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Mustang: Vírgenes suicidas ante los matrimonios forzosos

El filme que ganó el Goya a Mejor Película Europea es un canto a la libertad de la mujer y, también, una denuncia de los crímenes de honor responsables del asesinato de miles de mujeres cada año en países como Pakistán o Turquía. 

Paka Díaz | Woman.es

En un pueblo en el norte de Turquía, Lale y sus cuatro hermanas regresan de la escuela jugando inocentemente con los niños. Una bellas imágenes las muestran chapoteando por la playa, todos juntos, ellas subidas a hombros de ellos, tirándose agua y riendo. Ese rayo de luz y libertad será el detonante del encierro de las niñas. Sus tíos, responsables de su futuro tras la muerte de sus padres, deciden bloquear cualquier acceso a un mundo donde pueden mancillar su honor y, con él, el de toda la familia. Así comienza ‘Mustang’, el filme de Deniz Gamze Ergüven (1978) que merecidamente se llevó el Goya a Mejor Película Europea en 2016 y que también fue nominado a los pasados Oscar. Una preciosa y dura historia en la que la directora turca pone sobre la mesa el drama de los crímenes de honor. Su guión conmovió incluso a Warren Ellis, de Nick Cave & the Bad Seeds, que ha compuesto su banda sonora. 

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Gamze, que estudió en París, Johannesburgo y Los Angeles, ya dio muestras de su preocupación por los Derechos de la Mujer con su película de graduación, ‘Bir Damla Su’ (Una gota de agua), que fue seleccionada para el  Festival de Cannes y en la que cuenta la historia de una joven turca (interpretado por ella misma) que se rebela contra las actitudes patriarcales y el autoritarismo de los hombres de su comunidad. Con ‘Mustang’ da un paso más en su denuncia de la situación de la mujer y su falta de capacidad de decisión. 

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La directora, que vive en Francia pero viaja con frecuencia a Turquía, se muestra preocupada por el conservadurismo que está ganando terreno en su país. “Cada vez que vuelvo, descubro una nueva forma de constricción a la mujer que me sorprende. Todo lo que tiene que ver con la feminidad se vincula constantemente con la sexualidad y se reduce a ella. Es como si todo lo supone ser una mujer, o incluso una niña, tuviera básicamente una carga sexual. Por ejemplo, hay directores de escuelas que prohíben que los niños y las niñas utilicen las mismas escaleras para llegar a clase. Se añade una enorme carga erótica a las cosas más banales; hasta subir las escaleras se convierte en un problema. Esto demuestra lo absurdo de ese tipo de conservadurismo: todo es sexual. Al final, ellos, tan conservadores, hablan de sexo todo el tiempo”, explica mientras apunta que, al final, y aunque Turquía fue uno de los primeros países en dar a la mujer el derecho a voto, en la década de 1930, ahora parece que quieren reducir su papel en la sociedad al trabajo doméstico y el cuidado de niños y mayores. Por eso decidió hacer una película que hablara de lo que “se siente al ser una niña y una mujer en la actual Turquía, donde su condición es más que nunca una cuestión pública importante. Ahora tenemos que defender derechos básicos como el aborto. Es triste”

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Aunque la historia de las cinco hermanas y la bella fotografía de Mustang puedan recordar en parte a ‘Las vírgenes suicidas’, de Sofia Coppola, Deniz Gamze sin embargo apunta que sus influencias proceden de otra película radicalmente opuesta: Saló o los 120 días de Sodoma, Pier Paolo Pasolini y se inspiró en la forma algo sórdida en la que el director italiano contaba cómo se instala en fascismo en la sociedad. La película es como un cuento, tan divertido y bonito, como triste. Al final, vence la esperanza y la solidaridad entre mujeres, pero tras pagar un precio muy alto. La escena de las niñas subidas a los hombros de otros niños procede de la infancia de ella propia Deniz, que fue duramente reprendida por ello. “No fui capaz de reaccionar. Bajé la cabeza de vergüenza. Y pasaron años antes de que pudiera siquiera protestar. Por eso he querido que mis personajes fueran heroínas”, afirma. 

Otra película sobre los crímenes de honor dio la campanada en los pasados Oscar al llevarse el premio a Mejor Cortometraje Documental: ‘A Girl in the River: The Price of Forgiveness’ (Una chica en el río: El precio del perdón). Su directora, Sharmeen Obaid-Chinoy se ha convertido en la primera pakistaní en conseguir la preciada estatuilla por segunda vez ya que anteriormente lo ganó con Daniel Junge por ‘Saving Face’, un documental sobre los ataques con ácido contra mujeres en Pakistán. ‘A Girl in the River: The Price of Forgiveness’ cuenta la historia de una joven de 19 años llamada Saba Qaiser, que sobrevivió al ataque de su padre y su tío cuando intentaron asesinarla porque consideraban que había mancillado el honor de la familia porque deseaba casarse por amor con un joven que no convencía a su familia. Le dieron una paliza y luego le dispararon con un arma de fuego. Tras meterla en una bolsa de plástico y pensando que estaba muerta, la tiraron a un río. Saba sobrevivió pero una enorme cicatriz en su rostro le recuerda cada día que su padre y su tío la quisieron matar. Además del dolor emocional, carga con el estigma social de haber ofendido a su familia. Saba fue obligada a perdonar a sus familiares, que no han sido condenados por su intento de asesinato, algo que la ley pakistaní permite. Una campaña auspiciada por Equality Now pide reformar las leyes para evitar y castigar los crímenes de honor como el que estuvo a punto de acabar con Saba y que, cada año, se calcula que siegan la vida de miles de mujeres. Delitos silenciados que protegen la misma sociedad y unas leyes injustas. 

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