El escritor Máxim Huerta, en la Provenza francesa, donde escribió su octava novela. | Planeta

Máximo Huerta: "Me daría pena no haber gastado la vida"

El escritor publica su octava novela ('Con el amor bastaba', Planeta) y confiesa que no se arrepiente de haber sido el Ministro de Cultura más breve de la historia.

Ester Aguado|Woman.es

Es un tipo encantador, educadísimo y muy culto... eso se nota porque lo mismo te cita a Luis Eduardo Aute que a Ana María Matute, así, de paso, como si nada. Confiesa que él sólo se pone serio si le preguntan de política y es que hoy, como acaba de publicar nuevo trabajo, hay mucho periodista preguntando por Vox. "Mejor hablar de atardeceres, de playas, de pintura... cualquier cosa que sea evasión. Yo, lo que quiero ahora es escaparme. Mira, la próxima casa que me compre será con balcón, porque estoy harto de estar confinado yo solo y salir todas las tardes a una mísera ventana", confiesa.

Escritor, periodista, presentador, ex Ministro de Cultura (2018)... ¿cuál es la faceta que más te llena?

La de escritor: disfruto escribiendo porque amo leer... y, cuando escribo, creo el mundo, los personajes, me los invento, juego con ellos, los visto, les hago casas, les construyo una vida... es como jugar a los muñecos (risas). Al mismo tiempo, una novela es un refugio: cuando empiezo a escribir, me empadrono en la historia y me quedo a vivir ahí durante todo ese tiempo. 'Con el amor bastaba' han sido dos años viviendo en un lugar de felicidad.

También eres una persona muy social, ¿disfrutas tu lado comunicador?

Sí, mucho, pero las circunstancias son distintas porque ya deciden los demás: la actualidad, el invitado, el tiempo que tienes o el medio en el que estás. En cambio, en la literatura tú mandas: el mundo te lo construyes tú, para ti y para el lector.

¿Te gustaría olvidar alguna faceta, como la de haber sido Ministro de Cultura?

No. Al contrario: nuestro paso por el mundo es limitado, es muy cortito y un escritor tiene que aprovechar todas sus experiencias. A mí, como dice Viviana Fernández, me da mucha pena la gente que se va del mundo sin haber gastado la vida. La vida hay que gastarla y que, cuando te vayas, le dé pena hasta al enterrador. Yo no me arrepiento de ningún error, de ningún acierto... de nada. El secreto de ir siempre adelante es empezar. Yo no quiero olvidar, al menos sobre esto.

¿Y qué está pasando en TVE, que han empezado a despedir a todo el mundo? Ahora acaban de cancelar tu programa, 'A partir de hoy' (La 1), ¿tienes plan B?

Pues no lo entiendo, me ha dejado patidifuso. La verdad que ha supuesto un gran disgusto, porque estábamos convencidos de que el programa volvería tras el confinamiento. Nos dijeron que paralizaban 'A partir de hoy' -que tenía buenos índices de audiencia- porque querían programar un espacio de actualidad para hablar del Coronavirus... nos fuimos con el ERTE y no hemos regresado. No ha sido nada elegante, pero ellos se lo pierden. Mi plan A, más que B, sigue siendo la literatura, pero desde hace un montón de años -2009-, y en las pausas hago programas que me gustan y me emocionan. Me encanta la televisión, llevo presentando programas 23 años y lo he disfrutado mucho, pero mi plan principal es la literatura.

La nueva novela del periodista valenciano. | Planeta

Esta nueva novela tiene frases muy inspiradoras... ¿ha sido algo buscado o inconsciente?

Ha sido algo meditado. Esta novela es una fábula, que habla de la necesidad de ser feliz, de la vida y de la importancia de ser nosotros mismos. Es un paréntesis de felicidad. Y quería que fuera una novela oral, escrita para que alguien te la lea. Yo creo mucho en las leyendas y en las historias que nos han contado los abuelos, las rondallas que se han transmitido de generación en generación... El lenguaje oral es muy importante, porque se queda en la memoria y se transmite con cariño... Ha estado en las canciones, en los refranes y yo quería que esta novela tuviera esa musicalidad.

Una de esas frases es: "Uno puede ser lo que quiera, pero no escapa de los genes"... ¿qué has heredado tú de los tuyos?

De mi padre, la prudencia en cuanto al gasto y la terquedad. De mi madre, el amor hacia la pintura, hacia la literatura y al silencio. Yo utilizo muchas frases de ella en mis novelas, como "de casa hay que salir llorado". Yo soy una mezcla genética de dos personas muy, muy diferentes, que no tienen nada que ver y esa explosión soy yo. De un padre que quería que hiciera mecanografía y medicina a una madre que prefería las Bellas Artes y la comunicación... Así soy yo.

También citas en tu libro a Virginia Woolf: "No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie, salvo uno mismo". ¿Tú lo has logrado?

