Najat El Hachmi, autora de "El lunes nos querrán" (Premio Nadal 2021). | Cortesía Destino

Najat El Hachmi: "A mi hija nunca nadie la va a someter a las normas que me trasmitieron a mí"

La escritora catalana nacida en Marruecos ganó el Premio Nadal con “El lunes nos querrán”, una novela emotiva y desgarradora sobre dos mujeres jóvenes de origen musulmán en busca de la libertad.

Isabel Loscertales | Woman.es

Najat El Hachmi es una de tantas mujeres de origen musulmán que han crecido en Occidente, con todas las circunstancias que eso conlleva: crecer en el seno de una familia islámica, con multitud de normas indignantes para la mujer, y en medio de una sociedad que reivindica los derechos femeninos y su libertad con cada vez más ahínco. Nacida en Beni Sidel (Marruecos) en 1979, llegó con su familia a Vic (Barcelona), cuando contaba ocho años. 

En la mayoría de sus novelas explora esa condición entre dos mundos, desde su primera “El último patriarca” (Premio Ramon Llull 2008) hasta esta última, “El lunes nos querrán” (Destino), que relata la historia de amistad entre dos adolescentes de familia musulmana y residentes en el extrarradio barcelonés. Confiesa haberlo dado todo con este libro. «Fue un proceso muy duro, tuve que recordar cuestiones dolorosas -nos confiesa-. Siempre me implico mucho en lo que escribo y me pasa de todo durante el proceso, me pongo enferma sin ninguna causa orgánica que lo justifique, por ejemplo.» Ha valido la pena el esfuerzo. La novela, reveladora, emotiva y dolorosa, se ha alzado con uno de los premios más prestigiosos de la literatura española, el Nadal.

¿Cómo nace esta historia de las dos amigas de “El lunes nos querrán”?

Todo lo que yo escribo nace de la observación de lo que pasa a mi alrededor. Durante los últimos años he tenido mucho contacto con mujeres jóvenes muy parecidas a las protagonistas, muchas se han acercado a clubes de lectura, a presentaciones de mis libros anteriores, me han contactado en redes.… Eso me han alimentado muchísimo porque antes solo conocía mi historia y la de algunas amigas de mi entorno más inmediato.

¿Qué inquietudes te trasladan estas chicas?

Se sienten muy a disgusto con todas las normas que les aplican por el hecho de ser mujeres; deben amoldarse continuamente a esa idea de lo que es ser una mujer musulmana. Tienen muchas dudas con la religión, pero salir del Islam es un tema totalmente tabú, incluso las que hemos salido no lo expresamos ante nuestros familiares porque resulta conflictivo. Lo que más me indigna es que ellas sigan bajo esa enorme presión sobre sus cuerpos y sobre su sexualidad: que les sigan pidiendo que lleguen vírgenes al matrimonio y transmitiéndoles la idea de que su único destino en la vida va a ser el matrimonio y la maternidad. 

Qué duro…

Realmente esa adolescencia tendría que ser para disfrutar de un tiempo único de juventud, para descubrir con alegría muchas cuestiones nuevas relacionadas con el gozar del propio cuerpo, con el afecto, con enamorarse, con vivir ese tipo de historias tan apasionantes… Ellas están muy condicionadas por todas esas normas. A mí me da muchísima pena, si volviera atrás en el tiempo me gustaría haberlo vivido como tocaba.

Con más libertad, que es lo que constantemente se reclama en la novela.

Sí, porque realmente tardas muchos años en desaprender toda esa carga. Entre tanto, lo que hay es muchísima culpa: estás transgrediendo esas normas por el simple hecho de ser consciente de tu propio deseo, por ejemplo. Ya no digamos si tienes relaciones… Está el impulso vital de intentar vivir plenamente tu sexualidad y tu afectividad pero, al mismo tiempo, está absolutamente impregnada esa culpa. Jo, si yo pudiera volver atrás y quitarme toda esa culpa. Si pudiera hablarme a mí misma en esa época me diría: todo eso está bien, no hay nada malo en el deseo y en que te relaciones libremente con los hombres. La novela es querer transmitir ese mensaje a las chicas más jóvenes. 

Aunque quien lea el libro enseguida lo entenderá, explícanos qué significa el título: “El lunes nos querrán”.

