más africanista, más ambientalista y más animalista... vi tantos documentales sobre elefantes, que se hicieron con su parcela de protagonismo en la historia.

¿'El santuario de los elefantes' nació de una aventura real, eres de las que se ha enamorado de África?

Sí, he viajado al continente, la mayoría de las veces por trabajo. Pero la primera vez que viajé allí fue como turista, a Senegal. Después he ido conociendo otros países del África Subsahariana y del Magreb, como periodista. En Senegal, el carácter de la gente me dejó muy impactada, porque superó todas mis expectativas. De niña, era lectora de muchos libros de aventuras y me fascinaba el personaje de 'Tarzán' -aunque ahora no es políticamente correcto-, así que cuando llegué a Senegal iba con el listón muy alto, pero no me decepcionó en absoluto, superó mis sueños, me pareció un lugar especial.

¿La prosa que empleas en tu novela, tan desnuda de florituras e hipérboles, es marca de la casa?

Sí, primero porque soy periodista, una profesión de la que estoy muy orgullosa y me ha dado tantas satisfacciones que no tengo más que gratitud... y presumo de 'formación profesional', sin la 'de' que le ponen algunos, porque no hay nada mejor que explicar las cosas con claridad para que te entiendan los más y los menos inteligentes, los más y los menos informados... Ese lenguaje que adquirimos con la práctica en la profesión (lead, la claridad, la precisión), en la literatura, sobre todo en este siglo, es fundamental. Siempre he escrito con tanta sobriedad: tratando de ser sencilla y dándole mucha vueltas para dejar mis frases desprovistas de todo tipo de cosas innecesarias.

Es la sexta novela de la periodista, que también ha publicado ocho ensayos.  | Planeta

Me ha llamado la atención el protagonismo de tantas mujeres -algunas buenas; otras, malas- con voz propia. ¿Siempre ha sido así en su trayectoria? ¿Con cuál te identificas más?

Casi siempre han sido protagonistas ella, inevitablemente; tengo alguna -la primera-, que protagoniza un hombre, para tratar de hacer un esfuerzo literario. Esta es una novela muy coral, con mujeres muy diferentes entre sí, sin una protagonista clara. Y por primera vez he escrito un cuento para adultos, una narración desprovista de experiencias personales, no como mis libros anteriores, en los que siempre había elementos que se podían identificar conmigo. Aquí no me siento cercana a ninguna (risas). Adriana, que podría ser la más atractiva, tiene una serie de características con las que no tengo nada que ver: mucho dinero, un pasado difícil, un sometimiento a determinados hombres complejo...

¿Y de las anteriores novelas?

Sí, en 'Llegó el tiempo de las cerezas' (2008) me identifico mucho con Carlota, una mujer que está al borde de llegar a los 60 y tiene una especie de crisis donde va recordando momentos de su vida y quiere retener una joven madurez... Y también, a tramos, con Muriel, la protagonista de 'Canta sólo para mí' (2014), que es una reportera fotográfica que viaja por el mundo. Como dijo Carver, cuando escribimos, estamos muy desperdigados por todos los personajes, no hay uno que sea tu propia vida o tu personalidad sin fisuras... siempre hacemos alquimia y ahí está lo divertido: crear personajes.

¿Alguna vez has tenido que hacer como Julia, esconderse en un papel para lograr información exclusiva?

Rotundamente no (risas). Después de una trayectoria profesional tan larga, he logrado algunas exclusivas, claro, pero sufrir o hacer un sacrificio tan tremendo como el que hace este personaje o como el que yo tenía que hacer al estar con el tipo que más detesto de toda la novela, que es Carlos, creo que no lo haría. Como tampoco sería capaz -lo he pensado muchas veces- de ir detrás de un personaje por la calle, micrófono en mano, aunque estuviera empezando. Creo que me hubiera rendido, no sería capaz de eso.

La escritora, con su reciente Premio Azorín de Novela 2021. | Planeta

En el libro hay una clara lección sobre el respeto a los africanos, aunque vivan en el llamado Tercer Mundo. ¿Esa lección ya la llevaba aprendida o salió de una reflexión a causa de la pandemia?

Esa lección la aprendí cuando descubrí algunos países y a su gente, tan positiva, alegre, acogedora, elegante, nada servil pero que gusta agradar y que disfruta con lo poquísimo que tiene. Ellos están contentos cuando no se mueren de hambre, por alguna enfermedad como el Ébola o les matan en una guerra. Viven muy acorde con la naturaleza.. más allá de que haya gente mala, dictadores y cazadores furtivos. Nosotros la hemos perdido de vista, creemos que está a nuestro servicio y habría que revisar esto porque se está haciendo insostenible.

He visto que en los agradecimientos nombra a Javier Reverte: ¿qué le han aportado sus novelas a su historia?

