María Fernández-Miranda, autora de "El verano que volvimos a Alegranza" (Plaza & Janés). | Antonio Terrón

María Fernández-Miranda: «Casi nunca se menciona el poder que tiene el perfume para definir nuestra personalidad»

En "El verano que volvimos a Alegranza" (P&J), la periodista María Fernández-Miranda nos seduce con una protagonista en plena crisis existencial. Su objetivo: encontrar el perfume que la defina. «Tanto las crisis personales como las colectivas en cierto modo son necesarias», opina la autora.

Isabel Loscertales

La periodista María Fernández-Miranda, que dio que hablar con su ensayo "No madres. Mujeres sin hijos contra los tópicos", debuta en la novela con una historia sobre secretos de familia, crisis personales y perfumes: "El verano que volvimos de Alegranza" (Plaza & Janés). 

Qué te movió a escribir esta novela?  ¿Cuál fue el primer impulso que te hizo explicar precisamente esta historia?

Después de publicar “No madres”, un ensayo sobre las mujeres sin hijos que tuvo mucha repercusión mediática, sentía la necesidad de refugiarme en la ficción, de dejar de hablar de mí misma para habitar un mundo imaginario. Durante mucho tiempo no supe hacia dónde me llevaría esta historia, que se fue desarrollando poco a poco en mi cabeza. El confinamiento del año pasado me permitió al fin plasmarlo todo en el papel.

La novela tiene un arranque poderoso, con una tía de la protagonista asesinando a su propia hermana. ¿Es un ejemplo -quizás extremo- de en qué pueden desembocar los secretos de familia?

Todo en la novela es extremo. La trama, los personajes… todo tiene un punto de realismo mágico, de exageración. Aunque sí creo que los secretos familiares pueden marcar nuestra existencia mucho más de lo que pensamos.

¿Los miedos se heredan?

Probablemente. Los padres tienden a trasladar sus propios miedos a sus hijos, aunque sea de manera inconsciente. En el caso de mi protagonista, ella teme haber heredado un supuesto gen de la locura.

Portada "El verano que volvimos a Alegranza", de María Fernández-Miranda. | Plaza & Janés

La protagonista, Leandra, es una periodista de belleza de 35 años que está en medio de una crisis existencial. ¿Piensas que, en el fondo, son positivas este tipo de crisis?

Sí, creo que tanto las crisis personales como las colectivas en cierto modo son necesarias, porque nos obligan a replantearnos todo, a mirar las cosas con distancia. El ejemplo más obvio de ello es lo que nos acaba de suceder a raíz de la pandemia. No estoy segura de que nos haya hecho mejores, como algunos proclamaban, pero sí que nos ha empujado a ver nuestras propias vergüenzas.

“El perfume saca a la luz nuestra esencia más profunda”, se dice en la novela. ¿De verdad crees que el perfume que escogemos dice tanto de nuestra personalidad?

A menudo se señala que nuestra manera de vestir refleja nuestra forma de ser, lo cual me parece muy cierto, pero casi nunca se menciona el poder que también tiene el perfume para definir nuestra personalidad. No es lo mismo elegir cítricos, un tipo de ingrediente que contenta a todo el mundo, que perfumarse cada mañana con una fragancia especiada de esas que hacen que la gente no quiera compartir ascensor contigo... A mí me encanta regalar perfumes y me lo tomo como un juego para comprobar si conozco realmente a la persona a la que se lo estoy regalando. La verdad es que no siempre acierto...

De hecho, el reto de Leandra es crear un perfume que le ayude a definirse a sí misma. ¿Cómo sería tu propio perfume?

Uf, ni idea. Yo cambio de perfume dependiendo de la época, de mi estado de ánimo e incluso de la hora del día; tengo decenas de frascos repartidos por toda mi casa… ¡Igual lo que mis perfumes dicen de mí es que estoy un poco desquiciada!

Jean-Luc Peltier es un perfumista imaginario al que entrevista Leandra, pero es una mezcla de muchos perfumistas que tú has conocido a lo largo de tu profesión. ¿Quién te ha marcado especialmente y por qué?

He aprendido mucho de todos los narices a los que he entrevistado, pero si tuviera que elegir a uno tal vez sería Jean-Claude Ellena, un gran artista que se comporta con mucha humildad. Él fue durante muchos años el perfumista de cabecera de Hermès; yo le conocí en 2007, cuando presentó Kelly Calèche en París. Y hace poco creó para Frederic Malle una fragancia llamada Rose&Cuir que me parece una maravilla.

El otro personaje de la novela es Asturias, ¿qué simboliza Asturias y qué simboliza la casa que da nombre a la novela, Alegranza?

En el libro aparecen reflejados tres escenarios: Madrid, que simboliza el presente; Asturias, que es el pasado, la infancia; y París, que viene a representar el futuro, es una ciudad que te permite llegar a ser una persona diferente a la que eres. En cuanto a la casa, Alegranza, es un lugar inventado que toma su nombre de un islote canario. Para entender la razón… ¡hay que leer la novela!