Sí y eso te lo da la tranquilidad de la edad. Hay un momento en el que tienes prisa y quieres imitar a tus referentes o quieres ser lo que esperan de ti, en lugar de lo que tú esperas de ti mismo. Por eso, en esta novela, reivindico el valor de la diferencia, frente a lo que los demás llaman la 'normalidad'. Porque yo creo que todos somos especiales, todos somos únicos y todos somos raros, como dice Arístides, el hermano de Elio, el protagonista. Y todos necesitamos amor. Reivindico el valor de la diferencia y de ser uno mismo: cuesta mucho quitarse mochilas, quitarse prejuicios y disfrutarse. En lugar de ocultar particularidades desde niños -vistiendo como los demás, perteneciendo a una pandilla...-, deberíamos potenciar nuestras diferencias, que es donde está la magia.

¿Pero tú sientes la necesidad de brillar, de que te recuerden, de destacar?

Pues no me lo había planteado nunca. Yo no he venido a pasar a la historia, si no a disfrutar de esta historia, de lo que dure mi cuento. Y a intentar que los disgustos sean más pequeños, sin duelos largos ni dramas que se alarguen, porque no vale la pena, hay que hacerse la vida fácil. Lo de brillar... sucede o no y lo deciden los demás. En la mirada de los demás está el éxito o el fracaso, creo.

¿Cómo es el verdadero Máximo?

¡Jo, qué difícil definirse! Pero hay un peso importante en el porcentaje total de melancolía, pero no desde la tristeza, si no desde una media sonrisa. Como el futuro no existe, no pienso nada en él, el presente es muy incierto y el pasado es lo que habla más de cada uno. Desde niño siempre he tenido tendencia a la melancolía... Siempre he sido un tipo -hijo único- muy tranquilo, muy inquieto para hacer cosas, muy soñador, muy arriesgado -a veces, demasiado-, pero siempre me he quedado en casa, escribiendo, pintando, leyendo, poco deportista, con mezcla rural y cosmopolita, porque disfruto del pueblo y de la tranquilidad y de la belleza de las pequeñas cosas, pero al mismo tiempo muero por París o por Nueva York. Esa dualidad sí la tengo.

El escritor Máximo Huerta, como su protagonista, siempre quiso volar. | Greg Sebastian

¿Algún parecido con Elio, el protagonista de 'Con el amor bastaba'?

No lo sé, quizás esa necesidad de volar... Ha sido un sueño recurrente desde pequeño. Siente he tenido esas ganas de libertad personal y profesional. Pero lo que sí me gustaría es tener el hermano que tiene. La ficción me sirve para construir el mundo que me hubiera gustado tener y siempre he echado de menos un hermano, alguien con quien reñir, a quien ignorar, pero que al mismo tiempo sea tu gran defensor. Siempre me han llamado mucho la atención la relaciones fraternales, con envidia. De hecho, en todas mis novelas, los protagonistas tienen hermanos... ahí está una de mis carencias y hago como decía Ana María Matute: "Hay que inventar la vida, porque acaba siendo verdad". No puedo estar más de acuerdo. La ficción es evasión y ahora más que nunca.

¿La pandemia nos ha cambiado... o sólo a los que estaban predispuestos a ello?

Yo creo que no nos va a cambiar nada... quizás vamos a hablar más. Durante todo este tiempo, cada uno a su manera, con sus circunstancias, ha tenido más ganas de hablar con sus amigos, con su madre, con sus colegas de curro... la comunicación ha sido muy importante. ¡Cuántas videollamadas! Ha habido menos emoticonos y más palabras. Pero yo creo que no nos va a cambiar nada, porque el ser humano es un superviviente que necesita olvidar, tanto las pérdidas como los malos momentos.

Parece que le movimiento #meToo ha cogido carrerilla en la sociedad, ¿ha podido eclipsar al colectivo LGTBI?

No me lo había planteado, pero yo creo que ambos son movimientos muy poderosos que no se estorban. Ahora le ha tocado al feminismo cambiar las placas tectónicas, pero al final ambos luchan por lo mismo: la libertad y la igualdad de los seres humanos más desfavorecidos.

¿Con cuál hijo te quedarías, de todos tus libros?

Con éste, porque pertenece a un tiempo importante de mi vida. Es un libro que he escrito en un periodo de entreguerras: mi guerra personal después de la dimisión como Ministro y construir esta novela ha sido luz, necesidad de felicidad, un soplo de vida, una forma de reivindicarse a uno mismo -que es lo que deberíamos hacer todos-. Por eso se va a quedar en mi biblioteca en un lugar mucho más importante que "Una tienda en París" (2012) o que "La noche soñada" (2014), que fue Premio Primavera de Novela. Éste libro marca un antes y un después.

¿La escritura te salvó después del terremoto de la política?

Mucho, mucho, mucho. La lectura te sirve para huir, para escapar, para viajar... pero en la escritura te construyes a tí mismo y a tu vida. Y, mientras escribes, vives ahí dentro. La creación de "Con el amor bastaba" ha sido fundamental para curar heridas. Estoy tan feliz con esta novela... Yo ya tenía la idea de hablar del pasado, de una familia muy particular, del sueño de volar y cuando dimití, cogí el coche y me fui a una casita que alquilé en la Provenza y al llegar me dije: "¿Perdona? Esto es el Imperio de los sentidos" (risas). La novela se ha quedado con todos esos aromas, esos colores, esa magia... La he disfrutado mucho.

Y vas a seguir en ello...

En el confinamiento, como vivo solo, he estado escribiendo una barbaridad. Ya vereis, ya.