Pues muchísimo. Era un gran viajero, amigo mío, le presenté una novela hace tiempo. Era inevitable hacerle un homenaje personal porque hablé con él cuando la estaba escribiendo para tratar un tema de derechos de autor, que él peleó tanto y le pedí que, cuando estuviese acabada, la leyera y me la presentara si le gustaba y fíjate qué desgracia, que no pudo ser. Se murió. Él era un gran viajero, un gran narrador y le entusiasmaban algunos países que África que he conocido a través de su mirada muchísimo mejor.

Además del reciente Premio Azorín, también ha sido finalista del Planeta, ha ganado el Lara, el Primavera de Novela... ¿Cuando una se presenta a un premio, tiene claro que puede ganar?

O puede perder (risas). Te presentas con toda la esperanza del mundo. Yo, cuando estaba en el salón de actos, junto a los demás finalistas, estaba convencida de que me lo iba a llevar, pero los demás también. Cuando tienes una larga trayectoria, sabes por dónde van los tiros... 

Nativel acaba de recibir el Premio Azorín 2021, pero también ha logrado el Lara, el Primavera de novela y fue finalista del Planeta. | VICTORIAIGLESIAS

¿Y usted se presenta por prestigio o por dinero?

Es como si te toca un boleto de la Lotería. Yo era muy jugadora y, cuando juegas al póker te diviertes muchísimo... pero si encima ganas, resulta maravilloso. Es un reto, una mezcla de dinero, promoción, apoyo editorial, prestigio... es subir escalones de dos en dos. Con lo dificilísimo que está vender libros y salir adelante, resulta un estímulo esencial: te da seguridad, impulso y entusiasmo. Pero la emoción del día es un chute de energía y eso ya no te lo quita nadie.

Después de 8 ensayos y de 6 novelas,  ¿cómo pasa una de contar la realidad a inventársela, de ser periodista a escritora?

Pues el paso es muy sutil, tenue, porque la diferencia entre la ficción y la realidad es muy tenue, bebes de tus experiencias... Yo me he pasado la vida contando historias en los periódicos que son reales. He escrito muchas crónicas, he sido enviada especial para determinados países... y mis primeros libros eran ensayos periodísticos, una mezcla de realidad y ficción. Decidí dar el paso a la ficción cuando un personaje me contó su vida poco antes de morir y me dejó tan impactada que tuve que contarla, así que mi primera novela también fue muy periodística. No siento que haya cambiado de profesión ni que sea una tránsfuga, ha sido un camino natural. Y esta última es un poco más experimental para mí porque es pura ficción, es un cuento, algo ajeno a mi trayectoria vital. Y ha sido un desafío, con tantos personajes y esa incertidumbre que nos invadió en la pandemia con todo lo que nos rodeaba. Pero ha salido bien.

Después de 40 años como periodista, ¿estamos viviendo los peores años como sociedad, con esa falta de ética, ese enfrentamiento social y político?

Creo que sí, pero es un tiempo de cambio tan violento y tan rápido, al que se le suma el cambio tecnológico, el económico, el publicitario... la nuestra es una profesión especialmente tocada, pero todas lo están y parece que el mundo está yendo a mil y eso nos crea muchas disfunciones, miedos y una gran falta de valores. Lo vimos cuando acabó el confinamiento, que la gente se lanzó a la calle como fieras a la caza de la libertad y la alegría y sin atender a valores como el esfuerzo, la empatía, la solidaridad, el respeto. Estamos todos muy agitados y desorientados. Y en el periodismo pasa lo mismo. Además de dar información, hay que defender los valores democráticos y los objetivos didácticos, sin adoctrinar. Tenemos una responsabilidad más grande que la de dar noticias.

¿Alguna vez lo ha tenido más difícil en su carrera por ser mujer?

Por ser mujer he sufrido lo que todas las mujeres: acoso, yo creo que, de mi generación, ninguna nos hemos librado. Todas mis compañeras de profesión hemos tenido incidentes similares. Todas lo hemos contado al cabo de los años... yo incluso en algún libro. En aquella época, cuando eras jovencilla y vivías en una dictadura, no te atrevías a denunciarlo en una comisaría: o te echaban a patadas o te dejaban dentro... Pero es que no siquiera éramos conscientes de que aquello podía tener algún tipo de penalización, al contrario, la castigadas podíamos ser nosotras. Al margen de eso, como yo empecé con muchas ganas de salir adelante, no me di cuenta de si había o no discriminación: yo lo hice lo mejor que supe y pude e iba como uno de mis elefantes por la redacción, arrasando. Me daba igual que me mirasen peor o mejor. Sí, algún redactor jefe me castigaba mucho: me preguntaba qué me gustaba hacer y me encargaba otra cosa... pero no sé si por ser joven o mujer y audaz. No me he sentido discriminada profesionalmente nunca, pero sí como mujer.