Es una idea que va repitiendo la narradora continuamente y que tiene que ver con ese esfuerzo constante de querer cambiarse. El fin es encajar dentro de todos los moldes que le proponen, moldes muy contradictorios –la familia le pide que sea de una forma, pero el contexto externo, la sociedad, le pide lo contrario-. Ella interioriza la idea de que si consigue cambiarse y organizarse bien –hacer dieta, hacer ejercicio, aprender inglés, hacer todos los cursillos necesarios para conseguir trabajo…- al final va a conseguir cambiar toda una serie de circunstancias. La realidad le irá desmontando todos esos supuestos.

Portada de "El lunes nos querrán" (Destino), de Najat El Hachmi. | Cortesía Destino

Tú, como tus protagonistas, eres de origen marroquí pero has crecido en Catalunya, así que sabes muy bien de lo que hablas. ¿Cuánto hay de tu vida real en esta novela y, más exactamente, en su narradora?

Hay ese impulso hacia delante, esa necesidad de conquistar la propia vida y la propia libertad. Esa lucha es lo que más comparto con la narradora. También sus contradicciones, pues no es un camino recto, das dos pasos para adelante y otro para atrás. 

¿Se podría decir que tú has podido alcanzar el sueño de la protagonista: vivir con libertad y sin las ataduras musulmanas? ¿Lo has logrado?

Lo he logrado porque vivo en un contexto en la que esa herencia no está presente. Está solo presente en aquellos elementos que yo he decidido. Lo malo de tener que romper y enfrentarte a toda una cultura y una religión es que tienes que renunciar a la parte buena, que también la tiene. Pero te hacen escoger. En el presente no sigo ningún tipo de religión, no soy creyente, no tengo que cumplir con nada en ese sentido. Creo que he "desprogramado" esa educación… aunque siempre queda algo.

Es difícil desaprenderlo todo, ¿verdad?

Lleva tiempo y muchísimo trabajo personal e individual. Es una transformación que en realidad es muy íntima. A veces salen cosas de ese núcleo duro. Sobre todo en momentos de crisis de cualquier tipo, surge cierta inseguridad que tiene que ver con el hecho de haber estado sometida a todo eso. Yo en el momento presente estoy muy feliz de tener la vida que tengo. Y lo más importante de todo es que estoy muy feliz de que mi hija viva una infancia totalmente distinta de la infancia que yo viví.

¿Qué edad tiene tu hija?

Tengo un hijo de 20 años y una niña de 9. A mi hija nunca nadie la va a someter a las normas que me trasmitieron a mí: ella crece con la convicción de que es un ser humano de pleno derecho como cualquier otro. El haber nacido mujer no supone ni ser menos ni tener que conformarse con menos, ni tener que renunciar a nada, ella está viviendo una infancia como tiene que ser, con total libertad e igualdad. Eso es lo que más me satisface y lo que hace que me dé cuenta de que, aunque el camino haya sido durísimo, ha valido la pena. Hay cosas que a lo mejor las hubiera admitido para mí, pero que no las admitiría nunca para mi hija de lo injustas que me parecen. Eso me ha ayudado a afianzarme, a estar más segura del proceso que yo he hecho: ella está viviendo feliz y libre y podrá hacer lo que quiera con su vida.

¿Cómo lleva tu familia que seas tan crítica con el machismo y la falta de libertades musulmanas?

Se han acostumbrado, no les queda otra. Tampoco es algo que hablemos mucho, supongo que mis posicionamientos incomodan, pero es lo que hay (risas).

Han aceptado quererte como eres…

Mmm, bueno, sí.. tengo una familia muy extensa y hay mucha diversidad en sus opiniones. No todo el mundo lo ve de la misma forma. Hay algo que no se visibiliza demasiado y es que dentro de la comunidad musulmana hay muchísimo debate sobre estos temas. Es un debate interno que no se ve porque se produce en las casa y entre las mujeres.

Algo positivo.

Sí, aunque no siempre son opiniones del lado de la igualdad y del feminismo… Esa lucha va a ser muy larga y habrá que aprovechar cada ocasión para desmontar esa educación machista que hemos recibido. Ahí tenemos el ejemplo de lo que ha pasado en la sociedad española, cómo se ha producido ese cambio social.

Lo has dicho muchas veces desde la publicación de tu ensayo "Siempre han hablado por nosotras", pero vamos a ver si queda claro: ¿por qué el feminismo es incompatible con el islamismo? ¿por qué no es posible el llamado feminismo islámico?

