Retrato de Marta Orriols, autora de "Dulce introducción al caos" (Lumen). | Ariadna Arnés

Marta Orriols: «En pareja, respetar la decisión de la mujer para interrumpir su embarazo es una muestra de amor y empatía»

La autora catalana abre la reflexión en su última novela "Dulce introducción al caos": ¿qué hacer si una pareja se queda embarazada y uno lo quiere tener y el otro no?

Isabel Loscertales

Debutó con "Anatomía de las distancias cortas" y fue con su segunda novela, "Aprender a hablar con las plantas", cuando Marta Orriols (Sabadell, 1975) se consagró como un nombre imprescindible en la literatura catalana. En su último trabajo, "Dulce introducción al caos" (Lumen), toma el título de una canción de Extremoduro para relatar el conflicto entre una joven pareja de Barcelona, Marta y Dani. Cuando llevan poco tiempo juntos, descubren que están esperando un hijo. Dani, huérfano de padre, desea tenerlo. Marta, deseosa de cumplir su sueño de ser fotógrafa artística, siente que no es el momento. ¿Qué hacer en un conflicto así? Con una narración cercana, intimista y sugerente, aborda un conflicto que invita a hacernos reflexionar.

En “Dulce introducción al caos” una pareja se enfrenta a la decisión de abortar o de tener un bebé que trastocará su vida y las ambiciones laborales de ella, ¿es hora de plantarse y aclarar que la conciliación es una quimera?

¡No debería ser una quimera! La conciliación debería ser una estrategia política más en un Estado de bienestar. Si no se atribuyera tanta importancia al mercado privado y los servicios no estuvieran tan mercantilizados, las ayudas públicas no serían tan residuales. En todos los países avanzados, con la emergencia de parejas con dos sueldos, las necesidades de conciliar el trabajo familiar con el empleo van aumentando cada vez más. El estado debería transferir ayudas más generosas para el cuidado infantil, extenderlas durante más tiempo para que se pueda fomentar la progresiva empleabilidad de los padres durante el primer año. Las semanas de baja por maternidad deberían extenderse y pagarse mejor. El padre debería poder optar a una baja más generosa. La subvención pública para el acceso a centros preescolares debería extenderse también, y un largo ecétera basado en políticas reales. Quiero decir que, estrategias hay, lo que falta es dinero y sobretodo determinación política.

Cuando estás en pareja, ¿la decisión de abortar sigue siendo exclusiva de la mujer?

Es un tema delicado y todo aquello sentencioso sería incendiario por mi parte, sin embargo, tal y como refleja la novela, yo creo que la mujer debe ser honesta consigo misma y tomar la decisión correcta según sus propias convicciones. No debe dejarse influir por los sentimientos de la pareja, por muy nobles que sean. Es un proceso emocionalmente doloroso si los deseos son contrarios, pero respetar la decisión de la mujer y dejarla ejercer con libertad el derecho fundamental sobre la autonomía de su cuerpo, me parece una forma digna de mostrar amor y empatía. No hay aciertos finales en estos temas, pero si con el tiempo nos damos cuenta de que fue un error tener o no tener ese hijo, siempre es deseable no tener que culpar al otro.

Portada de "Dulce introducción al caos", de Marta Orriols. | Cortesía Lumen

Es muy significativo cuándo él, Dani, pretende seguir viajando y cumpliendo con su trabajo a pesar de la posibilidad de tener un bebé. Al final, por mucha igualdad de género que reclamemos, se nos acaba asignando a nosotras una mayor responsabilidad con nuestros hijos,  ¿cómo acabar con eso?

Los hombres no están acostumbrados a que se les penalice su vida laboral por el hecho de tener hijos; no se debería penalizar a nadie de hecho, ni a hombres ni a mujeres. Acabar con eso pasa sobretodo por una profunda reforma de las políticas de conciliación. Tienen que ser reales. Pasa también por equilibrar sueldos entre géneros. Todo esto es lento y complejo, pero no imposible. Mientras las altas esferas hacen y deshacen, podemos ir estimulando la igualdad de género desde abajo y hacer ese trabajo de hormiguita basado en el exterminio de tópicos como el de que los hijos son una extensión únicamente de la mujer.

En nuestra sociedad hay un número creciente de mujeres que no quieren ser madres y/o que tienen serias dudas, ¿estamos perdiendo nuestro instinto maternal? ¿hemos abierto los ojos ante una presión social? ¿a qué crees que es debido?

De entrada creo que se debe a algo mucho más objetivo que subjetivo: es el resultado de lo que empezó décadas atrás con la incorporación de la mujer al mundo laboral. Primero nos tocó demostrar que podíamos con todo: trabajo, hijos y una sonrisa, y ahora nos sentimos con el derecho a perder esa sonrisa. La maternidad nos limita laboral y personalmente porque todavía no estamos en igualdad de condiciones con el hombre, y porque, debido a nuestra biología, físicamente tenemos que parar unos meses. Si el estado respondiera de otra forma a ese parón, si los empresarios no penalizaran a sus trabajadoras por una pausa absolutamente necesaria, seguramente la tasa de natalidad en nuestro país no sería una de las más bajas de Europa. Por otro lado, emocionalmente  creo que lo del instinto maternal es casi una trampa psíquica. Lo que pasa realmente es que las mujeres ejercen finalmente sus derechos y libertades, y como consecuencia, vemos un panorama mucho más variado en cuanto a expectativas vitales. Pero ojalá solo fuese esta última la razón del cambio; por desgracia, aquí creo que toca añadir también que el precio inaccesible de la vivienda, la inestabilidad económica, los contratos y los sueldos precarios, acaban por modificar el deseo de muchísimas mujeres.

¿Quiénes son tus escritoras de referencia?

Alice Munro, Mercè Rodoreda, Jenny Offill, Marguerite Duras, Maggie O’Farrell, Irene Solà, Brigitte Giraud, Sara Mesa…no acabaría nunca.