Porque el feminismo islámico propone que vayamos al Corán y a los textos sagrados para ver qué derechos tiene y no tiene la mujer. El problema de hacer eso es que el Islam tiene una carga de misoginia innegable, dice que el hombre está por encima de las mujeres porque Dios lo ha establecido. De ahí es imposible desprender una idea de igualdad real. He leído a muchísimas feministas islámicas y veo que su propuesta es suavizar algunas normas, pero no propone un cambio radical que transforme la visión que se tiene de la mujer. 

La mujer musulmana sigue con una libertad limitada por muy feminista que se declare…

Las feministas islámicas creen que la libertad sexual es algo propio de Occidente, que para nosotras no nos es propio… Si no defiendes la libertad sexual, no defiendes la libertad de las mujeres. Si no defiendes el derecho a la herencia, que sigue siendo discriminatoria por ley (una mujer musulmana hereda la mitad que un hombre), o si no pones el foco en la presión sobre el cuerpo de la mujer cuando se la obliga a taparse y se considera que la única mujer decente y respetable es la mujer que se tapa… Si no desmontamos ese núcleo de machismo tan evidente, no estamos hablando de feminismo. Por eso para mí el feminismo islámico no es feminismo, es religión y, en algunos casos, es islamismo. Ahí no habría libertad para todas las personas, ya no hablamos de géneros, si no a la libertad de tener una orientación sexual distinta o la libertad de no ser creyente (en algunos países está penado con cárcel apostatar del Islam). El feminismo de toda la vida nos vale también porque también está defendiendo nuestra igualdad, por qué vamos a inventarnos otro cuando ya tenemos un corpus de pensadoras que nos ha dado muchos instrumentos para desmontar el machismo.

Has tenido que escuchar cosas como que eres racista por opinar que se debe prohibir el velo en los colegios, ¿cómo te sientes ante estos ataques?

Eso es muy divertido, yo he sido víctima del racismo desde siempre. El primer insulto que salía era “mora de mierda, vete a tu país”. Llevo conviviendo con ese racismo toda la vida y esta gente que se erigen como portavoces antirracistas y que creen que tienen la patente están simplificando muchísimo la realidad y eso nos va a ir a la contra a todos. No puede ser: para defender el racismo no puedes negar el machismo. No me sale a cuenta. Yo voy a luchar contra el racismo porque es algo que expresa un rechazo contundente contra las personas musulmanas, pero yo no lo hago porque la religión sea buena. La mayoría de las religiones son desigualitarias para la mujer. Creo que hay que complejizar, que hay que abordar los temas con menos simplificación y menos demagogia.

¿Crees que nos hemos vuelto más tolerantes?

Depende del sector. Tenemos algunos que están expresando más que nunca su racismo y tenemos otras formas de intolerancia en polos opuestos. La repuesta a la ultraderecha no puede ser un discurso radical de defensa del Islam. No creo que seamos más tolerantes, creo que está todo mucho más polarizado.

Uno de los personajes del libro, Javier, muestra desprecio por las mujeres escritoras porque hablan de temas femeninos. ¿Qué les dirías a los hombres que opinan como él?

Es una de las cosas que más me sorprendió cuando aterricé en el mundo literario, descubrir esos prejuicios respecto a lo que escribimos las mujeres, a menudo por parte de personas intelectuales. Les diría que se están perdiendo lo que está creando la mitad de la humanidad, porque la humanidad no es el hombre aunque a veces se lo crean, ya lo dijo Rosa Montero. Si les gusta realmente la literatura no pueden no leer a mujeres porque se están perdiendo aportaciones muy valiosas.

¿Cuáles son tus autoras favoritas?

Soy bastante caótica a la hora de leer. En su momento me impactó Mercè Rodoreda. Carmen Laforet es uno de mis principales referentes, así que entenderás que el Premio Nadal significó muchísimo para mí. Otra de mis referentes es Montserrat Roig, una mujer que nos dio muy buenas novelas pero también muy buenos trabajos periodísticos, con una mirada muy lúcida sobre la realidad. Karmele Jaio que leí el año pasado…También mucha autora extranjera: Zadie Smith, Elizabeth Strout, Edna O’Bryen, Azar Nafisi…